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Fotografía en Colombia

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La fotografía en Colombia se inició con la introducción del daguerrotipo a cargo del Barón Gros en 1841. Los primeros fotógrafos o daguerrotipistas procedían del campo de la pintura, entre ellos pueden destacarse Luis García Hevia, Fermín Isaza y Demetrio Paredes. Los hermanos Restrepo introdujeron la técnica del colodión húmedo. A comienzos del siglo XX el trabajo fotográfico de Melitón Rodríguez, Leo Matiz, Benjamín de la Calle y Luis Benito Ramos impulsó el reportaje fotográfico y la fotografía como documento y a mitad de siglo empezó a considerarse su vertiente artística gracias a la obra de varios fotógrafos entre los que se encuentran Hernán Díaz, Abdú Eljaiek y Nereo López.

Retrato al daguerrotipo de Lucrecia Guerrero Uribe, 1848. Autor: Fermín Isaza.
Villanueva, Medellín, 1875, fotografía de Pastor Restrepo.
Construcción de la Catedral Metropolitana de Medellín, 1892, fotografía de Melitón Rodríguez.
Clase de anatomía en la Universidad de Antioquia, 1896, fotografía de Melitón Rodríguez.
María Anselma Restrepo, guerrillera en la Guerra de los Mil Días, 1900, fotografía de Benjamín de la Calle.
Cena del aniversario 67 del Club Fotográfico Medellín, Mayo de 2022
Trabajadores de una empresa de tipografía, fotografía de Benjamín de la Calle.
Exterior de la plaza del Mercado de Medellín, 1928, fotografía de Francisco Mejía.
Asfaltado de una calle en Gramalote, fotografía realizada sobre 1950.
Edificio de la aduana en Barranquilla, fotografía realizada sobre 1940.

Orígenes de la fotografía colombiana

En la Exposición Industrial de Bogotá de 1841 el pintor Luis García Hevia presentó unos daguerrotipos experimentales que se pueden considerar las primeras fotografías realizadas por un colombiano; sin embargo, la imagen más antigua que se conserva es una fotografía de la calle del Observatorio realizada por el diplomático francés Jean Baptiste Louis Gros en 1842.[1] La permanencia del barón de Gros en el país y la lejanía de Francia permitió que artesanos colombianos colaborasen en la fabricación del aparato del daguerrotipo.

En paralelo a la afición fotográfica del barón de Gros, otros daguerrotipistas extranjeros trabajaron profesionalmente en Colombia a mitad del siglo XIX, entre ellos se puede señalar al estadounidense John Armstrong Bennet que abrió el primer estudio fotográfico en Bogotá en 1848,[2] al francés F. Goñi, al alemán Emilio Herbrüger y a los ingleses William y John Helsby.[3]

El pintor Luis García Hevia, que se hacía conocer como Evia, se convirtió en el neogranadino que más activamente promovió la difusión de la fotografía. Antioquia fue la segunda región colombiana a donde llegó el invento en 1848 gracias a Fermín Isaza, probablemente alumno de García Hevia en la Academia de Dibujo y Pintura,[4] que abrió un gabinete en Medellín donde puso en práctica el invento de Daguerre en septiembre de 1848. También podría mencionarse a Rafael Sanín que fue discípulo de Herbrüger y trabajaba en Medellín en 1857.[4]

El daguerrotipo se estuvo practicando durante una década ya que pronto se introdujeron procedimientos fotográficos más baratos como el ferrotipo y el ambrotipo. Entre los fotógrafos que introdujeron estos procedimientos en Antioquia se encuentran el estadounidense Horacio Becker y el español Antonio Martínez de la Cuadra.[4]

La fotografía comercial

Las fotografías que se realizaban entre 1850 y 1890 eran sobre todo retratos que tenían unos planteamientos casi idénticos con independencia del fotógrafo que los hiciese, era la época de los estudios fotográficos. Uno de los primeros fue abierto por Juan Bennet y para él trabajó García Hevia aportando fotografías de exteriores y de la guerra civil de 1862, que el estudio vendía de modo individual o en álbumes. Otro fotógrafo que destacó en esos años fue Demetrio Paredes que también se incorporó a la fotografía desde la pintura y fue pionero en el empleo de las fotografías con fines políticos. Otros fotógrafos colombianos destacados fueron los Escovar, Gutiérrez Ponce y Rafael Villaveces.

