Granja avícola
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Una granja avícola es un establecimiento agropecuario dedicado a la cría de aves de corral, como pollos, pavos, patos, y gansos, con el propósito de consumir su carne o sus huevos. Las aves de corral son criadas en grandes cantidades; de hecho, la cría de pollos y gallinas es la más importante. Anualmente se crían en todo el mundo más de 50 000 millones de pollos para el consumo de su carne y de sus huevos.[1] Las gallinas criadas para la producción de huevos se denominan ponedoras, mientras que los pollos criados para el consumo de su carne se denominan broilers.[1]
Cría intensiva de aves
Según el Worldwatch Institute, el 74% de la carne de ave y el 68 % de los huevos que se consumen en el mundo se producen mediante métodos denominados «intensivos»[2]
Los métodos intensivos de cría de aves se caracterizan por mantener una gran cantidad de animales en un espacio reducido, lo que provoca la acumulación de heces fecales que pueden causar enfermedades infecciosas.[3] Por esta razón, los productores avícolas utilizan antibióticos para estimular el crecimiento de las aves, tratarlas y evitar brotes epidémicos durante el proceso de crianza.[4] Los pollitos macho se sacrifican porque no ponen huevos y engordan más lento que las hembras. Solo en el Reino Unido se consumen más de 29 millones de huevos al día.
En Estados Unidos la producción avícola está supervisada por la Food and Drug Administration (FDA). En el Reino Unido es el DEFRA, el Departamento del Medio Ambiente, Alimentos y Asuntos Rurales, el encargado de controlar la producción avícola.
Comúnmente, los antibióticos se añaden al alimento o al agua de consumo de los animales, ya que este método es más efectivo que la medicación por vía parenteral cuando se trata de hacer un tratamiento masivo.[4] A través del uso de estos medicamentos se pretende evitar la disminución de la producción de huevos y carne, y así prevenir las posibles pérdidas económicas derivadas de las enfermedades causadas por diferentes agentes.[5]
Los antibióticos se clasifican según su efecto sobre las bacterias. Los bacteriostáticos inhiben el crecimiento e impiden la reproducción de las bacterias, mientras que los bactericidas las destruyen.[6] Aunque los medicamentos pueden ayudar a tratar las enfermedades, las bacterias que las causan pueden sufrir mutaciones genéticas que las ayudan a combatir el efecto de los antibióticos[7] volviéndolos ineficaces.
Cuando una persona consume carne de animal que haya estado bajo tratamiento, las bacterias resistentes pueden transmitirse a esa persona,[8] llo que podría causarle infecciones más difíciles de tratar. Por esta razón, se considera que la resistencia de las bacterias es consecuencia de las condiciones de la producción intensiva,[9] por lo que es muy importante hacer un uso adecuado de los medicamentos, utilizándolos solo cuando sea necesario y en la dosis apropiada.[6]
Sistemas de gestión de gallinas ponedoras
Las gallinas destinadas a la producción comercial suelen comenzar a poner huevos cuando tienen entre 16 y 20 semanas de edad, aunque la producción disminuye gradualmente poco tiempo después de que la gallina cumpla las 25 semanas.[10] Por ello, en muchos países se considera que las gallinas ya no son económicamente viables cuando alcanzan las 72 semanas de edad y se sacrifican tras aproximadamente 12 meses de producción de huevos,[11] aunque las gallinas pueden vivir de manera natural 6 años o más. En algunos países, a las gallinas se les fuerza a que muden las plumas para revitalizar su capacidad de poner huevos.
En los sistemas de gestión de puesta de huevos, a menudo se controlan automáticamente las condiciones ambientales. Por ejemplo, al principio se aumenta la duración del período de luz para estimular el inicio de la puesta de huevos cuando las gallinas tienen entre 16 y 20 semanas de edad, y después se reproduce la cantidad de horas de luz del verano, lo que hace que las gallinas continúen poniendo huevos durante todo el año. Por lo general, la producción de huevos solo tiene lugar durante los meses calurosos. Algunas razas comerciales de gallinas pueden poner más de 300 huevos al año. Los críticos sostienen que la producción continua de huevos durante todo el año estresa a las aves más que si la puesta se produjera solo durante las temporadas normales.
