Isla Espíritu Santo (Baja California Sur)
isla en el Golfo de California
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Isla Espíritu Santo es una isla en el Golfo de California, del estado mexicano de Baja California Sur. La orografía de ambas es completamente diferente a las otras islas del Golfo. La isla tiene 19 km de largo y 5 km de ancho en promedio y está separada de la Isla Partida por un estrecho canal. Cuenta con diversos acantilados, arena blanca en las playas y aguas bastantes cristalinas en sus bahías las cuales funcionan como hogar de una rica biodiversidad marina, incluyendo lobos marinos, delfines, mantarrayas y tortugas, albergando especies endémicas y es también un refugio clave para aves marinas.
| Isla Espíritu Santo | ||
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| Ubicación geográfica | ||
| Golfo | Golfo de California | |
| Coordenadas | 24°28′17″N 110°19′57″O | |
| Ubicación administrativa | ||
| País |
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| División | Baja California Sur | |
| Estado | Baja California Sur | |
| Características generales | ||
| Geología | Isla marítima | |
| Superficie | 80.763 | |
| Longitud | 15,1 km | |
| Anchura máxima | 9,6 km | |
| Punto más alto | (75 metros) | |
| Población | ||
| Población | 0 hab. () | |
| Densidad | 0 hab./km² | |
| Mapa de localización | ||
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Cuenta con un área de tierra de 80.763 km² la duodécima isla más grande de México. El área terrestre de la Isla Partida es de 15.495 km².
El área es protegida por la Unesco como biosfera, y su importancia como un destino ecoturístico es el factor principal. Las islas están ambas deshabitadas. Las islas son parte del municipio de La Paz.
Biodiversidad
De acuerdo al Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) en el Parque Nacional Zona marina del Archipiélago de Espíritu Santo habitan más de 1,300 especies de plantas y animales de las cuales 50 se encuentra dentro de alguna categoría de riesgo de la Norma Oficial Mexicana NOM-059 y 12 son exóticas,[1][2]
Historia
Inicialmente fue bautizada como “Islas de las Perlas” en 1534, y fue rebautizada en 1535 como San Miguel, por Hernán Cortés, para cambiarle al nombre actual en 1632 por el capitán Francisco de Ortega.
La isla fue habitada por los pericúes y jugó un papel histórico en la insurrección indígena contra los jesuitas, sirviendo como refugio para el padre Segismundo Taraval en 1734.
Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, la ensenada de San Gabriel albergó un innovador criadero de madreperla dirigido por Gastón Vives, un proyecto pionero en la perlicultura -acuicultura de perlas- en Latinoamérica, sin embargo, los conflictos derivados de la Revolución Mexicana llevaron al abandono de la industria.
En 1973, el gobierno federal mexicano, en un proceso de reparto de tierras, entregó la isla a 38 ejidatarios del ejido Alfredo V. Bonfil, como ampliación ejidal, sin embargo, debido a la falta de agua y el tipo del suelo, el territorio era agrícolamente infértil, improductivo, comercialmente inhabitable. A raíz de la reforma agraria de 1992, los ejidatarios adquirieron el derecho de privatizar y vender parcelas, lo que llevó a que fuera dividida y puesta a la venta.
El fraccionamiento y la venta de lotes de la isla encendieron las alarmas entre ambientalistas y autoridades, quienes temían que el hábitat milenario, fuera destruido por la urbanización y construcción de infraestructura, hoteles y desarrollos comerciales.
Para salvar la isla, se organizó un particular proceso de compra concertada: Los ejidatarios y el empresario mexicano Manuel Arango Arias impulsaron la idea de adquirir la totalidad de la isla para protegerla, para lo cual se realizó un avalúo oficial de las 10,000 hectáreas.[3]
La compra se concretó por cerca de $8 millones de dólares, financiada por una coalición entre el empresario Manuel Arango, donantes privados, y la comunidad local del pueblo para que fueran partícipes y se sintieran propietarios, así como fundaciones internacionales (como la Fundación Walton).
El grupo comprador adquirió la isla, pero no para beneficio particular, sino con la condición no-negociable de cederla al patrimonio nacional federal. En 2003, se formalizó la expropiación de terrenos de uso común y la compra de las parcelas privadas. El archipiélago fue declarado propiedad federal, con restricciones estrictas para evitar construcciones y proteger su ecosistema.[4]
En 2005, el Archipiélago Espíritu Santo fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO debido a su impresionante biodiversidad marina y terrestre. Actualmente, se encuentra bajo la protección de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) del Gobierno Federal, permitiendo únicamente el turismo sustentable y de bajo impacto.