Hulda
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Hulda (en hebreo חֻלְדָּה) era una profetisa. Esposa de Salum, guardarropa real del rey Josías, en Jerusalén. Junto a Débora y María, hermana de Moisés, es una de las pocas mujeres del Antiguo Testamento con autoridad.
Todo lo que la Biblia narra sobre Hulda se encuentra en el Segundo Libro de los Reyes 22, 11-20 y Segundo Libro de Crónicas 34,22. Su papel es intrigante: sin presentación previa, sin tener aparentemente nada que ver con la historia, así como aparece, desaparece y no vuelve a ser mencionada más.

Tras encontrar, durante las obras de reparación del Templo de Jerusalén el Libro de la Ley (סֵפֶר הַתּוֹרָה), el rey Josías se rasgó las vestiduras, porque, decía, "ha debido de encenderse la ira del Señor contra nosotros, porque nuestros padres no obedecieron las palabras de este libro, haciendo lo que está escrito". Por eso Josías mandó a varios de sus funcionarios a consultar al Señor. Y estos le dirigieron a la profetisa Hulda
Según una tradición, la tumba de Hulda estaba junto al Templo de Jerusalén, en su lado sur. Por eso una de las puertas de acceso al patio del templo, la que estaba más cerca de la tumba de la profetisa, se llamaba "Puerta de Hulda".
Mensaje de Hulda
El mensaje de la profetisa Hulda se divide claramente en dos partes: La primera (2Re 22, 15-17) anuncia una "gran desgracia" como castigo de Jehová por el sincretismo y la idolatría de los reyes de Judá. La segunda (2Re 22, 18-20) se dirige al rey Josias y anuncia que morirá en paz sin ver el castigo anunciado.