George Fitzmaurice
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| George Fitzmaurice | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
13 de febrero de 1885 | |
| Fallecimiento |
13 de junio de 1940 (55 años) | |
| Sepultura | Forest Lawn Memorial Park | |
| Nacionalidad | Estadounidense y francesa | |
| Familia | ||
| Cónyuge |
Roberta (1934 - ¿?) Diana Kane (1927 - ¿?) (divorciados) 1 hijo Ouida Bergère (¿? - ¿?) | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Director de cine y realizador | |
| Distinciones |
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| Firma | ||
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George Fitzmaurice (París, 13 de febrero de 1885-Los Ángeles, 13 de junio de 1940) fue un director de cine estadounidense de origen francés. Fue uno de los pioneros del Hollywood mudo, aunque su larga carrera también alcanzó el cine sonoro. Destacó como director de actores, hizo brillar a mitos del celuloide como Rodolfo Valentino o Greta Garbo y rodó películas que hoy se consideran clásicos del cine, como Mata Hari (1931).

Su filmografía comprende las dos primeras etapas del séptimo arte: el período mudo, y la época sonora en blanco y negro con algunos ensayos del technicolor. En la primera tiene varios títulos interesantes, como The quest of sacred jewel (drama de aventuras que supone su debut oficial en el cine norteamericano en 1914, La marca de Caín (1917) y The Naulahka (1918.
Primeros éxitos
En 1923 consigue su primer gran éxito con el suntuoso melodrama Bella donna, con Pola Negri -famosa ya tras sus interpretaciones para Lubitsch como Ana Bolena o Madame DuBarry en Alemania-, Conrad Nagel y Adolphe Menjou. Ese mismo año estrenó el melodrama bélico La ciudad eterna, con Lionel Barrymore y Richard Bennett al frente de un reparto de secundarios donde figuraba Barbara La Marr.
Con Tarnish (1924), el realizador logra reunir a un trío de intérpretes de moda (May McAvoy, Marie Prevost y Ronald Colman en una comedia dramática. Su relación profesional con Colman continua con A thief in paradise (1925) y The dark angel (1925), siendo esta última una fiel adaptación de la obra teatral de Guy Bolton.
En 1926, el cineasta logró un gran éxito con El hijo del caíd (1926), que consagró definitivamente a Rodolfo Valentino como mito de la gran pantalla tras encadenar varios fracasos de taquilla, y que se convirtió en la última cinta del actor, que falleció poco después de su rodaje.