Decurión
miembro de una ciudad en la Antigua Roma
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Un decurión era un miembro del senado de una ciudad en el Imperio romano.[1] Los decuriones se extraían normalmente de la clase curiales, que estaba compuesta por ciudadanos ricos de la sociedad ciudadana. El surgimiento del cargo de decurión se puede encontrar en la decisión de Roma de permitir que los titulares de cargos en las colonias latinas en Italia se convirtieran en ciudadanos romanos en un intento de fidelizarlos en 125 a. C.[2]
Características y funciones
Los decuriones fueron las figuras políticas más poderosas a nivel local. La ciudad era gobernada por los magistrados y por la curia. La clase de los curiales y la de los decuriones pertenecían a un mismo grupo social, siendo los decuriones, los curiales que tomaban asiento en la curia. Eran la élite de la ciudad.
Eran individuos que tenían bajo su propiedad grandes propiedades de tierra y reconocido prestigio dentro de su comunidad. El desempeñó de magistraturas y sacerdocios les otorgaba mayor estatus, fortaleciendo así su posición social[3]
Los decuriones ostentaban el rango de honestiores por el mero hecho de ser parte del ordo decurional, obteniendo privilegios ante la ley que los diferencia de los humiliores al sufrir penas menos duras, pues no podían recibir ni castigos corporales, como la tortura, ni castigos relacionados con el trabajo pesado, como el de las minas. Estos privilegios se extienden al plano del ocio, destacando su participación en los banquetes reservados para los decuriones pagadas por el erario de su comunidad local o la reserva de los primeros asientos de los teatros, anfiteatros y circos. Todos estos privilegios estaban reflejados en las leyes, como por ejemplo en la Lex Irnitana, por lo que no se trataban de privilegios que carecieran de una base legal o que simplemente estaban aceptados socialmente.[4]
Sin embargo, no todos tenían el mismo poder o importancia, pues existían cuestiones como la antigüedad, el honor o incluso la riqueza, que aportan más prestigio a unos decuriones que a otros, dando lugar a una diferencia de estatus entre los integrantes del orden decurional.[3]
La asamblea de los decuriones o concejo municipal (en latín Ordo Decurionis) era una asamblea de 100 miembros vitalicios, antiguos magistrados que habían terminado el período de su cargo y que se elegían por cooptación.[5] Posteriormente se denominó también decurión en las ciudades romanas a los individuos de la curia que, con algún magistrado superior y agentes subalternos, constituían el cuerpo municipal del orden decurional (ordo decurionum) con las siguientes funciones:
- Representar a la ciudad en todas sus funciones públicas
- Cuidar del orden público con el cuerpo de policía
- Administrar los bienes comunales
- Ser los agentes del poder ejecutivo
- Conservar los caminos
- Inspeccionar las minas
- Responsables del entretenimiento
- Recaudar los impuestos[6]
Se podía entrar al ordo decurionum de forma ordinaria o extraordinaria, ya fuera mediante las elecciones llevadas a cabo cada cinco años para la renovación de los integrantes del ordo, mediante la cooptatio llevada a cabo de manera anual para ocupar los puestos que quedarán libres tras la muerte o pérdida del estatus socioeconómico y mediante la adlectio, proceso que permitía que los puestos libres del ordo decurional fueran ocupados por personas que carecieran de los requisitos pedidos para ser decurión si las circunstancias lo necesitaban,[7] incluso a veces eran puestos ocupados por menores de edad (había que ser mayor de 25 años para poder entrar) o hijos y descendientes de libertos.[8]
Diferencias de los decuriones frente a senadores y ecuestres:
- Eran los que tenían menos estabilidad económica.
- A diferencia de los senadores y caballeros, que los nombraba el emperador, para ser un decurión había que pagar un monto específico, que se estima que era muy caro, ya que en Roma ser político era costoso.
- No tenían asambleas para tomar decisiones.
- Eran más homogéneos que en los otros rangos.
- Los decuriones estaban relacionados con el comercio.
- Podían ser plebeyos y patricios los que ocuparan este cargo, a diferencia de los senadores y al igual que los Ecuestres.
- Gobernaban solo su ciudad, y cada ciudad tenía su orden decurional propio.
Sin embargo, aunque durante el Alto Imperio Romano ser decurión era visto como un honor y que por ello llevaran a cabo de forma voluntaria obras públicas, como la construcción de teatros,[9] durante el Imperio Romano Tardío o Dominado el cargo de decurión dejó de ser un símbolo de estatus y se convirtió en un puesto administrativo con una carga fiscal obligatoria, es decir, no ocupaban el puesto por prestigio sino por obligación, ya que se les encargó la recaudación de los impuestos estatales como el iugatio-capitatio. Y la principal causa que resto prestigio al cargo de decurión fue la carga fiscal a la que se les sometió, pues si la ciudad no podía pagar todo lo que Roma les pedía, debía de ser pagado por ellos mismos con su propio patrimonio. Por ello, el Estado impidió que pudieran vender sus posesiones, pues era la garantía de que el Estado recibiría los impuestos[10]
Entonces muchos de decuriones buscaron la exención de su nueva obligación fiscal, para lo cual muchos decuriones ingresaron en el sacerdocio cristiano, pues estos cargos contaban con el privilegio de la exención fiscal. Por ello el Estado llevó a cabo distintas formas de limitar las vías de descargo fiscal. Se dictaminó que los decuriones solo podían ocupar cargos relacionados con la religión personas en situación de pobreza, obligando así a los decuriones a seguir siendo la garantía del Estado. Incluso yendo más allá, se dictaminó que los decuriones no podían siquiera acceder a senadores sin dejar antes su fortuna al Estado, norma que se aplicó también a otros cargos.[10]