El Nazareno (Los Realejos)
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El Nazareno es una pieza de imaginería tallada en madera de barbuzano, según descubriera el imaginero y restaurador Ezequiel de León Domínguez durante su intervención en 1993, que está considerada una de las mejores obras salidas de la gubia del escultor manchego de nacimiento, y sevillano de formación Martín de Andújar Cantos, y que forma parte del patrimonio histórico artístico de la parroquia matriz del Apóstol Santiago de la villa de Los Realejos, en Tenerife, Islas Canarias, España.
Tras regresar a Tenerife después de haber estado trabajando en Santa Cruz de la Palma, y después de establecerse en la Villa de Garachico, Martín de Andújar recibe el encargo de los hermanos de la Tercera orden de San Francisco radicados en el Convento de Santa Lucía de El Realejo, de tallar una imagen de Cristo con la Cruz a cuestas, y otra de Ntra. Sra. de Los Afligidos, imágenes que ya habían sido entregadas a los comitentes con anterioridad al día 11 de junio de ese mismo año, según consta en declaración firmada ese mismo día, y que expone lo siguiente: "…dixeron que dos insignias, una del sto Christo Nazareno y otra de Nuestra Señora de los Afligidos que están en dho convento, los hermanos terceros de la Orden de S. Francisco y hermanos de la Cuerda que son en el dicho convento las hicieron con sus limosnas, que han dado y que darán, y que son de los dhos hermanos, y el dho convento no ha dado para ello cosa alguna".
Aunque la pieza no está firmada por el autor, según la costumbre de la época, el Doctor Núñez de la Peña descubre un documento en el que el 18 de mayo de ese mismo año, al visitar el taller de Andújar en la Villa de Garachico el Párroco de San Marcos de Icod de los Vinos Alonso de Ocampo Sarmiento y el Maestre de Campo Blas de Alzola y Torres, con la intención de contratar la hechura del conjunto de piezas necesarias para realizar la procesión del Vía Crucis, quedan gratamente impresionados por El Nazareno, y hacen constar que el que encargan para Icod ha de ser semejante en forma y proporciones al de los franciscanos del Realejo, hecho que viene a aclarar la autoría de esta imagen, importantísima dentro de la Historia del Arte en Canarias.
Desde su llegada al Templo Conventual de Santa Lucía, el culto a El Nazareno se vincula rápida y directamente a la parroquia matriz del Apóstol Santiago, a cuyo templo prosesiona en la mañana de cada Viernes Santo. Así, en el primer Libro de Difuntos de la parroquia, que en realidad es un diario en el que los beneficiados toman nota de todo servicio que realizaban; se recoge, con fecha de 8 de abril de 1667 "…se hizo por la mañana la procesión con El Nazareno hasta esta parroquia…".
Pero el culto a El Nazareno en el Convento pasaría por momentos muy malos. Durante algunos años la procesión del Viernes Santo deja de realizarse, y El Nazareno permanece en el Templo Conventual sin haber constancia de que recibiera culto alguno.
Ya en el siglo XIX, tras el proceso de desamortización llevado a cabo por los políticos Juan Álvarez Mendizábal y Pascual Madoz Ibáñez y mediante el cual se enajenaron las tierras y bienes en poder de las Órdenes Religiosas, se produjo la consiguiente expulsión de los frailes; El Nazareno pasa definitivamente al templo parroquial del Apóstol Santiago por petición del Beneficiado D. Antonio Martín. Ese mismo año, el 9 de abril de 1852, Viernes Santo, se celebra por vez primera la Procesión del Calvario hasta el barrio de San Benito, tal y como sigue realizándose en la actualidad.
Descripción
El Nazareno es una talla en madera de bulto redondo, sobre la que se colocan, con el objetivo de dar un mayor realismo a la obra, unas vestiduras de terciopelo, y que a pesar de ello, muestra una anatomía completamente trabajada, teniendo únicamente policromadas las partes visibles.
Representa dramáticamente a Cristo totalmente encorbado bajo el peso la Cruz, cruz también tallada en madera y policromada, que carga sobre el hombro izquierdo; coronado de espinas, camino del Calvario. Su rostro expresa el marcado patetismo y la dulzura propios de las imágenes de pasión del XVII.
Adaptándose perfectamente a lo acostumbrado en las Islas Canarias, y a diferencia de lo típico en la imaginería península, en vez de lucir las típicas tres potencias, lleva sobre su cabeza una aureola o nimbo circular y excéntrico, realizado en plata repujada.
La Franciscana Cofradía del Nazareno

El Domingo 7 de abril de 1991, estando ocupada la Sede Episcopal de la Diócesis Nivariense por el Obispo D. Damián Iguacén Borau, y siendo párroco de la parroquia matriz del Apóstol Santiago el sacerdote D. Antonio Hernández Oliva, se funda la Cofradía del Nazareno, corporación que tiene como fin el "...trabajar por el cuidado y conservación del culto a El Nazareno".
Sus normas estatutarias fueron aprobadas por vez primera siendo vicario general del Obispado de San Cristóbal de La Laguna Mauricio González González con fecha 7 de marzo de 1994, "...encontrándolos conforme a Derecho y a las Normas dadas por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis con fecha 14 de febrero de 1987 en el Estatuto Marco".

Reside esta cofradía en la parroquia matriz del Apóstol Santiago, en cuyo templo recibe culto la Venerada Imagen Titular.
Tiene como emblema una Cruz que descansa sobre la cabeza de un querubín, y de cuyas alas parte un sol que la rodea, y que fue tomado de un antiguo bastón de mando, labrado en plata en el siglo XVII, que perteneció a la antigua cofradía de la Vera Cruz que existió en la parroquia hasta el siglo XIX.
El 13 de junio de 1996, le fue concedido a esta Cofradía, atendiendo a los méritos históricos de su Titular, la carta de Hermandad y Título de Franciscana Cofradía, dado en el convento de San Antonio de Padua de la ciudad de Sevilla, por el entonces ministro provincial de la Provincia Bética Franciscana, Padre Fray Guillermo Cerrato Chamizo, convirtiéndose en la primera cofradía de ambas diócesís canaria, en ostentar este título.
La uniformidad adoptada por los hermanos cofrades de la Franciscana Cofradía del Nazareno consta, en los varones, de túnica granate, ceñida a la cintura con el cordón franciscano. Las señoras visten traje de falda y chaqueta de la misma tela y color, yendo cubiertas con el típico velo de blonda color negro. Todos portan al cuello la medalla emblema de la corporación.
El cuerpo de acólitos va ataviado con sotana negra y roquete blanco, sobre ambos, lucen una esclavina de la misma tela que los hermanos. En el pecho, un distintivo bordado con el emblema de la cofradía.
