El arte de la memoria

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Género Ensayo
Tema(s) Mnemotecnia y Filosofia renacentista Ver y modificar los datos en Wikidata
Título original The Art of Memory Ver y modificar los datos en Wikidata
Editorial Routledge y Kegan Paul
El arte de la memoria
de Frances A. Yates
Género Ensayo
Tema(s) Mnemotecnia y Filosofia renacentista Ver y modificar los datos en Wikidata
Edición original en inglés
Título original The Art of Memory Ver y modificar los datos en Wikidata
Editorial Routledge y Kegan Paul
País Reino Unido
Fecha de publicación 1966
Páginas 400
Edición traducida al español
Editorial Taurus
Ciudad Madrid
País España
Fecha de publicación 1974
Serie
El arte de la memoria
El iluminismo Rosacruz (1972)

El arte de la memoria es un libro escrito por la historiadora británica Frances Amelia Yates (1899-1981) en 1966. En él, describe los diferentes métodos mnemotécnicos que han desarrollado los grandes intelectuales a lo largo de la historia: Desde la Antigua Grecia, época de Simónides de Ceos, pasando por el Renacimiento, época de Giordano Bruno, hasta llegar a la popularización de la imprenta en Europa y la aparición del método científico, época de Gottfried Leibniz.

Ad Herennium

Es Cicerón quien cuenta que el arte de la memoria se inició con el poeta griego Simónides de Ceos, cuando en un banquete se desplomó el techo de la sala aplastando a todos los invitados. Para poder ser identificados, Simónides recordaba el orden en que estaban sentados y así se pudo reconocer la identidad de los fallecidos. Si bien se trata de una historia, representa un concepto fundamental en el arte de la memoria: la importancia de la disposición ordenada de la información. Si se tiene un orden de los lugares, entonces se tiene el orden de las cosas.

Inicialmente, la memoria se consideraba como una parte importante de la retórica, pues era una técnica que permitía al orador recordar discursos largos con precisión. Hoy conocemos a este sistema como mnemotecnia y consiste en dos cosas: lugares e imágenes.

Cicerón

El lugar, o loci, son espacios mentales donde se va a guardar la información o imágenes. Las imágenes, en cambio, son las que contienen lo que queremos memorizar. Son mediante las imágenes que un orador recuerda su discurso. Según Yates, las fuentes latinas que hablan del tema son el De oratore, Cicerón; ad Herennium, anónimo; Instituto oratoria, Quintiliano.

es un tratado de retórica, pero sus puntos sobre la memoria influyeron mucho en la antigüedad, de tal forma que dicho libro le era atribuido a Cicerón.

Empieza distinguiendo entre dos tipos de memoria: la natural y artificial. La natural es innata, unos la tienen mejor que otros por naturaleza. Sin embargo, la memoria puede trabajarse y fortalecerse mediante ejercicios, esto vendría a ser la memoria artificial y la categoría donde recae la mnemotecnia.

La memoria se basa en dos cosas: el lugar y la imagen.

Lugar

El lugar debe ser uno que pueda ser recordado con facilidad y en orden, de tal forma que nos permita desplazarnos adelante y atrás. Si queremos recordar mucha información, debemos imaginar un lugar amplio o imaginar muchos lugares que sigan un orden lógico.

Continúa con otras recomendaciones como que para recordar el orden de los lugares podemos poner a cada uno una marca distintiva, que los lugares estén ubicados en zonas desiertas y solitarias, que sean de tamaño mediano ya que si son muy grandes la información se vuelve vaga, pero si es muy pequeño resultará en una sobrecarga de imágenes.

Imágenes

Formado el lugar, debemos encargarnos de las imágenes. Se distinguen dos tipos: memoria de cosas y memoria de palabras.

En la memoria de las cosas, nos hacemos imágenes para recordar una noción en general, o un argumento. La memoria de las palabras, se hacen imágenes por cada palabra individual, pero en cambio se recuerda la totalidad. A la creación de imágenes se añade una recomendación y es la de hacerlas activas. Esto significa que las imágenes deben ser fuera de lo común, extraordinarias para que se queden grabadas en la memoria, pues si hiciéramos imágenes comunes las terminaríamos olvidando. Además es importante hacer revisiones mentales constantes de los lugares e imágenes que hemos creado.