Jaulas en batería


La mayoría de las gallinas de numerosos países se crían en jaula en batería para gallinas ponedoras, aunque desde 2012 la Directiva del Consejo de la Unión Europea 1999/74/EC[12] ha prohibido el uso del sistema convencional de jaulas en batería en los estados de la UE. Estas jaulas, de pequeñas dimensiones y construidas de metal en los sistemas modernos, alojan de tres a ocho aves. Las paredes están hechas de placas o red metálica y el suelo tiene una pendiente de red metálica para que las heces caigan a través de ella y los huevos rueden hasta una cinta transportadora que los recoge. Por lo general, el agua se proporciona mediante picos elevados y la alimentación se suministra a través de una canaleta situada en la parte frontal de la jaula, que se rellena de alimento a intervalos regulares mediante una cadena mecánica. Las jaulas están dispuestas en largas filas de varios niveles, a menudo apiladas unas sobre otras.
En un mismo cobertizo pueden existir varios niveles con jaulas en batería, por lo que un cobertizo puede albergar varias decenas de miles de aves. A menudo, la intensidad de la luz es baja (alrededor de 10 lux) para reducir el picoteo de plumas y de cloacas. Las ventajas de las jaulas en batería son: permiten un manejo más fácil de las aves, se eliminan los huevos del suelo, que son más costosos de recolectar, los huevos están limpios, la captura al finalizar el período de puesta es sencilla, por lo general se requiere menos alimento para producir huevos, se elimina la incubación, se pueden alojar más gallinas por unidad de superficie del cobertizo, los parásitos internos se tratan con mayor rapidez y se reduce la cantidad de mano de obra necesaria.
En las granjas avícolas que utilizan jaulas para la producción de huevos, hay más aves por unidad de superficie, lo que incrementa la productividad y reduce el coste de los alimentos.[13] En los países donde hay una legislación al respecto, la superficie de suelo se establece en 300 cm² por gallina. Los estándares de la UE de 2003 establecen una superficie mínima de 550 cm² por gallina.[14]
En los Estados Unidos, La Asociación de Productores de Huevos recomienda entre 430 a 560 cm² por ave.[15] A menudo se ha indicado que el espacio disponible para las gallinas en una jaula es menor que la superficie de una hoja de papel en formato A4.[16]
Los estudiosos del bienestar de los animales han criticado las baterías de jaulas porque no tienen suficiente superficie para que las gallinas puedan levantarse, caminar, batir las alas, encaramarse a un palo o construir un nido. Muchas voces coinciden en que las gallinas sufren aburrimiento y frustración al no poder desarrollar estos comportamientos,[17] lo que puede dar origen a una amplia gama de comportamientos anormales. Algunos de estos comportamientos son perjudiciales para las gallinas y sus compañeros de jaula.
Jaulas mejoradas
En 1999, la Directiva 1999/74/CE del Consejo de la Unión Europea[12] prohibió el uso, a partir del 1 de enero del 2012, de las jaulas convencionales de batería para gallinas ponedoras en toda la Unión Europea. Con anterioridad, ya habían sido prohibidas en otros países, como Suiza. A raíz de ello, en la década de 1980 comenzaron a desarrollarse prototipos de jaulas comerciales mejoradas. Estas jaulas están diseñadas para alojar gallinas ponedoras y resolver algunos de los aspectos que afectaban al bienestar de las aves en las baterías de jaulas, manteniendo sus ventajas económicas y de manejo y ofreciendo algunas de las ventajas sobre el bienestar de los sistemas que no utilizan jaulas.
