Encorchadura

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Encorchadura en una red

La encorchadura es la línea de corchos que sirve para mantener a flote  las redes de pesca. Es una parte de las más esenciales, ya que, sin ella serían inútiles absolutamente estas redes, excepto ciertas pesquerías que dependen de la subida o bajada de las mareas y basta con que se hallen sostenidas con estacas en los Cercotes y Corrales de red, en los Atajos o Entalladas y otras a este tenor, no es necesario calar estas redes en grandes profundidades de agua porque están aseguradas de una punta a otra de la tierra firme, en zonas como las angosturas, los canales, caños, pequeños brazos o recodos del mar, es decir, no necesitan del auxilio de los corchos para verificar sus respectivas pesqueras.

Antiguos flotadores de madera
Rudimentaria corteza de abedul usada como flotador

No es posible que las primeras producciones pesqueras dejasen de padecer grandes imperfecciones. Las que ahora llamamos redes empezaron siendo sumamente groseras. El cultivo ordenado de las materias primas utilizadas, la elección de ellas y sus preparaciones rectificadas han perfeccionado semejantes inventos. El compuesto se reducía, en sus principios, a una tosca estera o cestos mal formados de mimbres que se combinaban con esparto (este había sustituido a las hiladas hebras del cáñamo o lino que eran materiales más sutiles), se anudaban de uno a otro cabo en sentido opuesto bajo el orden de ciertos intervalos con lo que resultaban los claros o cuadrados a los que comúnmente se les da el nombre de mallas, que son capaces de retener aquellos peces que son de corpulencia mayor al ámbito de cada una. Esta es la acción esencial de las redes cuando se hallan interpuestas entre las aguas al paso o camino, o bien en el hecho de circuir o encerrar en el mar y en los ríos los mismos peces.

Pero como para esto es menester que las redes por su longitud y su anchura (ya se compongan de una o muchas piezas) hayan de ponerse extendidas en su totalidad regularmente. Para conseguirlo se necesitaba con precisión el auxilio de otros cuerpos: unos debían ser graves y otros leves:

  • Los primeros, se usaban para que, al colocarse en el pie de la red, fuesen por su natural peso sumergiéndolas o llevándolas hasta tocar en el fondo mismo de las aguas. 
  • Los segundos, debido a la ligereza y esponjosidad, se usaban para que templasen y sostuviesen gravitatoriamente cualquier tipo de red. Y así, según sus partes y la disposición de su figura, quedasen extendidas al completo. 

En un comienzo, no se hallaron objetos más a mano que las pequeñas piedras ya limpias o gastadas por el continuo roce o baño del agua, de las que, por lo regular, abundan en las playas y riberas. Computando la fuerza de su acción por el volumen, se aplicó a la parte de abajo de las redes unas u otras piedras, para que su gravedad hiciese calar la red al fondo. Esta práctica aún hoy en día la observan los pescadores en algunos parajes.

Después, la economía apuró la comodidad y el más fácil manejo de las redes, y descubrió el aprovechamiento de un metal grave y dúctil que era capaz de recibir incluso en frío todas las figuras y proporciones que convenían al pescador para que, guarneciéndolos equivalentemente sin tanto embarazo y contingencia, los pudiese sumergir o calar a su gusto.

Una vez superada esta primera dificultad con respecto a la inmersión de las redes, y al haber evitado el desorden de un confuso envoltorio al emprender la acción de echar las redes sin plomos, no es posible decir que la perfección del arte del pescador había completado su objeto, porque las redes solo con las plomadas se caerían de forma recta hasta que los plomos tocasen el fondo del agua, pero toda la parte superior de la tela debería caer progresivamente hacia el centro. De este modo, no se verificaba la conveniente extensión con la que interceptar el paso a los peces, que eran incapaces de discernir el artificio y al querer nadar y salir de entre las mallas, quedaban envueltos o enredados entre sus hilos, porque toda la longitud de la red quedaba aplanada. Así, nunca podrá darse el efecto de que se aprisionen por sí mismos, que es la esencialidad del invento.

La mitad de la perfección del arte faltaba y debían completarla aquellas fuerzas resistentes a la gravedad, estas son las fuerzas de los cuerpos flotantes en el líquido, que, al mantener la parte superior de las redes bajo cierto temple, pudiesen sostenerlas extendidas desde la superficie, entre aguas o ya tocando los plomos el suelo en su mayoría, sin importar el número de brazas que tengan.

Algunos pequeños haces de ramaje, algún manojo de juncos, algunas calabazas secas o finalmente algunos pedazos de madera sirvieron sin duda o suplieron como cuerpos flotantes hasta que visto el embarazo y la dificultad de afinarlos moderando su volumen, solo se halló el medio en la corteza de un vegetal, que en sí misma reunía el todo de semejantes proporciones.

Esta corteza que generalmente denotamos pronunciando la palabra corcho de donde derivó encorchadura, se produce en un árbol de mediana elevación conocido con el nombre de alcornoque que se cría en la parte meridional de España y otros países semejantes de Europa, aunque sabemos no falta un equivalente en América.

La corteza, tiene la aptitud de ser mucho más ligera que el volumen de agua que ocupa, además, el agua la penetra con mayor dificultad que al resto de especies de maderas, esta circunstancia contribuye a proporcionarle la ventaja de que conserve mucho más tiempo su ligereza aun permaneciendo sumergida en el cuerpo o masa del líquido. Estas propiedades estimularon sin duda su aplicación e hicieron que se emplease preferentemente a todas las demás materias para formar lo que se llama encorchadura. Las piezas de las que se compone pueden tener varias formas, como redondas, cuadradas, ovales, etc. Y para el efecto, ha de cogerse en la época oportuna, porque si no se tiene cuidado al despegarla, puede hendirse o abrirse por sí misma, separándose del tronco con un acrecentamiento circular de otra corteza muy colorada que se forma debajo de la primera. Es muy abundante su cosecha en lugares como Levante y especialmente en Cataluña, además, su calidad es muy apreciada, ya que el corcho se utiliza en varias aplicaciones además del que se destina a los artes de pesca.

Características

Tipos de corchos

Referencias

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