Choque hemorrágico
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El choque hemorrágico es un tipo de choque hipovolémico que se produce debido a la pérdida de sangre.[2] Los primeros síntomas pueden incluir frecuencia cardíaca rápida y estrechamiento de la tensión diferencial.[1][2] Con una mayor pérdida de sangre pueden aparecer ansiedad, brazos y piernas fríos, pérdida del conocimiento e hipotensión.[1] Las complicaciones pueden incluir hipotermia, problemas de coagulación sanguínea y síndrome de disfunción multiorgánica.[4]
| Choque hemorrágico | ||
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Video explicativo de choque (disponible en inglés) | ||
| Especialidad | Medicina de urgencias | |
| Síntomas | frecuencia cardíaca rápida, estrechamiento de la tensión diferencia, ansiedad, brazos y piernas fríos, pérdida del conocimiento, hipotensión[1][2] | |
| Causas | Traumatismo, hemorragia gastrointestinal, parto, embarazo ectópico, problemas subyacentes en los vasos sanguíneos[2][3] | |
| Diagnóstico | Se basa en la exploración física y las imágenes médicas[2] | |
| Diagnóstico diferencial | Otros tipos de choque circulatorio[1] | |
| Tratamiento | Presión directa, uso del torniquete, ácido tranexámico, hemoderivado, control de la temperatura, cirugía[1][2] | |
| Pronóstico | Variable[2] | |
| Frecuencia | Relativamente común[3] | |
La causa de la pérdida de sangre puede incluir traumatismo, sangrado gastrointestinal, parto, embarazo ectópico y problemas subyacentes en los vasos sanguíneos.[2][3] El sangrado puede ocurrir dentro del cuerpo o externamente.[2] Puede producirse una pérdida de sangre importante en el abdomen, el pecho y el retroperitoneo.[2] El mecanismo subyacente implica un flujo sanguíneo insuficiente a los tejidos corporales.[1] Un índice de choque (frecuencia cardíaca/presión arterial sistólica) mayor que 1 puede indicar la probabilidad de necesitar transfusiones de sangre.[1] La ecografía, en el servicio de urgencias, puede ser útil para determinar la ubicación de la pérdida de sangre.[2]
El manejo inicial se basa en Apoyo Vital Avanzado en Trauma (ATLS).[1] El tratamiento primario es detener la fuente del sangrado.[2] Esto puede incluir hacer presión directa o hacer un torniquete.[1] Otras medidas pueden incluir la administración de ácido tranexámico, hemoderivado y el control de la temperatura.[1] En aquellos pacientes que no han sufrido una lesión en la cabeza, se puede permitir que la presión arterial permanezca relativamente baja hasta que se pueda realizar la cirugía.[2] El choque hemorrágico es relativamente común.[3] Aproximadamente la mitad de las muertes por traumatismos se deben a hemorragias, y estas siguen siendo la principal causa prevenible de muerte relacionada con traumatismos.[2][1] El riesgo de muerte o de malos resultados es alto.[1]