Eslavofilia (movimiento)
movimiento intelectual ruso del siglo XIX
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La eslavofilia se refiere a diversas teorías nacionalistas eslavas. El principal movimiento eslavófilo se desarrolló en Rusia, pero existieron movimientos similares en otros países eslavos, como Polonia. El movimiento eslavófilo se oponía a la occidentalización. En un sentido más general puede referirse a un sentimiento de apego, admiración, o afinidad, hacia los pueblos eslavos. En concreto, el término se utilizó para designar a un grupo de intelectuales en los debates sobre las reformas del Imperio zarista durante la segunda mitad del siglo xix.
Historia
El eslavofilismo ruso se basa en el concepto del "genio de Rusia". Los eslavófilos identifican este genio en ciertos valores e instituciones considerados distintivamente nacionales, como la religión ortodoxa y el Zemski Sobor. Según ellos, la brutal y precipitada europeización de Rusia por parte de sus gobernantes, desde Pedro el Grande hasta Catalina la Grande, provocó la pérdida de identidad del país. El objetivo de los eslavófilos es, por lo tanto, el retorno a los valores tradicionales rusos y el fin de la imitación de Europa. Una vez alcanzado este objetivo, el genio de Rusia supuestamente le otorgará un papel fundamental en la historia de la humanidad. En todo esto, los eslavófilos se oponen radicalmente a los occidentalizadores, cuya opinión es que Rusia se ha quedado tan atrás que debe aprender absolutamente de Occidente para progresar.
La contraposición de los pensadores rusos a las reformas liberales de inspiración occidental y al absolutismo zarista fue el semillero de la llamada intelligentsia rusa, grupo de presión que por constituir diferentes enfoques políticos se dividió. De una de estas divisiones surgieron entre otros los eslavófilos, a partir de la segunda mitad del siglo xix. Sus principales fundamentos se basaban en la idea de que el racionalismo grecolatino había contaminado con su apego a las leyes al cristianismo occidental, todo lo contrario a lo ocurrido en la Rusia ortodoxa.
Sus principales ideólogos fueron Iván Kiréievski, Konstantín Aksákov y Yuri Samarin. El más radical en sus posturas fue Kiréievski, quien defendió siempre la conveniencia de permanecer fieles a la cultura, las creencias y los ideales eslavos. Estos se identificaban con la religión ortodoxa, en contraposición a las demás etnias o pueblos, sobre todo a los europeos germanos (cristianos pero protestantes) y latinos (católicos), así como para justificarse en las guerras contra el Imperio otomano (retomadas en la guerra de Crimea de 1853-1856).
De estos ideales surgió un paneslavismo que se reflejó en la obra de Nikolái Danilevski Rusia y Europa (1869), con numerosas ediciones y que influyó grandemente primero en el absolutismo zarista y posteriormente en el totalitarismo soviético y el nacionalismo ruso.[cita requerida] Sus afirmaciones idealizaban el cristianismo ortodoxo previo a Pedro el Grande, donde se usaba la "Unión Libre" de las personas, que imposibilitaba las individualidades por representar estas un egoísmo puro y occidental.
Fundamentos
Opuestos a los occidentalistas, consideraban que la solución de los problemas de Rusia estaba en la vuelta a la auténtica tradición prepetrista y a la ortodoxia. Idealizaban el pasado ruso antes de la apertura a Occidente, donde el aislamiento geográfico habría creado una Rusia armónica, sin privilegios, con autoridad pero sin abusos, y ponían el futuro en manos del campesinado redimido, donde Moscú sería el faro de la regeneración del mundo. Fiódor Dostoyevski llevó estos ideales a la más pura de sus expresiones en sus múltiple obras. Todo esto envuelto en un halo mesiánico que pretendía la pureza religiosa rusa.
