Robigalia
Festividad de la Antigua Roma
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La Robigalia era una festividad romana que se celebraba el 25 de abril, en el período en el que comienzan a formarse las espigas.[1] Esta festividad lleva su nombre por Robigo o Tizón, el dios romano de la roya del trigo, una enfermedad provocada por un hongo.[2] Verrio Flaco la sitúa en un bosque sagrado (lucus), dedicado en la quinta milla de la Vía Clodia, al norte de Roma, del otro lado del monte Milvio.[3] La celebración incluía juegos (ludi) y un sacrificio en el que se ofrecían la sangre y las vísceras de un cachorro que aún no había sido destetado (catulus).[4]
En Ovidio
Ovidio describe en el cuarto libro de los Fastos la ceremonia de la Robigalia, escrita en primera persona. Dice que, mientras regresaba de Nomento a Roma, observó en el camino una multitud vestida de blanco celebrando la Robigalia. Un flamen se dirigía hacia el bosque del viejo Tizón (Robigo) para ofrecer en el fuego las entrañas de un perro y de una oveja. El flamen, dedicado a Quirino, pronunciaba estas palabras:[5]
«Tizón inmundo, respeta las plantas de Ceres y permite que el trigo crezca sano sobre la tierra, fertilizado por los astros favorables. Tu poder no es ligero: los campos marcados por ti ya son motivo de preocupación para los agricultores. Ni los vientos ni las lluvias ni el hielo dañan tanto al trigo como lo hace tu sol abrasador cuando decides tu cólera. Por eso te suplico que te abstengas y apartes tus manos destructivas de los sembrados. No abraces los tiernos trigales, sino las armas; que tu cólera se libere sobre lo que puede causar daño, y no sobre lo que da vida. Que los utensilios del campo, la reja, el escardillo y el arado resplandezcan, mientras las armas permanezcan inactivas. No ataques a Ceres y deja que los agricultores cumplan con sus labores».[5]
El motivo del sacrificio canino es explicado por el mismo sacerdote a Ovidio: cuando la “Estrella del Perro” (es decir, Sirio) aparece en el cielo inicia la estación cálida (canícula) y existe el riesgo que los frutos maduren demasiado temprano; para evitar este riesgo se sacrifica un perro (o perra) por su analogía con el nombre de la constelación. En realidad es probable que el perro fuese sacrificado por su condición de animal relacionado con divinidades infernales como Robigo.[5]
Robigo y Robigus
La tradición más arcaica registra a Robigus como dios masculino, ligado al daño que puede causar la roya. Desde la época de Ovidio hasta los escritores cristianos, Robigo es tratada como diosa, especialmente en textos que enfatizan la personificación y el rito de la Robigalia.[6]
Como Robigus (masculino)
| autor | referencia |
|---|---|
| Varrón | Explica el nombre Robigalia derivado de robigo (roya del trigo) y menciona a Robigus como la divinidad masculina que protege o amenaza los trigales.[7] |
| Verrio Flaco | Enumera a Robigus entre los dioses menores, como protector de la agricultura, usando forma masculina.[8] |
| Festo | Confirma la forma masculina Robigus, siguiendo a Verrio; cita el rito de la Robigalia.[9] |
Como Robigo (femenino)
| autor | referencia |
|---|---|
| Ovidio | Describe la Robigalia y el sacrificio, usando la forma femenina Robigo; habla de “el viejo Tizón (Robigo)” y la personifica con características divinas femeninas.[5] |
| Columela | Menciona a Robigo como diosa que protege los sembrados y explica rituales agrícolas relacionados con ella; la trata como femenina.[10] |
| Tertuliano | Critica el politeísmo romano, citando a Robigo como diosa de la roya (forma femenina) entre los dioses especializados.[11] |
| Lactancio | Señala la existencia de deidades menores, incluyendo a Robigo como diosa de la enfermedad del trigo.[12] |
| San Agustín | Presenta a Robigo en forma femenina (“Robigine”), ejemplo de dios especializado de la agricultura.[13] |