Gramática del texto
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La gramática del texto es una disciplina lingüística que aborda el estudio del funcionamiento textual. Analiza la relación solidaria entre las partes internas del texto así como sus relaciones con los contextos en los que se produce y recibe.[1][2][3]
Se trata de una disciplina descriptiva y explicativa, pero no normativa, es decir que analiza textos, pero no pretende imponer el modo correcto de producirlos. Su método de trabajo empírico consiste en el relevamiento, análisis y clasificación de los mecanismos léxico-gramaticales que se encuentran en muestras reales de textos, mecanismos que operan a nivel discursivo y que explican la coherencia y la cohesión.[1][4][5][3] Algunos de estos mecanismos pueden ser los que se utilizan para el mantenimiento de los referentes, es decir, de aquellos objetos de los cuales el texto trata; los marcadores discursivos, que son partículas invariables que no ejercen una función sintáctica en la oración sino que poseen un alcance discursivo, o las marcas de deixis, en las que el texto ofrece huellas de la persona, del lugar y del momento de la producción del texto, entre otros.
Una gramática textual es una gramática porque forma parte de la descripción de una lengua.[1] Como tal, supone que así como existe en las lenguas una gramática que genera oraciones,[6] existe también un nivel más general de esta gramática que explicaría cómo se generan los textos.[7] Así, de la misma manera en que una gramática oracional nos permite distinguir entre una oración bien formada y una agramatical, también podría distinguir un texto genuino de una secuencia de oraciones bien formadas pero incoherentes entre sí.[8][2] Lo que marca la diferencia principal con la gramática tradicional es entonces el carácter transoracional.[1]
Otra diferencia importante entre ambos enfoques estriba en que la gramática del texto es una ciencia empírica, es decir, que se apoya en el análisis de datos, al contrario de lo que sucede en otras ramas de la descripción gramatical y la lingüística general, en los que resulta común proceder por medio de la introspección, esto es, la observación del uso de la lengua por parte del propio analista. En este sentido, la gramática del texto comparte presupuestos metodológicos con la lingüística de corpus,[9] con la diferencia de que en la gramática del texto los métodos suelen ser normalmente cualitativos y las muestras de texto se analizan una por una, de manera manual, como en el análisis del discurso.[10]
En relación con la lingüística del texto, se presentan muchas similitudes teóricas y metodológicas, compartiendo ambas aproximaciones gran cantidad de referencias bibliográficas.[11][4] Sin embargo, entre ambos enfoques existe una diferencia de los términos de base: el objeto de una gramática es la descripción de una lengua, mientras que el objeto de la lingüística es el estudio del lenguaje.[12] Del mismo modo, el objeto de estudio de la lingüística del texto son los actos de habla, un fenómeno translingüístico o universal. La gramática del texto, en cambio, es más restringida porque se ocupa de explicar cómo es que esos elementos universales del discurso funcionan en una lengua en particular. Por ejemplo, la lingüística del texto puede estudiar el fenómeno de la digresión (en sí mismo), mientras que la gramática del texto describe cómo se introduce una digresión en una lengua determinada.[1]
Al igual que con la lingüística del texto, la gramática del texto también comparte una serie de presupuestos teóricos y metodológicos con el análisis del discurso. Sin embargo, en este caso también se trata de un campo más amplio y diverso, siendo un lugar de encuentro multidisciplinar entre diversas ciencias sociales, con intereses y presupuestos teóricos muy heterogéneos.[10][13][2] En contraste con el análisis del discurso, la gramática del texto puede considerarse un área más técnica y centrada en los aspectos gramaticales, sin llegar a indagar en las relaciones sociales que subyacen a los intercambios comunicativos analizados. Un motivo que puede explicar la amplia zona de contacto entre ambas áreas es el valor argumentativo que tienen muchos de los mecanismos gramaticales utilizados, lo que puede llevar al estudio de la retórica del discurso considerando un contexto social más amplio. Un ejemplo de este enfoque está representado por el análisis crítico del discurso, que pretende poner en evidencia prácticas discursivas de grupos hegemónicos en los medios de comunicación o en la sociedad general, como así también denunciar el discurso racista o xenófobo, entre otros temas.[2]
Origen e historia
La gramática del texto como ciencia es una corriente relativamente moderna, ya que no es sino hasta finales de los años sesenta y principios de los setenta cuando se comienza a hablar de manera más clara y concisa sobre la gramática del texto.[2] Sin embargo, se nutre de conceptos que han existido durante varios siglos de estudios sobre el lenguaje.