Después del Imperio zarista
La idea de superioridad eslava no era el único fundamento de esta ideología; a ella se añadía la creencia en una elección divina de esta raza para dirigir y salvar al mundo, por lo que impulsaban la unificación de los pueblos eslavos. Esta era en el fondo la base sobre que, si bien con otro aparato conceptual, se apoyó también el régimen de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas para justificar su política de expansión territorial y de influencia política y cultural directa en los países del bloque del Este, donde se entronizaron Gobiernos comunistas que, a través del Pacto de Varsovia, permitieron la permanencia de tropas soviéticas en sus territorios, lo cual por ende daba pie a la influencia política.
Como corriente antioccidental ha servido de inspiración a corrientes de izquierda en América Latina y Asia, donde se intuye que todo lo occidental, capitalista y protestante es contrario a la evolución natural de los pueblos no pertenecientes a la Europa occidental.[cita requerida]
Principales representantes del movimiento eslavófilo
Los eslavófilos más notables son Alexéi Jomiakov, Piotr e Iván Kireevsky, Iván Aksakov, su hermano Konstantín Aksakov y Yuri Samarin.[1] Se pueden encontrar sentimientos eslavófilos en algunos escritos de Nikolái Gógol, Fiódor Dostoyevski e incluso Aleksandr Solzhenitsyn.
- Alexei Khomiakov nació en 1804 en una antigua familia de la nobleza menor. Figura brillante, o aficionado según a quién se pregunte, fue a su vez teólogo, mecánico, filósofo, ingeniero y filólogo. Publicó un tratado sobre religión, una auténtica novedad para la intelectualidad de su siglo. Sus actividades lingüísticas se extendieron al eslavo y lo llevaron a revivir la "Sociedad de Amigos de las Letras Rusas", tan querida por el almirante Shishkov. De pensamiento ecléctico, remontaba los atributos de la libertad interior a los orígenes iraníes y kushitas, pero atribuía a los eslavos solo las cualidades de constructores navales, agricultores y participantes en la Guerra de Troya, un enfoque menos aceptado.[2]
- Piotr Kireevsky también provenía de una familia de la pequeña nobleza. Estudió en Berlín desde muy joven, donde escuchó a Schelling y Hegel. Tras convertirse a las ideas de Alexei Khomyakov, intentó desarrollar una filosofía eslavófila original. Publicó un artículo fundamental justo antes de su prematura muerte. Su conocimiento de la filosofía hegeliana le permitió formular ataques antirracionalistas que lo convirtieron en una figura antipática para sus contemporáneos, pero ejemplar para los eslavófilos. ("Pensamiento y sentimiento deben unirse sin confundirse"). Su modernidad reside en su postura de que toda racionalidad depende del punto de vista y del propio observador; dos factores eminentemente subjetivos.
- Constantin Aksakov escribió extensamente, tanto al zar como a funcionarios del gobierno. Fue el hombre de relaciones públicas del movimiento. Por ejemplo, trazó un paralelismo entre el catolicismo y la belicosidad durante la Guerra de Crimea. En cuanto a las reivindicaciones polacas de la época, aplastadas por el Ejército Imperial durante el levantamiento polaco de 1861-1864, las ocultó bajo recomendaciones ultraconservadoras favorables al expansionismo zarista. Sus justificaciones para los pogromos campesinos se basaban en la necesidad de defender a la Iglesia rusa contra los judíos, a quienes consideraba responsables y agentes de la decadencia occidental.
- Yuri Samarin era la figura política del grupo. Con estrechos vínculos con el poder gracias a sus orígenes petersburgueses, ascendió rápidamente en la administración. Luchó por la preservación de las características rusas más tradicionales en todo el Imperio. Su mordaz denuncia de la persistente presencia de características germánicas en los territorios bálticos anexionados incluso le valió una deshonra temporal. Trabajador incansable, abogó por la emancipación de los siervos sin compensación económica, así como por el desarrollo económico comunal.
Cuando Alexander Zinoviev publicó *Nosotros y Occidente* un siglo después, siguió el mismo camino que influyó en Lenin al equiparar el mundo capitalista con Occidente. Si bien no inspiraron directamente el paneslavismo ni el ultranacionalismo, los eslavófilos dejaron una huella imborrable en Rusia, aunque sus propuestas inicialmente solo tuvieron eco en un círculo muy reducido.