En 1858 se creó en Medellín la sociedad «Wills y Restrepo» en la que trabajaron tanto los hermanos Vicente y Pastor Restrepo Maya como los fotógrafos Ricardo Wills y Miguel Gutiérrez. Esta sociedad fue la que introdujo la técnica del colodión húmedo que permitió hacer más asequibles las copias fotográficas utilizando el formato de la carte de visite patentado por Disdéri. [5] En 1869 tras el fallecimiento de Wills la firma adoptó el nombre de «Vicente y Pastor Restrepo» y diez años después «Restrepo, Latorre y Gaviria» hasta que en 1881 pasó a ser «Foto Gaviria» y estar regentada por Gonzalo Gaviria y Juan Nepomuceno Gutiérrez. Estas empresas disponían de estudios también en Bogotá y ofrecían los avances que se iban produciendo en el campo de la fotografía comercial.[1]

La publicación Papel Periódico Ilustrado dirigida por Alberto Urdaneta proporcionó a la fotografía un lugar destacado junto a los grabados que presentaba desde su fundación el 6 de agosto de 1881, en ella colaboraron entre otros Demetrio Paredes y Julio Racines hasta su cierre en 1888.

Contexto político y económico de expansión fotográfica

El desarrollo de la fotografía en Colombia durante la segunda mitad del siglo XIX estuvo estrechamente vinculado al contexto político y económico del país. Tras el colapso de la Confederación Granadina y la instauración del general Tomás Cipriano de Mosquera como Presidente Provisorio, se implementaron medidas fundamentales que favorecieron indirectamente la expansión del medio fotográfico.[6]

La Constitución de Rionegro de 1863, vigente durante trece años, estableció principios de federalismo y libertad individual especialmente propicios para el desarrollo fotográfico. La libertad de comercio facilitó la importación de cámaras, químicos y otros implementos fotográficos, principalmente de fabricación inglesa, francesa o norteamericana. Las relaciones comerciales independientes de cada estado con empresas exportadoras extranjeras contribuyeron a que existiera una amplia variedad en los aparatos disponibles, permitiendo que la fotografía llegara hasta los centros de población más apartados durante este período.[6]

La carte de visite y la democratización de la imagen

La aparición de la carte de visite desde principios de la década de 1860 representó un momento crucial en la democratización de la fotografía en Colombia. Este formato de retrato de tamaño pequeño (10 x 6 cm) se convirtió en un éxito comercial inmediato y colaboró especialmente a que la profesión fotográfica se consolidara y prosperara en el país.[6]

La invención de la carte de visite ha sido atribuida a varios fotógrafos europeos, aunque fue André Adolphe Disdéri quien solicitó la patente en 1854 y logró popularizarla al desarrollar un sistema que reducía costos dividiendo el negativo en múltiples partes. Su popularización masiva en Francia llegó en mayo de 1859, cuando Napoleón III detuvo sus ejércitos frente al estudio de Disdéri para hacerse retratar en este formato.[6] [5]

Fotógrafos destacados en carte de visite

Entre los primeros realizadores de cartes de visite en Colombia se cuentan Luis García Hevia, Manuel María Paz, Demetrio Paredes, José Gregorio Gutiérrez Ponce, Wills y Restrepo, Certain y Arrú, Gabriel Román Polanco, Domingo de la Rosa, Antonio Martínez de la Cuadra, Gabriel Pérez Fabelo, Apolinar Uribe y E. Herbrüger Jr. Finalmente, el número de fotógrafos dedicados a esta modalidad pasaría de cien.[6]

