Conjuración de Venecia

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La conjuración de Venecia de 1618 fue una confusa intriga diplomática entre la Monarquía Hispánica de Felipe III y la Serenísima República de Venecia, que condujo a una violenta revuelta contra los extranjeros al descubrirse (19 de mayo). Las fuentes italianas la denominan conjuración o conjura de Bedmar, nombre del embajador español.[1] También se la conoce como Conspiración española.[2]

Fecha 18 de mayo de 1618
Participante Jacques Pierre y Nicolas Regnault
Motivación Complot contra la República de Venecia
Datos rápidos Fecha, Inductor ...
Conjuración de Venecia

Fecha 18 de mayo de 1618
Inductor Pedro Téllez-Girón y Velasco, duque de Osuna; Alonso II de la Cueva y Benavides, marqués de Bedmar
Participante Jacques Pierre y Nicolas Regnault
Motivación Complot contra la República de Venecia
Condenado Jacques Pierre y Nicolas Regnault
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Historia

Según las fuentes venecianas, el origen sería un complot de las autoridades de los dominios españoles en Italia: el virrey de Nápoles (el duque de Osuna, asistido por Francisco de Quevedo),[3] el gobernador de Milán (el marqués de Villafranca) y el embajador español ante la República (el marqués de Bedmar), que habrían manipulado a un grupo de mercenarios franceses asentados en Venecia (algunos de ellos hugonotes, de religión protestante) para provocar una situación que permitiera la intervención militar de la flota española presente en el Adriático, que acababa de vencer a la veneciana en la batalla de Ragusa. Los franceses terminaron asesinados en los tumultos o ejecutados judicialmente.[4]

La conjura fue revelada a las autoridades venecianas por uno de los participantes, Balthasar Juven, sobrino del mariscal Lesdiguières, un joven hugonote resentido con la Monarquía Hispánica por su defensa del catolicismo. Juven denunció a los dos cabecillas supuestamente a sueldo de Osuna y Bedmar, Jacques Pierre y Nicolas Regnault, quienes tras ser apresados confesaron su participación. Según las averiguaciones, el virrey y el embajador españoles querían destruir el poder marítimo veneciano en el Mediterráneo, si bien Osuna podría albergar una intención aún más profunda y oscura: la corona de una Nápoles independiente de España.[5]

El plan consistía en introducir soldados españoles en Venecia vestidos de paisano y en pequeños grupos. Posteriormente, la flota napolitana del virrey atacaría Venecia, desembarcando una fuerza expedicionaria en el Lido, la cual atravesaría la laguna y entraría en la ciudad, donde se uniría a los infiltrados, tomando el Palacio Ducal y el Arsenal. También se quería sobornar a una fuerza de mercenarios holandeses que se hallaba en la ciudad al servicio de la República. El plan no era especialmente brillante y es difícil que hubiese tenido éxito, pero fue revelado por Juven el 18 de mayo de 1618. El Consejo de los Diez veneciano actuó rápidamente: Pierre, que servía en la flota veneciana, fue introducido en un saco y arrojado al mar; Regnault y otros dos conspiradores, los hermanos Desbouleaux, fueron colgados por lo pies en el patíbulo de la Piazzetta de San Marcos. También se ejecutó hasta un número aproximado de trescientos conspiradores. Los cabecillas, Osuna y Bedmar, demasiado poderosos para actuar contra ellos, salieron impunes.[6]

El hecho fue objeto de gran tratamiento propagandístico y literario, incluyéndose entre los temas de la llamada leyenda negra española.[7]

Las fuentes españolas desplazan la responsabilidad de la manipulación a las autoridades venecianas, que querrían de este modo comprometerlas. De hecho, tras el escándalo, que incluyó un intento de asalto popular a la embajada española y la novelesca huida de Quevedo disfrazado de mendigo -que se libró de la muerte gracias a su dominio del dialecto veneciano-, se produjo la destitución de esos cargos, que los venecianos consideraban hostiles.

Venecia, España y el equilibrio europeo

Las futuras relaciones entre Venecia y España fueron más cordiales, manteniéndose un equilibrio que garantizaba la independencia de Venecia, en una coyuntura en que la política pacifista mantenida durante el reinado de Felipe III (validazgo del Duque de Lerma) pasa a convertirse en más agresiva con la del Duque de Uceda tras el escándalo de la caída de Lerma (en el mismo año de 1618). El posterior reinado de Felipe IV intensificó la implicación de España en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), en que la posición estratégica de Venecia en torno al Camino Español o Ruta de los Tercios era importante, así como la disputa de un enclave alpino próximo: el valle de la Valtelina (1620-1639). No obstante, la antigua potencia mediterránea había entrado en una irremisible decadencia, conectada con la crisis del siglo XVII y el desplazamiento definitivo del eje económico hacia el Atlántico. No volvió a haber grandes campañas navales como las que asociaron a España, Venecia y los Estados Pontificios en la Santa Liga (batalla de Lepanto de 1571), aunque sí escaramuzas localizadas.

Literatura

La conjura sirvió de argumento para varias novelas:

  • Venice preserved, de Thomas Otway (1682)
  • Il marchese di Bedmar o Venezia e gli Spagnoli nel 1618, de Giuseppe Revere (1846)
  • La congiura di Bedmar, de Nicolò Marsucco (1888)
  • Das gerettete Venedig, de Hugo von Hofmannsthal (1905)
  • Venezia salva, de Simone Weil (1940)

Referencias

Bibliografía

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