Flores caídas
película japonesa de 1938 dirigida por Tamizo Ishida
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Flores caídas (花ちりぬ Hana Chirinu?) es una película dramática japonesa de 1938 dirigida por Tamizō Ishida y protagonizada por Ranko Hanai y Kimie Hayashi, basada en una obra de teatro de Kaoru Morimoto.[1][2][3]
| Hana Chirinu | ||
|---|---|---|
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Ranko Hanai y Kimie Hayashi en una escena de la película | ||
| Título | Flores caídas | |
| Ficha técnica | ||
| Dirección | ||
| Producción | Kontaibo Goro | |
| Guion | Shirō Yamamoto | |
| Basada en |
Hana Chirinu de Kaoru Morimoto | |
| Música | Senji Itō | |
| Fotografía | Harumi Machii | |
| Montaje | Yoshio Ehara | |
| Protagonistas |
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| Ver todos los créditos (IMDb) | ||
| Datos y cifras | ||
| País |
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| Año | 1938 | |
| Estreno | 15 de junio de 1938[1][2] | |
| Género |
Drama Romance | |
| Duración | 75 minutos[1][2] | |
| Idioma(s) | Japonés | |
| Compañías | ||
| Productora | Toho | |
| Ficha en IMDb | ||
Sinopsis
Ambientada en una casa de geishas de Kioto, con el incidente de Kinmon de 1864 como telón de fondo, la película narra las vidas y relaciones de las mujeres que trabajan allí, mientras en las calles se desatan batallas entre facciones rebeldes que intentan restaurar el reinado del emperador. Akira, hija de la dueña de la casa, Tomi, anhela escapar de su entorno con la ayuda de un joven samurái rebelde al que conoció. Tras presenciar un asesinato en la puerta, Tomi es llevada a declarar por la policía secreta del shogunato y desaparece. Finalmente, las mujeres abandonan la casa, quedando solo Akira, quien comprende que quizá nunca vuelva a ver a su madre ni a su amante.[4]
Reparto
- Ranko Hanai como Akira
- Reiko Minakami como Tanehachi
- Rikie Sanjō como Tomi, la madre de Akira.
- Kimiko Hayashi como Miyako
- Rumi Ejima como Harue
- Fujiko Naruse como Oshige
- Chieko Ishii como Shimewaka
- Ginko Ii como Okiyo
- Ryoko Satomi como Michiyo
- Reiko Sanjō como Otoyo
- Hisako Fujita como Hinako
- Kayoko Minakami como Kochō
- Teruko Hamada como Mitsuyu
- Mitsuko Sakai como Satogiku
- Shigeko Shijin como Ochobo
- Ryoko Hamaji como Abohan
- Setsuko Horikoshi como Kichiya
- Ayako Ichinose como Matsuba
Producción
La obra de Morimoto había sido escrita originalmente para la compañía de teatro Bungakuza, que también la representó.[5] La película cuenta con un reparto íntegramente femenino, sin mostrar ningún personaje masculino; además, todas las escenas se filmaron exclusivamente dentro de la casa de geishas, y ni una sola toma se repite.[5][6]
Kon Ichikawa debutó como asistente de dirección en esta película; recuerda a Tamizō Ishida como un hombre afable y bebedor, famoso en ese momento por su película Osen (おせん?, 1934), realizada cuando aún tenía un contrato en vigor con la productora Shinkō Kinema.[7]
Recepción y legado
En su libro de 1979, To the Distant Observer: Form and Meaning in the Japanese Cinema, el historiador de cine Nöel Burch calificó la película como «uno de los retratos comunitarios más notables jamás filmados»[5] y Alexander Jacoby (en A Critical Handbook of Japanese Film Directors: From the Silent Era to the Present Day, 2008) calificó la película como la «reconocida obra maestra» de su director.[6] El British Film Institute incluyó está película en su lista de 2020 de las mejores películas japonesas de cada año, desde 1925 hasta la actualidad.[8]
Según el crítico de cine Tadao Satō, las películas de Tamizō Ishida, Flores caídas (1938) y La canción de antaño (1939), «que representan entornos de los que emanan una emoción y un encanto diferentes de aquellos a los que el jidaigeki o el shinpa habían acostumbrado al espectador hasta entonces, excepcionales por su realismo, son el resultado de una observación inteligente».[9]
Según el historiador de cine Noël Burch, el filme es uno de los retratos más notables de una comunidad jamás filmados.[10] Se caracteriza por tres principios firmemente establecidos. Los dos primeros derivan claramente de técnicas teatrales: la cámara nunca abandona la casa de geishas ni su jardín, la narrativa histórica se evoca mediante voz en off a través de efectos de sonido (peleas callejeras) y descripciones de diálogos, y en segundo lugar, nos encontramos en un mundo de mujeres; ningún hombre aparece en pantalla. El tercer principio adoptado por Tamizō Ishida es puramente cinematográfico, derivado de la ausencia de tomas adicionales: ningún plano se repite de principio a fin de la película (que consta de 371 planos). Noël Burch precisa que, a su entender, esta combinación de un escenario restringido y unificado con una renovación continua de imágenes no tiene parangón en la historia del cine clásico.[11]
Una copia de la película se conserva en el Archivo Nacional de Cine de Japón.[12]