Chaccu
captura de vicuñas
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Descripción
Las vicuñas suelen vivir en las alturas andinas, tanto en la precordillera como en la puna o páramo. Dada la gran altitud geográfica de estos pisos ecológicos su captura demanda gran esfuerzo físico, teniendo en cuenta que además son muy ágiles y elusivas.
En la actualidad chaku consiste en el apresamiento de las vicuñas con el objetivo de tenerlas algunas horas en cautiverio para esquilarlas, contarlas, y también para tratarlas contra la sarna sarcóptica.[2] De esta manera se aprovecha su fibra para cubrir los gastos de su protección y además se asegura la sostenibilidad de las poblaciones que hasta hace algunos años se encontraban en peligro de extinción.[3]
Para lograr esto, un grupo de personas caminan en filas con sogas en las que se atan cintas de colores, arreando a las vicuñas y al acercarse a la trampa en V o en forma de embudo se toman de las manos, formando un cerco humano; y en un lento caminar las encierren en un corral ubicado al final del embudo. Luego de obtener la fibra, contar y tratar a los animales, estos son liberados.
Historia

El chaccu es un legado de los antiguos habitantes de las tierras altas de los Andes, muy posiblemente de una data anterior a los incas.[4] Según algunas referencias de cronistas coloniales, durante el incanato el Inca ordenaba la realización anual de los chaccus o cazas reales.[5] Se reunían entonces varios ayllus con el fin de coordinar la actividad. Luego realizaban una ceremonia religiosa en la que hacían pagos a la tierra y, finalmente, ejecutaban el arreo de los animales, evitando dañarlos, pues además eran considerados sagrados. Las prendas confeccionadas de la fibra de la vicuña solamente las usaban el Inca y su corte.[6]
En la época de la conquista española se llevó a cabo una matanza indiscriminada de estos animales para obtener sus cueros y exportarlos al continente europeo. Al mismo tiempo los saberes de los pobladores eran ignorados. Actualmente la vicuña fue recuperada, y su fibra vuelve a ser utilizada.[1]
Actualidad
Esta forma ancestral de manejo se sigue realizando en los Andes de Argentina, Bolivia y Perú. En este último país destacan aquellos festivales del chaku celebrados en los departamentos de Huancavelica, Ayacucho, Puno, Apurímac, Cusco y Arequipa, en los que las comunidades campesinas tienen un comité de la vicuña integrado por los propios comuneros, quienes cada año realizan la captura de vicuñas en coordinación con el CONACS (Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos).[6]
El proceso de la captura y esquila de vicuñas mediante el chaku beneficia a las familias campesinas y a las propias vicuñas. Las primeras se benefician de un ingreso adicional, que se suele usar en inversiones de beneficio común. Las vicuñas son a su vez protegidas de los cazadores furtivos, sea por la vigilancia que las comunidades organizan como porque una vez esquiladas carecen de interés comercial. Para asegurar la supervivencia de la vicuña es importante conservar los suelos, los pastos naturales y, en general, los ecosistemas de la punas en los Andes.[6]
El chaccu de la vicuña es una festividad ritual que se realiza cada año en la Reserva Nacional de Pampa Galeras, en la provincia de Lucanas, Ayacucho.
En la comunidad de Alto Perú (distrito de Palca) se realiza el "Festival del Chaccu de Vicuña". Con esta actividad se busca promocionar como una experiencia turística vivencial da origen a la tradición de la producción de fibra de vicuña.[7][8]
En la Argentina, su lana vuelve a ser valorizada. Biólogos, arqueólogos, agrónomos y veterinarios trabajan en conjunto con la comunidad de Santa Catalina, provincia de Jujuy, para realizar un uso sustentable de la vicuña, a través de la revalorización del chaku. Se realizan talleres en las escuelas y charlas abiertas con el objetivo de capacitar a los pobladores en la captura de los camélidos y en la conservación de los ambientes andinos, mientras que ellos aportan a los investigadores su saber ancestral sobre las vicuñas .[1]
