Frente Argentino de Liberación
guerrilla argentina
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El Frente Argentino de Liberación (FAL), o Fuerzas Armadas de Liberación, o Fuerzas Argentinas de Liberación, fue una organización guerrillera con orígenes en 1968 (Pereyra, 2014, pág 195)[2] en Argentina de ideología marxista-leninista. La historiadora Stella Grenat (2010) considera que la FAL no fue una organización unitaria sino un frente que reunió a varios grupos que actuaron entre 1969 y fines de 1971. Juan Carlos Cibelli, uno de sus fundadores, ha declarado que su grupo tenía formada una célula en el temprano 1963 (Grenat, 2010, pág 88); aunque las proto FAL habían actuado ya en 1962. FAL se proponía difundir el comunismo y el socialismo entre los obreros, estudiantes y pobladores de las villas de emergencia.[3]
| Frente Argentino de Liberación | ||
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Escudo usado por la organización en sus comunicados y actos políticos | ||
| Operacional | 1967 - 1973[1] | |
| Objetivos | Combatir al capitalismo y al Imperialismo estadounidense | |
| Regiones activas |
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| Ideología |
Marxismo-leninismo Comunismo Socialismo Anticapitalismo Antiimperialismo Sindicalismo | |
| Aliados |
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| Enemigos | ||
| Estatus | Desarticulado | |
Origen y evolución
La principal característica de FAL será su conformación de columnas autónomas bajo una serie de presupuestos básicos: lucha armada como método de intervención, antiimperialismo y enfrentamiento a la dictadura, dejando para otras coyunturas diversas definiciones políticas e ideológicas. Sus orígenes se remontan a fines de la década de 1950 como organización de cuadros, tras desprenderse del “Grupo Praxis” de Silvio Frondizi, y hacia mediados de la década siguiente comenzará a operar. En tanto frente de columnas armadas, reunirá bajo la misma sigla a grupos de tendencia guevarista como a otros de mayor apertura al peronismo radicalizado. Algunas de sus columnas, como la Brigada Masetti, se autodisolverá en los primeros años de los setenta; otras se incorporarán al PRT-ERP, como la Columna Che Guevara y a la OCPO, como las FAL América en Armas.[4][5]
Según Gambini integraron el FAL seis agrupaciones: los disconformes con la Federación Juvenil Comunista encabezados por Hernán Jorge Enríquez; la Juventud Revolucionaria Peronista, del MRP (Movimiento Revolucionario Peronista) conducida por Gustavo Rearte; el Partido Revolucionario de los Trabajadores, sector El Combatiente; los Socialistas Revolucionarios que pasaron al Partido Obrero Revolucionario Trotskista (PORT); la Vanguardia Comunista (VC) de tendencia maoísta y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), influenciado por los pensamientos de Mao.[6]
Primeras acciones
En abril de 1962, cuando tenían entre 30 y 32 militantes, incluidas 8 o 9 mujeres realizó un robo en el Instituto Geográfico Militar sobre la calle Cabildo, de Buenos Aires, tras un año de planeamiento; fue el primer operativo de guerrilla urbana en la Argentina. Por medio de dos militantes que cumplían el servicio militar obligatorio en la unidad, hicieron un molde de cera de la llave de la Sala de Armas de la Institución, para duplicarlo e ingresar. Se llevaron 42 pistolas 11,25 mm. y 7 ametralladoras PAM y Halcón. No reconocieron su autoría, por lo que las autoridades lo atribuyeron a delincuentes comunes.
Luego, el grupo asaltó un Registro Civil para llevarse documentos de identidad en blanco con los que falsificar identidades apócrifas. Valiéndose de militantes empleados bancarios desviaban chequeras de clientes a una dirección propia y uno de ellos cobraba cheques cuya firma imitaban, utilizando esa falsa identidad. Obtuvieron así dinero para comprar entre 11 y 13 terrenos en el Gran Buenos Aires.[7]
El 5 de abril de 1969, un grupo cuya eficacia sorprendió a la Policía, tomó el Regimiento n.º 1 de Campo de Mayo y robó armas, sacadas en un camión que abandonaron y cuyos neumáticos, adquiridos por Alejandro Baldú, permitieron a la Policía llegar al agente de propaganda médica Alberto Arruda (27), Sergio Pablo Bjelis (27) y Carlos Malter Terrada (24), el abogado Hernán Henríquez y al empleado bancario Juan Carlos Cibelli, único detenido, quien permanecerá en prisión hasta 1973. No detectaron el nombre de la organización ni salió a la luz.