Demetrio Paredes fue sin duda uno de los fotógrafos más solicitados en este formato. Antes de dedicarse a la fotografía, Paredes había participado con éxito como pintor en la Exhibición del 20 de julio de 1849. También era tipógrafo y litógrafo, habiendo realizado el retrato litográfico del general Obando en 1852. Fue contratista de papel sellado y estampillas, introdujo maquinaria al país y trajo técnicos alemanes para manejarla. En 1861 se trasladó a Bogotá donde abrió un establecimiento fotográfico en cuyas instalaciones, además de producir cartes de visite, puso a la venta vistas estereoscópicas y reproducciones de grabados y mapas.[6]

Las cartes de visite de Paredes sobresalían por su sobriedad y elegancia, así como por su definición y permanencia, virtudes que evidenciaban su alto grado de profesionalismo. El fotógrafo sabía sacar partido a las ropas en estos retratos, acomodando a las personas en poses aristocráticas entre elementos variados como pedestales, columnas, balaustradas, cortinas y muebles decorativos.[6]

Los precios de las cartes de visite variaban según el fotógrafo: una docena de retratos realizados por Julio Racines se cotizaba en seis pesos, mientras que una de Rafael Villaveces costaba cinco pesos con ochenta centavos, y una de Wills y Restrepo no pasaba de los cinco pesos.[6]

José Gregorio Gutiérrez Ponce fue otro fotógrafo muy solicitado en Bogotá. No se limitó a vender retratos de personalidades y altos dignatarios, sino que fotografió también personajes populares con una intención documental e incluso irónica. Sus retratos de Manrique, Susunaga, Gonzalón y Víctor Santamaría demuestran humor en las poses sin disminuir su seriedad documental.[6]

Pastor Restrepo, en asocio con su hermano Vicente y el químico Ricardo Wills, realizó a mediados de la década de 1860 notables fotografías de plantas y especialmente de orquídeas propias de la región, en formato carte de visite. Estas imágenes sobresalen por su intención artística, implicación didáctica y énfasis en lo regional. Las plantas fueron registradas ofreciendo la máxima información posible sobre sus hojas y flores, sin elementos que distrajesen su forma. Restrepo fue el único fotógrafo, aparte de García Hevia, que participó con fotografías en las exposiciones de arte bogotanas durante esos años.[6]

Características y usos de la carte de visite

Las cartes de visite en Colombia, como en el resto del mundo, consistían originalmente en retratos de cuerpo entero de una sola persona realizados en estudio, aunque posteriormente variaron incluyendo parejas, reduciéndose al busto, o adornándose con elaboradas viñetas. La superficie fina y brillante del papel albúmina, eburnea o alabastrina contribuyó en buena parte a su éxito.[6]

Los respaldos de las cartes de visite incluían el nombre y dirección del fotógrafo impresos entre diseños expresivos del gusto de la época. Algunos estudios como los de Julio Racines, Pastor Restrepo y Gabriel Román Polanco encargaron como distintivo el escudo de la República. Más adelante, fotógrafos como Racines y Melitón Rodríguez hicieron incluir en dichos respaldos sus medallas y premios.[6]

A pesar de su nombre, estas cartes de visite no fueron realmente utilizadas como tarjetas de visita, sino que se intercambiaban entre parientes y amigos y se conservaban en álbumes de atractivas portadas en cuero, pasta o algún fino textil. Estos álbumes se exhibían en las salas aportando un pretexto para la conversación durante las visitas.[6]

La moda de la carte de visite se extendió en Colombia hasta mediados de la década de 1880, aunque perduró hasta comienzos del siglo XX. Durante el período de vigencia de la Constitución de Rionegro, el número de copias vendidas en los Estados Unidos de Colombia puede fácilmente pasar del millón, cifra significativa considerando que la nación no llegaba a los cuatro millones de habitantes.[6]