Un ejemplo de esto es el siguiente -sobre memoria de las cosas-: se supone que somos un abogado en defensa de un pleito. Se ha envenenado a un hombre y le han causado la muerte y hay muchos testigos y pruebas. Para recordar este caso primero imaginamos un lugar, que puede ser la habitación del hombre envenenado. Debemos imaginar a este hombre no como un ordinario, sino como un rey o alguien que sea cercano a uno. Luego imaginamos a un abogado sosteniendo una copa en la mano derecha, tablillas en la izquierda y, además, unos testículos de carnero. De esta forma cada objeto representa la sentencia en general: la copa en envenenamiento, las tablillas el testamento del muerto, y los testículos los testigos -que en latín eran testes-.

De esa forma se puede memorizar gran cantidad de casos y situaciones y se puede consultar con facilidad.

Quintiliano
Instituto Oratoria, Quintiliano

Quintiliano, en su Instituto oratoria, menciona el mismo método:

“Se escogen lugares y se les ponen señales con la mayor variedad posible, así una casa espaciosa se divide en cierto número de habitaciones. Lo que ha sido anotado o pensado se señaliza por medio de un signo que nos sirva de recordatorio. A estos signos se los dispone de la siguiente manera: a la primera noción se la ubica, como si dijéramos, en el patio anterior a la casa; la segunda, digamos, en el atrio; al resto se lo coloca ordenadamente en torno al impluvium, y se lo encomienda no sólo a los dormitorios y salones, sino incluso a las estatuas y otras cosas semejantes. Hecho esto, cuando se precisa reavivarla memoria, se comienza por recorrer todos los lugares desde el primero, demandándoles lo que se les ha confiado, de lo que uno se acordará por medio de la imagen.”

Sin embargo, Quintiliano menciona que esta técnica de memorización funciona mejor en unos casos que en otros. Incluso puede resultar contraproducente el almacenar tantas imágenes y se puede llegar a la confusión.

Grecia y la filosofía del alma

En cuanto a la Grecia Antigua, se atribuye a Simónides la creación del arte de la memoria. En un poema llamado Dialexeis (400 a. C.) se narra lo siguiente:

Ésta es la primera cosa: si prestas atención [enderezas tu mente], la facultad de juzgar percibirá mejor las cosas que circulan por ella [la mente] En segundo lugar, vuelve a repetir lo que oyes; pues oyendo y diciendo a menudo las mismas cosas, lo que has aprendido entra por completo en tu memoria. En tercer lugar, lo que oyes ubícalo en lo que sabes (...).

Platón no creía que el conocimiento se generara a partir de las sensaciones (como creería Aristóteles), sino que dicho conocimiento está latente en nuestras mentes -topos uranus-, en el mundo de las Ideas. Supuestamente el alma conocía estas ideas y por eso lo que hacemos en un proceso de recordar lo que ya sabíamos. De hecho, en su obra Fedro se discute sobre la retórica y menciona que no se trata del arte de persuadir, sino el arte de decir la verdad. Y, sobre todo, convencer al resto de esa verdad que solo puede lograrse recordando el conocimiento previo del alma, de ahí que la memoria fuera de gran importancia.

Para Aristóteles, la facultad intelectual del hombre se construye a partir de las imágenes mentales que se crean a partir de los sentidos. Por tanto la percepción pasa a través de la imaginación antes de volverse un pensamiento.

Platón va a influir en el arte mnemotécnico del Renacimiento y Aristóteles en la escolástica medieval.

Del arte de la memoria griego se deriva otro nombre: Metrodoro de Escepsis, que supuestamente basaba su técnica en el uso de los símbolos zodiacos para memorizar. Se cree que de esto se desplegaría una rama más bien esotérica del uso de la memoria, pues el uso del zodiaco daría paso a prácticas mágicas y astrológicas. De esta práctica aparecería un libro en la Edad Media, llamado Ars Notoria, que usaba diagramas al mismo tiempo que se recitaban plegarias y de esto modo se podía alcanzar conocimiento o memoria de todas las artes y ciencias.

El arte de la memoria en el medievo

Véase también

Bibliografía

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