José Benedicto Torres Romero
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por Tomás Diéguez de Florencia, obispo de Trujillo
por Francisco Orueta y Castrillón, obispo de Trujillo
| José Benedicto Torres Romero | ||
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Obispo de Arequipa | ||
| 22 de junio de 1868-8 de enero de 1880 | ||
| Predecesor | Juan de la Cruz Calienes Olazabal | |
| Sucesor | Juan Ambrosio Huerta Galván | |
| Información religiosa | ||
| Ordenación sacerdotal |
19 de mayo de 1839 por Tomás Diéguez de Florencia, obispo de Trujillo | |
| Ordenación episcopal |
3 de enero de 1869 por Francisco Orueta y Castrillón, obispo de Trujillo | |
| Iglesia | Iglesia Católica | |
| Información personal | ||
| Nacimiento |
20 de marzo de 1814 Cajabamba, Intendencia de Trujillo, Virreinato del Perú | |
| Fallecimiento |
8 de enero de 1880 (65 años) Arequipa, Perú | |
| Profesión | Abogado, teólogo, profesor | |
| Padres |
Valentín Torres Rudecinda Romero | |
| Alma mater |
Universidad Nacional de Trujillo Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo | |
José Benedicto Torres Romero (Cajabamba, 20 de marzo de 1814 - Arequipa, 8 de enero de 1880) fue un clérigo y abogado peruano, obispo de Arequipa de 1868 a 1880.
Realizó su carrera eclesiástica en la diócesis de Trujillo, como párroco y miembro del cabildo diocesano. Llegó a ser gobernador de dicha diócesis, reemplazando temporalmente al obispo Francisco Orueta y Castrillón. También fue profesor y vicerrector del seminario local, y rector de la universidad de Trujillo. Tuvo también un paso fugaz por la política, como diputado suplente por Huamachuco.
En 1868 pasó a ser obispo de Arequipa, donde se dedicó a reconstruir las iglesias, los conventos, el seminario y el palacio arzobispal, afectados severamente por el terremoto de 1868. Luego realizó la visita pastoral de sus diócesis. También auspició la llegada de los misioneros franciscanos descalzos, que se instalaron en el Convento de la Recoleta e hicieron misiones locales. En su periodo llegaron también las Hermanas de la Caridad que se hicieron cargo del Hospital de San Juan de Dios y de la Casa de Expósitos. Él mismo se mostró muy caritativo con los pobres, a quienes repartió limosnas. Aquejado por una enfermedad incurable, falleció sumido en la extrema pobreza.
Nacimiento y formación
Nació en Cajabamba, en el actual departamento de Cajamarca, siendo hijo de Valentín Torres y Rudecinda Romero. Cursó su instrucción primaria en su ciudad natal, y la secundaria en la ciudad de Cajamarca.[1][2][3][4]
Se trasladó a Trujillo, donde ingresó al Seminario de San Carlos y San Marcelo para estudiar Teología. Recibió las órdenes sagradas de manos del obispo Tomás Diéguez de Florencia en 1839.[1][4]
Simultáneamente a su carrera eclesiástica, estudió Jurisprudencia en la Universidad de Trujillo. Se graduó de bachiller, licenciado y doctor en 1846, y se recibió como abogado ante la Corte Superior de Trujillo.[1][4]
Carrera eclesiástica
Luego de su ordenación como sacerdote, pasó a regentar la parroquia de Marcabal y luego la de Virú. También ejerció la docencia en el seminario de Trujillo y llegó a ser su vicerrector. En reconocimiento a su aptitud, el obispo Tomás Diéguez lo nombró promotor fiscal de la diócesis trujillana.[1][5]
Fue secretario de cámara y gobierno durante los sucesivos gobiernos episcopales de José Higinio Madalengoitia, Agustín Guillermo Charún y Francisco Orueta y Castrillón. Asimismo, fue incorporado al Cabildo Diocesano, donde fue sucesivamente canónigo magistral (1851), maestrescuela (1865), chantre (1868) y arcediano (1868). Cuando el obispo Orueta tuvo que emprender un largo viaje a Lima, asumió temporalmente como gobernador eclesiástico de la diócesis.[1][6]
En 1853 fue elegido diputado suplente por la provincia de Huamachuco ante el Congreso Nacional, aunque una vez acabada la legislatura, regresó a Trujillo y evitó volver a incursionar en política, que no se conciliaba con su temperamento. También fue director de la Beneficencia Pública de Trujillo; y rector de la universidad local, durante tres periodos.[1][7]
Obispo de Arequipa
Habiendo vacado la sede episcopal de Arequipa por fallecimiento de monseñor Juan Calienes, el Congreso eligió a Torres para dicha diócesis, el 19 de abril de 1868. El papa Pío IX lo preconizó el 22 de junio del mismo año. Fue consagrado en el templo de carmelitas de Trujillo por el obispo Francisco Orueta, el 3 de enero de 1869. Tomó posesión de su sede el 12 de abril.[1][2][8][9]
La primera labor que tuvo que afrontar fue la refacción de las iglesias y conventos arruinados por el devastador terremoto del sur del Perú ocurrido el 13 de agosto de 1868. Se preocupó especialmente por el Seminario de San Jerónimo, al que dotó de rentas y de una imprenta en donde se editó una publicación confesional; y nombró como su rector al canónigo Mariano Lorenzo Bedoya. También reparó el Palacio Episcopal del Buen Retiro.[1][10]
Luego efectuó la visita pastoral de su diócesis, de 1871 a 1873,[1][2] algo que no se realizaba desde la época del obispo Pedro José Chávez de la Rosa, hacía casi un siglo. Cumplió su cometido, con mucho esfuerzo, pues se trataba de una región con gran diversidad geográfica.[10]
Viendo la necesidad que tenía el pueblo de Arequipa de apoyo espiritual tras la catástrofe de 1868, trajo desde Lima a un grupo de padres franciscanos descalzos, dirigidos por el presbítero español José Masía, siendo esta la primera misión que llegó a Arequipa.[11] Luego, contribuyó a que se instalaran en el Convento de la Recoleta, en setiembre de 1869. Estos religiosos, mayormente españoles, lograron que el convento se convirtiera en un colegio misionero llamado San Jenaro, y se dedicaron a las llamadas “misiones populares” en la ciudad y alrededores.[12][10]
En esta época llegaron también a Arequipa las Hermanas de la Caridad, que se hicieron cargo del Hospital de San Juan de Dios y de la Casa de Expósitos. Asimismo, monseñor Torres auspició la instalación en la ciudad de los padres lazaristas.[13]
También alentó el establecimiento en Arequipa de la Venerable Hermandad de Caballeros del Santo Sepulcro, que se fundó en 1870. La dotó con una serie de bienes y paramentos, incluida una escultura virreinal articulada de Cristo yacente, que empezó a ser sacada en procesión en Viernes Santo, con el propósito de propagar la pasión de Cristo. Esta procesión aún subsiste, al igual que dicha hermandad.[14][15]
Aquejado por una enfermedad, que por entonces se describió como reblandecimiento cerebral, viajó a Lima para tratarse, permaneciendo allí durante dieciocho meses. Al no hallar la cura esperada, regresó a Arequipa.[16][17]
A lo largo de su pastorado, se mostró muy sensible con los pobres, a quienes repartió muchas limosnas. En sus últimos meses de vida, que coincidieron con la crisis económica nacional y la desastrosa guerra con Chile, quedó sumido en la más extrema pobreza, mientras su enfermedad avanzaba. Acabó falleciendo a principios de 1880, después de diez años de gobierno episcopal.[2][18]