Comercialización y coleccionismo

Dos empresas bogotanas, la librería de Torres Caicedo y la imprenta de Nicolás Pontón, se especializaron en la venta de retratos de altos dignatarios y personajes importantes del país. Cuando la carte de visite estaba en su apogeo, se acudió a la reproducción fotográfica de viejos daguerrotipos e incluso de pinturas, dibujos y grabados para poder incluir a los héroes y otras personalidades destacadas en las colecciones.[6]

Un típico álbum de cartes de visite en el país podía comenzar con las imágenes de Bolívar y Santander (generalmente las pinturas de Espinosa), seguir con las de los presidentes y otros líderes políticos, continuar con escritores, pintores y cantantes de ópera, y terminar con los familiares y amistades del coleccionista. Finalmente aparecieron también retratos de personalidades extranjeras, por lo regular importados de Francia.[6]

Innovaciones y variaciones

Juan Martínez Lión realizó experimentos notables produciendo a comienzos de la década de 1870 las primeras fotografías de doble exposición parcial en América Latina sobre las cuales se tiene noticia. Incluyendo dos retratos de la misma persona en un solo negativo, Martínez Lión cubría media lente en sentido vertical, acomodaba a la persona de manera que correspondiera con la mitad del negativo expuesto, y repetía la operación cubriendo la parte antes descubierta de la lente y cambiando a la persona de lugar. Con estas fotografías se dio inicio en el país a una clase de truco fotográfico mucho más sofisticado que el telón, y se hizo énfasis por primera vez en que no siempre una fotografía equivale a la verdad.[6]

Por esta misma época comenzó también en el país el diseño de mosaicos o reunión de múltiples retratos con motivo de alguna situación o hecho memorable. Estos diseños eran realizados por regla general con base en cartes de visite, y cuando guardaban relación con los partidos o acontecimientos de repercusión política, se inaugura en el país el empleo de la fotografía con ánimo proselitista y con intención de propaganda.[6]

Fotografía costumbrista

La fotografía costumbrista apareció en Colombia con la carte de visite, unos quince años después de que Torres Méndez hubiera iniciado dicha tendencia en la pintura. Fotógrafos como Julio Racines, A.J. Bravo y Gutiérrez Ponce realizaron cartes de visite de vendedores, arrieros, cargueros, barrenderos y otros trabajadores urbanos y rurales, presentando información poco común sobre las ropas y otros implementos relativos a sus oficios.[6]

Posteriormente estos temas fueron realizados en formatos más grandes y adecuados para su difusión por medios gráficos, especialmente a través del Papel Periódico Ilustrado. Las fotografías de Racines que sirvieron de base a Julio Flórez y Ricardo Moros para los grabados de «Los Leñadores», «El Indio Jaulero» y los «Indios Estereros» ilustran también sobre este objetivo posterior del costumbrismo en la fotografía.[6]

Otros fotógrafos destacados

En Bogotá, Antonio Faccini, Emilio V. Mendoza, Juan M. Carrasquilla, Saturnino Zapata y Vargas de la Rosa se cuentan entre los retratistas que utilizaron la carte de visite con relativo éxito. En Medellín, aparte de Pastor Restrepo y Antonio Martínez de la Cuadra, Emiliano Mejía y Gonzalo Gaviria realizaron finos ejemplos en esta modalidad.[6]

Ezequiel de la Hoz y H.G. Harroun en Barranquilla, Quintilio Gavassa en Bucaramanga, Vicente Pacini, Juan Faccini y Marco A. Lamus en Cúcuta, Carlos A. Román en Cartagena, Francisco Villegas en Manizales, A. Nelaton y Otto Siemon en Panamá, Enrique Rives en Ocaña, Cayetano Landazábal en Pamplona, Emiliano Jaramillo en Sonsón, Pompilio Guzmán en Buga y Vargas y Tello en el Guamo trabajaron igualmente en este tipo de retratos.[6]