FAL estaba preparando un asalto a un tren pagador haciéndose pasar por personal de la Fuerza Aérea para lo cual Baldú junto a otro militante, Carlos Della Nave, debían pintar con los colores usados por esa arma en dos vehículos. Lo hacían en un galpón alquilado en las afueras de Luján cuando, entre el 16 y el 19 de marzo de 1970, la policía buscando delincuentes comunes ingresó, encontró armas, uniformes militares y camiones similares a los usados por la Fuerza Aérea y detuvo a Della Nave; según FAL también lo hizo con Alejandro Baldú, hecho negado por el gobierno.[8]
El secuestro del cónsul paraguayo
Los compañeros, que supieron casi de inmediato la detención, comenzaron a investigar diplomáticos a los cuales secuestrar para forzar que se legalizara la situación de Baldú y Della Nave, ya que suponían que estaban siendo torturados. Lo intentaron con el embajador de Alemania Federal en la Argentina, pero mientras lo vigilaban advirtieron que los custodios sospechaban. Probaron con el cónsul inglés de La Plata, al que empezaron a vigilar. Uno de los cuadros sugirió como objetivo al cónsul paraguayo en Ituzaingó (Corrientes) localidad cercana a Paraguay que se disponía a viajar a la Capital Federal con el fin de vender su Mercedes Benz mediante un aviso en el diario. Era una víctima de muy baja categoría para presionar, máxime en comparación con otros secuestrados en esa época en otros países por organizaciones armadas de izquierda, como el embajador de Estados Unidos en Brasil, Charles Elbrik; el empresario ítalo uruguayo Gaetano Pellegrini Giampietro, o el obispo de Guatemala, Mario Casariego, lo que suponía menos dificultades y quedaba en parte compensado porque estaba próxima la visita del presidente Alfredo Stroessner a la Argentina. El 24 de marzo de 1970 dos militantes fingieron interés en el vehículo, convencieron al cónsul que les mostrara el auto junto a su chofer y, al llegar a los bosques de Palermo, los amedrentaron con armas, abandonaron al chofer con el auto y se llevaron al cónsul.
El documento enviado a los periódicos, firmado como Frente Argentino de Liberación-Grupo Operativo Táctico Emilio Jáuregui, con fecha 24 de marzo de 1970, fue el primer mensaje a la opinión pública de una organización guerrillera en la Argentina en la década:
"El Comando Nacional del Frente Argentino de Liberación denuncia: 1) que hace seis días, dos de sus militantes antiimperialistas fueron detenidos por las fuerzas represivas del régimen de Onganía y sometidos desde entonces a las más bárbaras torturas, que han puesto en riesgo sus vidas. Estos compañeros son Carlos Della Nave y Alejandro Rodolfo Baldú, el último de los cuales es negado con la evidente intención de ser impunemente asesinado. 2) Ante el fracaso de las acciones legales emprendidas para liberarlos de la tortura y preservar sus vidas, el comando nacional del FAL comunica que a las 14.30 de la fecha, el Grupo Operativo Táctico de sus fuerzas patrióticas de liberación ha tomado como rehén al cónsul paraguayo Waldemar Sánchez, reconocido agente de la CIA y representante de la sangrienta dictadura de Stroessner, fiel sirviente del imperialismo yanqui, que desde tantos años explota y humilla a nuestro pueblo hermano. 3) El Comando Nacional del FAL exige: a) La aparición de nuestros compañeros antes de las 22 del día de la fecha, ante los periodistas de prensa y televisión, quienes deberán certificar su estado físico y darlo a conocer públicamente. b) La publicación textual del siguiente comunicado. 4) Asimismo, el FAL informa a los gendarmes de la dictadura que la seguridad de nuestro rehén depende exclusivamente de la paralización inmediata de todo intento de búsqueda y rescate y que el destino futuro de cualquier negociación de su libertad está determinado por el estricto cumplimiento del punto anterior. 5) El FAL aclara a su pueblo que ejerce la violencia revolucionaria contra la violencia de las fuerzas represivas, y que una medida de esta naturaleza es la única respuesta posible ante esta reiteración de brutalidad por parte de la dictadura. Este comando nacional aclara también que esta medida no está dirigida a lesionar la dignidad del estoico pueblo paraguayo, al que consideramos víctima de la misma opresión que la que soporta el pueblo argentino, como lo demostrará el próximo abrazo entre sus dos verdugos: Stroessner y Onganía."[9]
El suceso tuvo gran repercusión. Stroessner llegó a la Argentina y almorzó con Onganía en la residencia de Olivos. La posición de Paraguay, expresada por el canciller Raúl Sapena Pastor, fue que su gobierno “dejaba el problema en manos argentinas”, en tanto su homónimo local, Juan Bautista Martín, dijo que el gobierno paraguayo “no iba a interferir” y que no había iniciado gestión alguna. La suerte de Sánchez no inquietaba a los presidentes y Stroessner partió para la residencia El Messidor, en Villa La Angostura, en plan vacacional sin mencionar el tema en público.
