Durante el reinado de Bato III, apodado el Cojo, Cirenaica se había vuelto un estado inestable debido a sus relaciones problemáticas con los libios, así como por la enemistad del faraón egipcio Amosis II y por los intentos de destronarlo tanto a él como a su padre, quien había sido estrangulado hasta la muerte por su consejero Learco —identificado tanto como hermano o simplemente como amigo—. Para tratar de aliviar tales dificultades, un representante de los cirenaicos visitó el oráculo de Delfos en busca de consejo y consultó a la sacerdotisa acerca de cómo podría recobrarse la estabilidad del reino. La pitia les recomendó que viajaran a la ciudad de Mantinea, en Arcadia, y preguntasen por un mediador. Así lo hicieron y, en respuesta a su solicitud, los de Mantinea enviaron a su ciudadano más distinguido, Démonax, quien ayudaría a los cirenaicos a reformar su constitución. Bato fue informado de la alta consideración de que gozaba Démonax en Mantinea, y de los importantes cargos que ocupaba allí.
Después de llevar a cabo una exhaustiva investigación en la comunidad, Démonax promovió diversas reformas. Primero dividió a la población de Cirenaica en tres grupos o tribus:
Démonax constituyó un Senado que controlaba la política de Cirenaica. Sus miembros eran representantes de los tres grupos sociales, y la presidencia senatorial era ostentada por el monarca. La nueva constitución redujo el poder, responsabilidades y autoridad del rey. La monarquía persistió, sin embargo, dado que el rey era el único facultado para otorgar tierras a los ciudadanos y para ejercer labores religiosas de sumo sacerdote. Una vez reservados a Bato determinados recintos y ministerios, Démonax designó éforos para castigar a los impostores y organizó una fuerza de policía armada de trescientos hombres para la protección y vigilancia. Además, puso en manos del común del pueblo todas las demás posesiones que habían pertenecido a la realeza. Una vez completadas las reformas, Démonax abandonó Cirenaica.