La tarjeta postal ilustrada

Las primeras tarjetas postales ilustradas con vistas iberoamericanas comenzaron a circular entre 1895 y 1900. Antes de esto, los servicios postales estatales ya emitían tarjetas oficiales con el sello impreso en su anverso y el reverso totalmente en blanco, pero eran monótonas y se empleaban principalmente para mensajes comerciales.[7]

Gracias a la iniciativa privada, las postales se rediseñaron mejorando la versión oficial. Las nuevas postales ilustradas incorporaron dibujos o grabados estampados litográficamente, o bien fotografías impresas en fototipia, que era el procedimiento de artes gráficas con mejores resultados. También existieron verdaderas fotografías en cianotipo o al gelatino-bromuro.[7]

En 1901 las tarjetas postales se pusieron de moda a nivel mundial. Enviar y recibir postales se convirtió en una afición internacional, y el coleccionismo permitía reunir muchas imágenes en álbumes, conociendo otras ciudades y países. Las postales antiguas eran del formato 9x14 centímetros. Hasta 1906 estaban «sin dividir», pero a partir de ese año los reversos incorporaron una línea vertical que separaba el espacio para escribir un mensaje (a la izquierda) y el espacio para poner el nombre y dirección del destinatario, además de pegar el sello (a la derecha).[7]

Técnicas de impresión

Hasta 1915 las postales se imprimieron con gran calidad, generalmente en el área germánica (Alemania, Suiza y Austria), exportándose a los países americanos. La Primera Guerra Mundial ocasionó la movilización general, afectando a los trabajadores de muchas imprentas europeas y causando falta de buenas cartulinas y tintas, lo que tuvo como consecuencia una pérdida de la excelencia.[7]

La mayoría de las postales antiguas editadas entre 1900 y 1914 se imprimieron en talleres de artes gráficas con el procedimiento llamado fototipia. Las imágenes resultantes estaban impresas con tintas, pudiendo dar buena nitidez y riqueza de tonos. Las postales en fototipia solían ser monocolores según el color de la tinta empleada, encontrándose imágenes en tonos azulados, verdosos, grises o marrones. A veces estas postales eran iluminadas a mano con la técnica de la acuarela.[7]

A partir de 1915 triunfaron las ediciones de postales fotográficas, que eran reales fotografías en cartulinas al gelatino-bromuro de plata. Los fabricantes de papeles fotográficos multiplicaron la comercialización de cajas conteniendo cartulinas sensibilizadas del formato 9x14 cm, en cuyo reverso ya solían estar impresas las palabras «Tarjeta postal» o su equivalente en otros idiomas.[7]

Editores de postales en Colombia

Dos de los más destacados editores de postales en fototipia en Colombia fueron Flohr, Price & Co, Barranquilla y Librería Colombiana – Bogotá. Ambos omitieron los nombres de los fotógrafos autores de las vistas.[7]

La empresa Flohr, Price & Co era una consignataria de buques con sede en la ciudad de Barranquilla, junto al río Magdalena, a pocos kilómetros de su desembocadura en el mar Caribe. Entre 1902 y 1907 editó postales principalmente de Barranquilla, pero también de Bogotá, Cartagena, Medellín y otros lugares como Ocaña y Facatativá. Sus postales se caracterizaban por estar muy bien impresas en fototipia, con una nitidez superior a la mayoría de las postales de la época.[7]

Melitón Rodríguez y otros fotógrafos de finales del siglo XIX

Otro fotógrafo destacado de finales del siglo XIX y principios del XX fue Melitón Rodríguez que con su hermano Horacio creó una compañía de fotografía en Medellín con el nombre de «Rodríguez y hermanos» aunque en 1899 cambió su nombre a «Melitón Rodríguez e Hijos». Su trabajo gráfico ofrece un testimonio de la vida en Antioquia durante la última década del siglo XIX y la primera del XX.[3] Dos de sus obras destacadas son reportajes sobre el Teatro Bolívar y el Parque Bolívar tomado desde la catedral. Benjamín de la Calle (1869-1934) también realizó reportajes interesantes sobre Yamural y Medellín y junto a los establecimientos de los hermanos Rodríguez, Rafael Mesa y Fotografía Escovar son los únicos establecimientos fotográficos que aparecen en el «Primer Directorio de la Ciudad de Medellín» para el año 1906. El trabajo fotográfico de Leo Matiz (1917-1998) en diversos medios impresos ocupa asimismo un lugar destacado.

