José Gabriel Álvarez de Lugo
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| José Gabriel Álvarez de Lugo | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
13 de marzo de 1789 | |
| Fallecimiento |
4 de marzo de 1868 (78 años) | |
| Nacionalidad | Venezolana | |
| Familia | ||
| Cónyuge | Narcisa de Herrera y Rojas | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Militar y político | |
| Años activo | 1810-1841 | |
| Lealtad |
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| Rama militar | Ejército Libertador | |
| Rango militar | General de brigada | |
| Conflictos | ||
| Distinciones |
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José Gabriel Álvarez de Lugo y Freites (San Felipe, Yaracuy, Venezuela, 13 de marzo de 1789-Caracas, 4 de marzo de 1868) fue un oficial del ejército patriota durante la Guerra de Independencia de Venezuela. Fue distinguido por el gobierno venezolano como «Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana» y se decretó su ingreso al Panteón Nacional de Venezuela, máximo honor republicano.[1]
Nació en el seno de una familia de larga tradición y preponderancia económica en la región.[2] Fue hijo del matrimonio celebrado el 8 de octubre de 1783 entre doña Soledad Freytes y Rodríguez, y don Gabriel Álvarez de Lugo, quien ejerció como alcalde ordinario, alcalde de la Santa Hermandad, síndico procurador, regidor del Ayuntamiento de San Felipe y capitán de milicias.[3][4] De esta unión nacieron únicamente dos hijos: María Josefa y el propio José Gabriel.[5]
Su entorno familiar estuvo profundamente vinculado a los primeros movimientos emancipadores. Las crónicas de la época destacan que, durante los regocijos públicos por la primera jura de la Independencia en San Felipe el 22 de septiembre de 1811, su madre, doña Soledad, junto a su hermana María Josefa Álvarez de Lugo y Freytes, figuraron entre las damas de prestancia que engalanaron la ciudad, siendo «fieles testigos del primer acto Republicano celebrado en suelo Filipense».[6]
Por línea paterna, fue nieto de don Agustín Álvarez de Lugo y Masias, natural de la Ciudad Real de Las Palmas en Gran Canaria, quien pasó a Indias llegando a San Felipe el Fuerte en 1743. Allí ejerció destacados cargos políticos y militares, incluyendo los de teniente de caballería, teniente de oficiales reales, sargento mayor del Batallón de Milicias, maestro de campo y procurador general.[2][7][5] Don Agustín contrajo matrimonio el 26 de noviembre de 1746 con doña Isabel de Padilla Manrique de Lara y Velandía (hija del maestro de filosofía Esteban de Padilla y de Josefina Sánchez de Oviedo), ceremonia oficiada por el presbítero Joseph Tinoco.[5]
La ascendencia del linaje se encuentra profusamente documentada en los registros coloniales, trazando sus orígenes hasta antiguas familias de la península ibérica con raíces en regiones como Vizcaya, Sevilla y Portugal.[4] Entre sus tíos paternos destacaron el también presbítero José María Álvarez de Lugo y Padilla; y el presbítero Juan José Álvarez de Lugo, quien recibió el grado de Bachiller en Filosofía en 1769 y la Licenciatura en 1771, desempeñando con competencia la secretaría de Francisco de Ibarra, primer Arzobispo de Caracas.[2][5] Por línea materna, sus abuelos fueron don Juan Martín de Freytes y Campo-Fértil y doña Soledad Rodríguez.[7][1]
Durante su juventud, recibió educación en la escuela de don Antonio Barrio, etapa en la cual forjó una profunda amistad y hermandad de ideales con el también futuro prócer independentista José Joaquín Veroes.[3]
Durante sus campañas militares, figuró recurrentemente solo con el apellido «Lugo». Sin embargo, en agosto de 1834, publicó un aviso en la Gaceta de Venezuela junto a sus parientes Rafael y José María, informando que retomarían el uso completo del apellido compuesto «Álvarez de Lugo» en todos sus actos sociales y legales para evitar confusiones con otras familias.[7]
En el año 1817, en plena guerra de independencia, contrajo matrimonio en Angostura con doña Narcisa de Herrera y Rojas, enlace del cual nacieron diez hijos (entre ellos José Antonio, Mateo, Felipe, Mercedes, Eustaquio, Carmela, Carlota y Juan), de quienes descienden las ramas de la familia en Caracas.[4][7]
Carrera militar
Inicios y primeros combates