La Policía Federal intentó sin éxito difundir la versión extraoficial de que Baldú podía haber sido muerto y enterrado por sus compañeros y un autodenominado Comando de Represión hizo explotar una bomba en el edificio donde viviría Jacobo Tieffenberg, presidente de la FUA y militante del PCR matando una mucama e hiriendo de gravedad a otra en represalia -según dijo en un comunicado- por el secuestro. Tieffenberg no vivía allí desde hacía años. A la noche el gobierno comunicó su rechazo a las exigencias, afirmó que Baldú estaba prófugo y Della Nave se encontraba “procesado por delitos comunes ante el Juzgado Federal de San Martín”. El cálculo era condenar a un diplomático de bajo rango que les importaba poco y demonizar a sus captores (junto con ellos, a la “subversión”).
En la madrugada del 26 de marzo, el juez Luque, interviniente en la causa por el allanamiento al galpón de Luján, tomó declaración indagatoria a Della Nave y permitió que fuera visto por los periodistas, que advirtieron lo que consideraron signos de tortura. El 27 de marzo, otro comunicado, firmado como Frente Argentino de Liberación Nacional, por primera vez explicitaba sus objetivos. Luego de reiterar su versión de lo ocurrido a Baldú y Della Nave afirmaron:
”Nuestro objetivo está puesto en el hombre, en la liberación del hombre, aunque en este duro camino queden vidas de hombres, pero siempre hemos tratado por todos los medios, aún a costa de nuestra seguridad, de evitar producir bajas innecesarias. Nunca hemos tenido que ultimar a hombre alguno. En la acción del Regimiento 7 de Infantería, optamos por evacuar prematuramente el terreno antes que abatir a un soldado conscripto que se dirigía a dar la alarma. En la acción de la toma de una comisaría en Tucumán, preferimos desarmar a golpes a varios policías antes que ultimarlos en el acto. En la acción durante la cual se copó un vivac en Campo de Mayo, permanecimos cincuenta minutos y nos retiramos sin provocar ningún daño físico a ninguno de los setenta soldados y suboficiales de la unidad. ”Pero ahora ha sido ultimado, no en el combate, no en la acción, sino fríamente, premeditadamente, uno de nuestros compañeros más queridos. Esto cambia nuestra posición y nos obliga a adecuarla a esta realidad. Combatimos en nombre de la vida, de la dignidad humana, del hombre. Combatimos en nombre de la libertad y de la justicia. Para ello debimos enfrentar a una dictadura, a un régimen que, en nombre de la explotación, apaña a asesinos y condecora a ladrones. Quede claro ante nuestro pueblo que el terror, el crimen y la tortura no son responsabilidad de unos pocos matones, sino de todo un régimen que necesita de terroristas, de criminales y de torturadores para perpetrar su opresión. Estamos totalmente convencidos de que el enfrentamiento no es entre el gobierno y el Frente Argentino de Liberación Nacional, que la represión no sólo es descargada sobre miembros del FAL, como lo atestiguan las masacres del gobierno hacia el pueblo cordobés para enfrentar la rebelión obrero-estudiantil. Los asesinatos de Bello, Cabral, Pampillón, Hilda Guerrero de Molina, Felipe Vallese, Emilio Jáuregui tampoco deben quedar impunes. Pero en realidad sólo se hará justicia cuando, definitivamente, el pueblo en armas, constituido en ejército revolucionario desde el campo y la ciudad, destruya golpe a golpe el aparato que sostiene el poder de la oligarquía y el imperialismo y comience a transitar por el camino de la liberación nacional y social. Que este día no está lejos nos lo dicen las luchas crecientes que desarrollan también los hermanos pueblos latinoamericanos y sus vanguardias. Nos lo dice también la dictadura que, atemorizada, amenaza al pueblo con reprimirlo en un desesperado intento de impedir el triunfo de los ideales revolucionarios. Comprendemos su desesperación; ellos saben que van a contramano de la historia. Frente Argentino de Liberación Nacional (FAL), 27 de marzo de 1970”.