El Club Fotográfico de Medellín

El 15 de mayo de 1955 se fundó el Club Fotográfico de Medellín que estuvo dirigido por Gonzalo Restrepo Álvarez y entre sus socios fundadores se encontraban Pablo Guerrero, Joaquín Jaramillo Sierra, Juan Guillermo Londoño, Edwin Bridge Mejía, Horacio Álvarez Correa, Octavio Mesa Tamayo y José Tejada Sáenz.[1]

Los registros con los que cuenta el CFM (en 2005), corresponden supuestamente a los 50 años de existencia; pero solo son referenciados los primeros 15 años (de 1955 a 1970); quedó muy poco de la correspondencia, los registros y las crónicas, por la falta de una cuidadosa conservación y la pérdida de los archivos y documentos de la historia.

Es así, el caso de muchas historias, documentadas o referidas; es inevitable el olvido; o al menos el pasar por alto hechos o personas. Las décadas del 70 y 80 son olvidadas; y la del 90 y entrado el nuevo siglo, el recorrido histórico del CFM, es veloz y casi sin documentar; se pierde la dimensión de rumbos o propósitos y personas del CFM, que hicieron la historia en la organización, en torno a la fotografía, en la ciudad de Medellín. Lo que parece un olvido, deviene en forma selectiva y aparece la discontinuidad, en la intervención y el trabajo de socios que contribuyeron al desenvolvimiento del mismo.

Las décadas sin información, son las que siguieron a los 15 años de la fundación; cuando algunos socios fundadores, dejaron el espacio a nuevos socios; fue necesario un mayor esfuerzo, entre unos antiguos y los nuevos socios, para la consolidación de las actividades fotográficas, justamente es un período donde se puso a prueba la viabilidad del club. Es insuficiente lo documentado en libros o publicaciones, que cubrió en forma restringida un panorama real; pero el Club sobrevivió en el período olvidado o no documentado.

En mayo de 1973, el club realizó un extraordinario curso sobre Fotografía Básica; era presidente Octavio L. Mesa y en la dirección del mismo, Jorge Cadavid quien congregó a una muy buena asistencia y la participación de destacados profesionales de la ciudad en los diversos aspectos de la actividad fotográfica. Los participantes en el curso, se consolidaron, al menos por una y quizás por dos décadas, como el grupo que participaría en todas las actividades del club, y a los cuales se integraban otros en calidad de invitados.

En 1980, el club celebró los 25 años de fundación con especial conmemoración y asistencia de socios fundadores y el grupo de asociados posteriores. Un especial reconocimiento al apoyo recibido por el club, de la empresa Oduperly Ltda. y un sentido reconocimiento, con placa conmemorativa, a los cuatro presidentes, que en el periodo de 25 años, tuvo el club en la presidencia del mismo: al Doctor Gonzalo Restrepo, le siguió Octavio León Mesa; a este Jorge Cadavid López y este fue seguido por Marta Olga Restrepo Uribe.

El CFM funcionó como una reunión de socios y de amigos, aficionados o profesionales de la fotografía, con unos estatutos y organización de 15 años atrás; y en la que se define como una entidad sin ánimo de lucro y con el interés común por la fotografía, su divulgación y promoción. Así el Club fue una escuela permanente de inquietudes, experiencias e intercambio de ideas, siempre en torno a la fotografía; la crítica o el análisis de la fotografía, fue la atmósfera normal del Club, con fundamento en los cánones de estética y énfasis en conceptos básicos de la composición, la iluminación, y el mensaje o contenido de la fotografía, con el particular punto de vista del fotógrafo y la técnica empleada. Resulta imposible y extenso, una descripción detallada de las ideas o conceptos que fueron manejados sistemáticamente, en reuniones los diferentes concursos y exposiciones, seminarios, cursos y conferencias.