Muchas de las características del diseño de las jaulas mejoradas se han incorporado porque las investigaciones sobre el bienestar animal han demostrado que benefician a las gallinas. En el Reino Unido, el «Código de bienestar de las gallinas ponedoras», publicado por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (DEFRA),[18] establece que las jaulas mejoradas deben tener al menos 750 cm² de superficie por ave, de los cuales 600 cm² deben ser utilizables. La altura utilizable de la jaula debe ser de al menos 20 cm en toda su extensión y ninguna jaula puede tener un área total inferior a 2000 cm². Además, las jaulas modificadas deben tener un nido, sustrato para permitir el picoteo y el rascado del suelo, apoyos adecuados con una superficie mínima de 15 cm por gallina, un dispositivo para gastar el pico y un acceso a alimentos que permita el paso sin restricciones y proporcione un espacio mínimo de 12 cm por gallina.
Las razas modernas de gallinas ponedoras a menudo sufren osteoporosis, lo que debilita su sistema óseo. Durante la puesta de huevos, se transfieren grandes cantidades de calcio desde los huesos para formar la cáscara del huevo. Aunque se les proporciona una dieta con un elevado nivel de calcio, la absorción de este mineral no siempre es suficiente para reponer el calcio óseo, dada la intensidad de la producción. Esto puede provocar fracturas óseas, especialmente en aquellas gallinas que son retiradas de las jaulas al finalizar la puesta.
Cría de aves alternativa
Una alternativa a la producción avícola intensiva es la cría en campo abierto y el sistema conocido como yarding. Aunque, por lo general, el coste de producción es menor cuando se utilizan métodos intensivos, los métodos alternativos ofrecen mejores condiciones a los animales.

Campo abierto

La granja avícola que utiliza métodos de cría en campo abierto permite que los pollos circulen libremente fuera de los cobertizos durante varias horas al día, aunque por lo general se les guarda en los cobertizos por la noche para protegerlos de los depredadores o de las malas condiciones meteorológicas. En el Reino Unido, el DEFRA establece que un pollo criado en libertad debe tener acceso a espacios al aire libre durante al menos la mitad de su vida. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, esta definición también se aplica a las gallinas ponedoras criadas en estas condiciones. La Unión Europea regula los estándares de comercialización de la producción de huevos y especifica que las condiciones mínimas para huevos de campo abierto son que «las gallinas tengan acceso continuo durante las horas de luz natural a espacios fuera de los cobertizos, excepto en caso de restricciones temporales impuestas por las autoridades veterinarias».[19]
Los «Estándares de bienestar para gallinas ponedoras y pollos» (Welfare standards for laying hens and pullets) de la sociedad animalista británica RSPCA establecen que la densidad poblacional de aves no debe ser superior a 1000 aves por hectárea (10 m² por pollo) y que debe haber una zona de sombra o refugio de al menos 8 m² para cada 1000 pollos.
