Se llegaba a él atravesando el muro de piedra que rodeaba el camino a Minas Morgul y siguiendo un sendero que se abría al sureste por un desfiladero que contorneaba una colina, hasta llegar a una angosta abertura de esa colina.
Allí comenzaba la «escalera recta», que era casi vertical y que subía entre paredes de rocas. Los escalones eran estrechos y desiguales y estaban gastados o rotos. Al final de esta se abría un pasadizo largo, de muchas millas y de pendiente más suave, que transitaba entre dos enormes muros naturales de piedra de la montaña; al pasadizo le seguía una cornisa ancha, en la que había a la izquierda un abismo y a la derecha una alta pared; al final se abría otra escalera.
Una sinuosa y zigzagueante escalera trepaba sin la protección de un muro de piedra natural del lado derecho, por lo que un enorme precipicio se veía de ese lado, más profundo aún mientras más se subía. Al final de esta, una larga hondonada se abría hacia el Este, rodeada de altos pilares de piedra tallados por la erosión, que desembocaba en las puertas mismas de la Torre de los Orcos.
El desfiladero ascendía por una garganta profunda y angosta, rodeada de paredes de piedra naturales por un lado y por la Torre por el otro, mediante una serie de escalones tallados, anchos y bajos. Traspuestos estos, el Desfiladero se angostaba hasta transformarse en una hendidura en la pared de la montaña. El sendero seguía hacia el este, descendiendo por una garganta abrupta que desembocaba en la encrucijada con el camino a Morgul. Más allá un puente unía la salida del desfiladero con las crestas del Morgai.