Entre los primeros antecedentes históricos de la disciplina se puede mencionar al gramático sánscrito Panini, del siglo IV. a. C., por su interés en el estudio de los textos védicos, del que surge una pormenorizada descripción de la gramática y la fonética del sánscrito para su correcto empleo en las ceremonias religiosas.[14] Panini presenta a la gramática como un sistema de reglas y, entre otros conceptos clave de la gramática del texto, enuncia por primera vez las ideas de proposición (karaka), predicado y argumento.[15]

Antecedentes posteriores se encuentran en el mundo griego, cuando los filósofos centraron su interés en el origen y uso del lenguaje. Por su relevancia para la moderna gramática del texto, la figura que destaca es la de Aristóteles, principalmente por su estudio de la retórica, la primera teoría de la argumentación. El interés principal de la retórica de Aristóteles está en determinar cuáles son las estrategias que utilizan los oradores para lograr su objetivo, ya sea persuadir a un interlocutor o comunicar su intención.[16]
Otros filósofos griegos continuaron descubriendo fenómenos que aun son estudiados por la gramática del texto. La escuela de los estoicos continuó desarrollando las ciencias del lenguaje: estudiaron temas como las formas de predicación, las declinaciones, la semántica, el aspecto léxico y la separación entre tema y rema, entre otros fenómenos que seguirían siendo desarrollados más tarde por la escuela de los alejandrinos. Entre estos últimos cabe destacar las figuras de Dionisio Tracio y Apolonio Díscolo, considerados padres de la gramática moderna y los primeros en estudiar temas centrales de la gramática del texto como la correferencia (anafórica y catafórica) así como la deixis, además de otros aspectos de tipo sintáctico. Fundamentalmente, hay que destacar de los alejandrinos el estar entre los primeros, después de Aristóteles, en postular el texto como objeto de estudio.[14][17]
Los siguientes antecedentes de la disciplina se encuentran a lo largo de la Edad Media, dentro de un contexto de paulatino desarrollo de las ciencias del lenguaje. Específicamente para el estudio de la gramática del texto, cabe destacar el aporte de Pedro Abelardo (siglo XII) por su distinción entre el dictum, o contenido proposicional básico, y el modus, como predicado del propio predicado. Otro aporte de este filósofo es que su análisis es ahistórico, a diferencia del curso que tomarían los estudios del lenguaje posteriormente, en el renacimiento y la modernidad, interesados por el estudio histórico y comparativo de las lenguas.[18][19][20]
Con la llegada de la Edad Moderna, la lingüística nuevamente toma un curso diferente, que la aleja tanto del historicismo/comparatismo como del estudio del texto y del lenguaje en uso, para acercarla al estudio de la lengua como sistema, particularmente a partir de la obra de Ferdinand de Saussure.[21] La separación entre lengua y habla que plantea, y la identificación de la lingüística moderna solo con el primero de los fenómenos, implicaría una pérdida del interés por el estudio del texto, posición coincidente con la de Leonard Bloomfield[22] y que sería luego mucho más extrema con la obra de Noam Chomsky,[6] quien explícitamente deja al texto fuera del foco de interés de una gramática. Tanto Saussure como Chomsky muestran desinterés por el estudio del texto en favor de la lengua como sistema, en caso de Saussure, o de la competencia de un hablante/oyente ideal, en el caso de Chomsky. Sin embargo, no puede decirse que estos autores no hayan representado una influencia para la moderna gramática del texto, ya que sentaron las bases que serían posteriormente adoptadas y extendidas por la nueva disciplina.

Poco a poco, hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta, y a partir de diferentes intereses y disciplinas, comienza a gestarse la idea de una gramática del texto como explicación del algoritmo que podría distinguir entre un texto y un no texto, de la misma forma que Chomsky antes postulaba un algoritmo para distinguir entre una oración bien formada y una agramatical.[7] Parte de la causa del desarrollo del campo también está fuera de la evolución de la propia lingüística, ya que existe una demanda por parte de otras ciencias sociales como la sociología (en particular la microsociología y el análisis conversacional), así como la antropología, etnografía, etnometodología, psicología e inteligencia artificial, entre otras.[10] Otras causas externas a la lingüística que explican el desarrollo del interés por el análisis del texto fueron las necesidades prácticas del procesamiento automatizado de textos, como la traducción automática, resumen automático, documentación y recuperación de información, entre otros temas de la lingüística computacional.[11][4] Todos estos movimientos presionaron para el desarrollo de distintas formas de análisis del texto, y la gramática del texto fue la primera en surgir como programa de investigación.[23]