En forma permanente el CFM contó con la presencia en todas las actividades, de Gonzalo Restrepo Álvarez, Juan Guillermo Londoño, Octavio León Mesa, María Victoria Duperly, Jorge Cadavid López, Alicia Restrepo de Londoño, Marta Olga Restrepo Uribe, Juan Fernando Mesa Villa, León Duque Giraldo, Fabio Bernal Bernal, Gustavo Adolfo Restrepo Restrepo, Jorge López, Paul Tieck, María Isabel Fernández. En cuanto a los socios fundadores, Joaquín Jaramillo Sierra, Pablo Guerrero Hurtado, Horacio Álvarez, Jaime Escobar Restrepo y José Tejada Sáenz; en el periodo señalado, participaron en forma más esporádica, pero compartiendo importantes experiencias sociales o técnicas; en las conferencias, cursos y reuniones, es necesario hacer mención de la presencia de fotógrafos como: Luis F. Calderón, Alberto Aguirre, Jairo Betancur, Emilio Serrano, entre otros.

En 2015, el Club celebra sus 60 años,[8] en los que ha cosechado, en todas las décadas y periodos, importantes logros y siguiendo la evolución del arte y actividad fotográfica del mundo. Ninguna época ha sido la mejor; cada una ha sido una respuesta al deseo de sus participantes y socios, sin exclusión ninguna, en mantener viva la actividad fotográfica en la ciudad de Medellín y fuera de esta.

Durante la Pandemia del Covid-19, en los años 2020 y 2021, las tradicionales reuniones de los martes continuaron en modalidad virtual. Esto permitió ampliar la membresía a personas que viven por fuera de Medellín y su Área Metropolitana. Actualmente el club tiene socios que residen en Rionegro, Jericó, Cali, Panamá y Estados Unidos.

A finales de 2021 la Cámara de Comercio de Medellín en su sede de El Poblado, abre nuevamente las puertas de sus modernos espacios en donde se continúan las reuniones semanales los días martes que ahora también se transmiten en forma virtual.

Para el año 2022, el Club celebra 67 años de vida realizando una exposición colectiva, siendo ella la exposición más grande de socios del club hasta la fecha con 40 participantes y 46 fotografías.[9]

Actualmente la Junta Directiva del Club está conformada por: Presidente Santiago Pareja Echeverri, Vicepresidente Juan Chilamack, Tesorera Yuliana Sepúlveda, Secretaria Luz Stella Gerlein y los vocales William Arango, Juan Fernando Mesa, Guillermo Gómez, Carlos López y Johnson Garzón.

Fotografía contemporánea

Hasta la década de 1960 no se empezó a considerar a la fotografía de un modo artístico, sino que se trataba de una técnica, fue la obra de los fotógrafos Hernán Díaz, Abdú Eljaiek y Nereo López la que proporcionó elementos para esta consideración tardía.

La primera gran exposición antológica de fotografías se realizó en Medellín en la Biblioteca Pública Piloto en 1981 con el título «100 años de fotografía en Antioquia» y dos años después en el Museo de Arte Moderno de Bogotá se realizó otra titulada «Una historia de la fotografía en Colombia». Estas exposiciones abrieron el camino al reconocimiento de la denominada «memoria visual» de Colombia incrementando el interés institucional por los archivos fotográficos y la adquisición o donación de fondos de los fotógrafos más significados.[10]

En el año 2005, el Museo Nacional de Colombia presentó una exposición de 300 fotografías representativas de la segunda mitad del siglo XX, a cargo de Eduardo Serrano, cuyo propósito fue estudiar el desarrollo de la fotografía en Colombia teniendo en cuenta las distintas vertientes temáticas y técnicas presentes en ese período, cuando