A la madrugada siguiente, liberaron al cónsul -que reconoció el buen trato- con dinero para volver a su hotel. El episodio inspiró la novela de Graham Greene, El Cónsul Honorario, ambientada en una ciudad ficticia del noreste argentino, en la que una fuerza insurgente paraguaya para exigir la liberación de presos políticos del régimen de Stroessner, secuestra a un diplomático de poca monta.
La revista Análisis en una nota sin firma hizo este balance: “El FAL consiguió algunos puntos victoriosos: una espectacular movilización policial había resultado infructuosa [para detenerlos o rescatar al cónsul], la organización guerrillera había ganado notoriedad internacional, y la aureola de humanitarismo les pertenecía” y el gobierno había “mantenido la imagen de autoridad al no aceptar el chantaje político”.
Dentro del FAL, según uno de sus militantes, consideraron que los fascinó la repercusión en los medios y les pareció que el secuestro había tenido una fuerza mucho mayor que ninguna otra acción, y que ese era el atajo correcto para seguir la lucha, una forma de operar sobre la realidad más rápida y efectiva que cualquier trabajo político de masas. Sin embargo, apenas dos meses después, el 29 de mayo de 1970, fue eclipsado por el secuestro y posterior asesinato de Pedro Eugenio Aramburu y nadie recordó más al cónsul.
Della Nave enloqueció años después. Baldú desapareció, ninguna fuerza u organismo del Estado reconoció haberlo detenido, por lo que puede considerárselo como un primer detenido-desaparecido de la “guerrilla” o de la lucha armada, “pero todavía se trataba, por decirlo así, de “accidentes” de la represión, y no de una metodología planificada de exterminio; de hechos que incluso les causaban molestias a los represores, porque debían borrar todas las huellas del crimen sin contar con la logística eficiente que se implementaría seis años más tarde”.[9]
Otras acciones de ese año fueron el asalto del Banco Provincial de Córdoba en el departamento Unión, el 18 de junio; el robo en Córdoba el 8 de agosto de un camión de aves cuya carga distribuyeron en un barrio humilde; el asalto al tren El Rosarino el 25 de septiembre del que robaron dinero y armas de la custodia; el asalto el 6 de octubre de la Clínica Mayo en La Plata, donde robaron instrumental quirúrgico; en septiembre de 1973 miembros de la Brigada Salvador Allende dispararon a la residencia de la Embajada de EE. UU. seis proyectiles sincronizados y apuntados a lugares no habitados del edificio; el secuestro de un avión el 15 de octubre para arrojar volantes sobre Rosario; el ataque del 29 de octubre a tres policías que custodiaban la embajada de los Estados Unidos, robándoles armamento y uniformes, y el asesinato del subcomisario Osvaldo Sandoval, segundo jefe de Asuntos Políticos de la Policía Federal el 14 de noviembre.[10][11]
Otras actividades
El grupo se mantuvo vigente a pesar de escisiones como: el FAL «22 de Agosto»;[12] FAL «Che Guevara»;[13] FAL «América en Armas»;[14] la Brigada Masseti (responsable de una «expropiación» al supermercado Llaneza en Buenos Aires);[15] y la FAL «Columna Inti-Peredo» (este último clamó responsabilidad por el Copamiento del Registro Nacional Automotor de San Justo).[16]
A la larga, esas facciones se disolvieron, reagrupándose a la FAL original u a otras guerrillas.[16]
Algunas escisiones llamaron a la población a votar en las elecciones de marzo de 1973, donde expresaron su apoyo al Frente Justicialista de Liberación.[16]