Los autores de la novela, Frederick Dannay y Manfred Lee, introducen sobre la situación base del lugar aislado del mundo exterior (prácticamente una “habitación cerrada” de donde el culpable tampoco puede escapar), atenuados elementos de las novelas de terror (el “monstruo” y el “doctor loco”) sutilmente teñidos de humorismo, a la vez que la interacción de las emociones de un variado conjunto de personajes atenazados por un enemigo común, mientras son amenazados por la inquietante presencia de un asesino entre ellos. Los escritores van abandonando paulatinamente el “fair play” de sus primeras obras, de modo en la primera edición de la obra empieza a faltar el habitual “desafío al lector” (aunque en ediciones posteriores fue reincorporado para mantener la línea habitual y contentar a los seguidores), pero por segunda vez tras “La tragedia de X” (1931,) novela firmada con el seudónimo alternativo de “Barnaby Ross”, introducen uno de los recursos que cada vez más formarán parte de sus técnicas: el “mensaje del moribundo”, así como algún reciente descubrimiento médico como la alfa-lobelina.
En el aspecto de creación de los personajes protagonistas de la serie, se siguen trazando nuevas líneas en su caracterización : se hace referencia a la madre de Ellery Queen, su reciente estancia en Florencia en donde compró un anillo, el hecho de que fuma cigarrillos con boquilla y, por lo que respecta a su padre, se señala su edad cercana a los sesenta años, el uso de una anticuada caja de rapé y de un anillo de bodas de poco precio. Muchos de esos elementos acabarán teniendo su papel en el proceso de la definitiva resolución del caso.
Esta novela es una de las escasas obras de Ellery Queen que, tras diversas ediciones clásicas, en Ed. Carroggio, Ed. Aguilar , Ed. Júcar, Plaza y Janés, Punto de lectura, o Ed. Picazo, continúa activa en catálogos españoles al alcance de los aficionados al género, incluso en tiradas populares o de quiosco. En 1934 Dannay y Lee publicarán la octava entrega de la serie: “El misterio de la mandarina” (“The Chinese orange mystery”) y, entre ambas, la primera serie de sus ingeniosos relatos cortos: “Las aventuras de Ellery Queen” (1933-34).