«...la fotografía en Colombia pasó de ser un pasatiempo lujoso y una novedosa herramienta técnica de la cual se valieron numerosos pintores colombianos a finales del siglo XIX y a comienzos del XX, para convertirse en nuevo lenguaje que utilizan no sólo los fotógrafos sino también los artistas que hacen de ella un valioso medio expresivo.
En ese período las modalidades que habían surgido con los inicios de la fotografía alcanzaron un alto nivel de desarrollo; los fotógrafos se especializaron y los argumentos desde los cuales éstos se aproximaron conceptualmente a las distintas temáticas se transformaron.»[11]

En ese medio siglo los siguientes temas acaparan el interés de los fotógrafos:

  • La tradición del retrato;
  • El desnudo;
  • Documento social;
  • Ensayo fotográfico;
  • Seducción de la naturaleza;
  • Arquitectura y urbanismo;
  • Objetos, arte y abstracción;
  • Artes escénicas, el cine y la moda;
  • Fotografía comercial;
  • Consolidación de la reportería gráfica y Fotografía subjetiva.

Fotografía y periodismo

En el periodismo fotográfico se puede incluir a Luis Benito Ramos (1899-1955) al que algunos autores consideran como un pionero en este campo y Leo Matiz Espinoza que estuvo realizando reportajes entre 1939 y 1997, aunque también estuvo especializado en retratos. Algunos fotógrafos que ofrecieron su trabajo gráfico en relación con el Bogotazo fueron junto a estos dos, José Robayo, Sady González, Manuel H. Rodríguez, Carlos Caicedo y Luis Gaitán. Este acontecimiento desempeña un papel muy importante en el periodismo fotográfico en Colombia ya que marca un nuevo concepto del mismo.

Otros fotógrafos en este campo fueron:

  • Efraín García (Egar).
  • Jorge Silva.
  • Daniel Rodríguez Rodríguez, asistente y estudiante de cámara fotográfica con Ramos.[cita requerida]
  • Alberto Garrido Solano (n. 6 de febrero de 1924) quien logró, luego de ser colaborador de Rodríguez llegar a la Jefatura de Personal del periódico el Espectador.[cita requerida]
  • Aristóbulo Moreno
  • Jorge Parga
  • Francisco Carranza.
  • Danilo Vitalini.
  • Viki Ospina (fotógrafa pionera en Colombia).
  • José Crisanto Lizarazo.
  • Jorge Mario Múnera.
  • Fabio Serrano.
  • Jesús Abad Colorado.
  • Erwin Kraus.
  • Andrés Hurtado García.
  • Zoraida Díaz.[12]
  • Luz Elena Castro.[13]

En 1950 se creó el Círculo de Reporteros Gráficos en el que participaron José Robayo (1922 - 2013), Luis Gaitán, Sady González, Alberto Garrido Solano, Carlos Jiménez, Manuel H. Rodríguez y Alicia Chamorro que fue pionera como reportera en Colombia.

Fotografía artística

La fotografía artística en Colombia tuvo sus inicios en la década de 1930 con los primeros trabajos desarrollados por Carolina Cárdenas Núñez, quien a menudo combinaba retratos y autorretratos con elementos de su propia producción artística, como cerámicas.

Bibliografía

  • Londoño Vélez, Santiago, Rafael Mesa. Catálogo de la exposición retrospectiva. Banco de la República, Medellín, 1988.
  • Londoño Vélez, Santiago, Benjamín de la Calle, fotógrafo. Catálogo de la exposición retrospectiva, Banco de la República, Medellín, 1993.
  • Mejía A., Juan Luis, La fotografía. En: Jorge Orlando Melo, Ed., Historia de Antioquia. Bogotá, Suramericana de Seguros, 1988.
  • Serrano, Eduardo, Historia de la fotografía en Colombia. Bogotá, Museo de Arte Moderno / OP Gráficas, 1983.

Referencias

Enlaces externos

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