Se observa un incremento en la penetración en el mercado de la producción de huevos de gallinas criadas en libertad. Según indica Defra, el 45 % de los huevos producidos en el Reino Unido en 2010 procedían de gallinas criadas en libertad, el 5 % de gallinas criadas en cobertizos y el 50 % de gallinas criadas en jaulas. En 2009, solo el 41 % de la producción se había obtenido mediante gallinas criadas en libertad.[20]
El terreno apropiado debe tener un buen drenaje para minimizar la presencia de gusanos y parásitos coccidiasinas, protección frente a los vientos predominantes, buena ventilación, acceso y protección frente a depredadores. Las condiciones de calor, frío o humedad excesiva tienen un efecto perjudicial sobre los animales y su productividad. Quienes operan una granja de tipo campo abierto deben realizar menos controles que quienes operan con jaulas en lo que respecta a la alimentación de los pollos, ya que esta puede afectar a la productividad, aunque la ingesta de suplementos alimenticios reduce esta incertidumbre. En algunas granjas, las deposiciones de las aves de campo abierto se utilizan como abono para los cultivos.[21]
La cría de gallinas ponedoras en libertad les permite ejercer sus comportamientos naturales, como picotear, rascarse, alimentarse y ejercitarse al aire libre.[22]
Tanto la cría intensiva como la de campo abierto plantean ciertos problemas en cuanto al bienestar de los animales. El canibalismo, el picoteo de plumas entre aves y el picoteo de la cloaca pueden ser comportamientos comunes, por lo que algunos granjeros utilizan el recorte del pico como medida preventiva, aunque estos problemas desaparecerían si se redujera la densidad de población.[23] Las enfermedades son relativamente frecuentes y los animales son vulnerables a la acción de depredadores.[23] Los sistemas de cobertizos son los que resultan en las peores condiciones de bienestar de las aves.[23] En el sureste asiático, la falta de un control sanitario en la cría a cielo abierto ha sido identificada cómo una de las causas de los brotes de la gripe aviar.[24]
Ecológicos
En los sistemas de puesta de huevos orgánicos o ecológicos, las gallinas también se crían en libertad. En estos sistemas, se restringen los colorantes sintéticos en la yema, la administración de medicamentos en los alimentos o el agua, el uso de otros aditivos alimentarios y aminoácidos sintéticos, y se mantiene una menor densidad poblacional y grupos de dimensiones más reducidas. Los estándares de la Asociación del Suelo[25] utilizados para certificar las explotaciones ecológicas en el Reino Unido, establecen que la máxima densidad a campo abierto no debe ser superior a 1,000 aves por hectárea y no más de 2,000 aves por cobertizo de aves. En Reino Unido a las gallinas ponedoras orgánicas por lo general no se les recorta el pico.
Yarding
A menudo confundido con el campo abierto, el yarding es otro método de cría de aves en el que se crían pollos y vacas juntos. La diferencia con la cría a campo abierto es que en el yarding las aves se encuentran o bien sin ningún tipo de cercado o con un cercado tan lejos que tiene poca influencia en su libertad de movimientos. El yarding es una técnica utilizada por pequeñas granjas del noreste de Estados Unidos. Las aves se liberan diariamente de jaulas o gallineros. Por lo general, las gallinas ponen huevos en el suelo del corral o en canastas colocadas por el granjero. Esta técnica puede complicarse si se utilizan gallos, debido a su comportamiento agresivo.
Población mundial de pollos
La FAO de las Naciones Unidas estimó en el 2002 que había unos 16 000 millones de pollos en el mundo.[26] Los números tomados de Global Livestock Production and Health Atlas del 2004 eran los siguientes:[27][28]
- China (3,860,000,000)
- Estados Unidos (1,970,000,000)
- Indonesia (1,200,000,000)
- Brasil (1,100,000,000)
- India (648,830,000)[29]
- México (540,000,000)
- Rusia (340,000,000)
- Japón (286,000,000)
- Irán (280,000,000)
- Turquía (250,000,000)
- Bangladés (172,630,000)
- Nigeria (143,500,000)
En 2008, los países con mayor número de pollos eran China, con aproximadamente 4600 millones, Estados Unidos, con más de 2000 millones, Indonesia, Brasil y México.[30] En 2019, China tenía más de 5140 millones de pollos, una cantidad superior a la de cualquier otro país del mundo, seguida de Indonesia, con aproximadamente 3700 millones. Los países con las siguientes cantidades más elevadas eran Estados Unidos, Brasil, Pakistán,[31] Irán, India, México, Rusia y Myanmar, respectivamente.[32]
En 1950, el estadounidense medio consumía 9 kg de pollo al año, pero en 2017 su consumo había aumentado a 41,9 kg. [33]Además, en 1980 la mayoría de los pollos se vendían enteros, pero en el año 2000 casi el 90 % se vendía troceado.[34]