No se conoce exactamente el año de construcción, aunque aparece ya documentada en el año 1240 en unas escrituras hechas por el notario Guillem de Formiguera. Los historiadores Carmen Colom Arenas y Santiago Cortes Forteza afirman que con toda probabilidad coincidió con la construcción de la Iglesia de Santa María la mayor y el Monasterio de Sant Bartomeu.
Se tiene datos de una intensa ocupación de vida eclesiástica a lo largo de su historia. En 1389 se halla registrado el ermitaño Jaume Correjer. A principios del siglo XVI existen unas monjas ereméticas. En 1492 a petición del pueblo de Inca llegan a la ermita una pequeña congregación de monjas Clarisas procedentes de Tarragona quienes abandonan la ermita para trasladarse a Esporlas en 1526. En 1530 se alojan en la ermita un grupo de monjas Jerónimas procedentes de la Iglesia de Santa Elisabet de Palma hasta el año 1534 que se trasladan al Monasterio de Sant Bartomeu. Tras la salida de las monjas Jeronimas hasta 1700 se convierte en una escuela de gramática y una capellanía, por lo que según los estamentos clericales está obligado a dar misa una vez por semana. A partir de 1700 hasta 1878 aparecen registrados una gran cantidad de ermitaños que viven durante cortos espacios de tiempo. En 1878 se establecen una pequeña comunidad de Franciscanos hasta el año 1883 que se trasladan a Pollensa. En 1931 se establecen unos ermitaños de la congregación mallorquina de Sant Pau y Sant Antoni hasta el año 1985.