En 1810 se sumó al movimiento revolucionario iniciado en Caracas y se alistó en las milicias de San Felipe, donde inició su carrera de armas como teniente de milicias.[5] Su adhesión a la causa independentista le costó la confiscación de sus bienes por parte de los realistas, valorados en ochenta mil pesos, suma que antes de morir ordenó a sus hijos jamás reclamar a España.[7]
Formó parte de la Campaña de Coro, dirigida por el brigadier Francisco Rodríguez del Toro y pasó a servir bajo el mando del coronel Miguel Uztáriz, asistiendo a la proclamación de la Independencia en su ciudad natal el 21 de septiembre de 1811.[2] A los catorce meses de servicio, en julio de 1812, fue hecho prisionero por el enemigo, pero logró fugarse de la cárcel. Se mantuvo prófugo durante diez meses hasta lograr incorporarse nuevamente a las filas patriotas bajo las órdenes del coronel José Mires, concurriendo a la campaña de Chivacoa, donde obtuvo el grado de teniente de ejército el 17 de febrero.[7][5]
Durante la Campaña Admirable de 1813, combatió bajo las órdenes directas del Libertador y de oficiales como el comandante Aldao, participando en acciones destacadas como las de Barquisimeto y Araure.[1][8] Participó también junto al coronel Manuel Villapol en la batalla de Guama, acción militar que le brindó la fortuna de liberar a su tierra natal del dominio español, así como en la acción de Zaragoza.[3] Peleó tenazmente en Siquisique como subalterno del general Urdaneta y participó en las acciones de Bobare, El Tocuyo, Carache, Carora y Mucuchíes.
Para 1814 y principios de 1815, sirvió bajo las órdenes del general Rafael Urdaneta y de Simón Bolívar en la campaña de la Nueva Granada, participando en el sitio de Bogotá y contando también entre sus superiores al coronel Chávez. Posteriormente, durante el histórico asedio a Cartagena de Indias, figuró como oficial en la heroica defensa de la fortaleza del cerro de La Popa, destacándose junto al entonces teniente coronel Carlos Soublette y compartiendo línea de combate con otros jóvenes oficiales como Antonio José de Sucre.[9][10][8]
Expedición de Los Cayos y consolidación de la República
El 15 de mayo de 1816, Bolívar lo ascendió a capitán. Formó parte de la primera Expedición de Los Cayos, comandando la Tercera Compañía del Batallón de Honor, y participó en la acción naval frente a Carúpano bajo las órdenes del almirante Luis Brión.[9] Hizo la campaña de Ocumare y, sin amilanarse ante la derrota, se integró con los soldados sobrevivientes en la expedición del general Gregor MacGregor. Durante esta etapa participó en los combates de Chaguaramas, Quebrada Honda, El Alacrán y Píritu a las órdenes de generales como José Tadeo Monagas, continuando su accionar militar con destacada participación en la Batalla de El Juncal y, al año siguiente, en la batalla de San Félix, siendo un digno subalterno del general Manuel Piar.[5][8]
Para el año 1818, ostentaba el rango de sargento mayor del Batallón Angostura. En este período asistió a las acciones de guerra de Calabozo, El Sombrero, La Cabrera, El Sémen y Ortiz. Fue precisamente tras tres días de encarnizados combates en este último punto cuando se le impusieron las charreteras de teniente coronel efectivo.[5]
Durante la Campaña del Centro, formó por sí mismo el Batallón «Barcelona», comandándolo hasta el Bajo Apure. En mayo de 1819 se unió al Estado Mayor del Ejército libertador de Cundinamarca en la campaña de la Nueva Granada, participando en el paso de los Andes, la batalla de Gámeza y el Pantano de Vargas.[7][5] Con el rango de teniente coronel, comandó el batallón de Milicias de Tunja al regresar de la campaña de Nueva Granada, y desde enero de 1820 hasta junio de 1821 comandó el batallón «Boyacá» en las campañas de Barinas y Apure.[2]
En las etapas finales de la guerra, sirvió a las órdenes del general José Antonio Páez, destacándose su participación en la Batalla de Carabobo en 1821, figurando en los registros militares de la campaña como teniente coronel del batallón «Boyacá».[1][11] Por sus servicios a la causa republicana, que sumaron un total de treinta y cinco años y seis meses de trayectoria militar, fue condecorado por Bolívar con las Estrellas de Libertadores de Venezuela y Cundinamarca, y recibió el Busto del Libertador (Busto del Hombre Clásico del Nuevo Mundo) conferido por el general Andrés de Santa Cruz en representación de la República Peruana.[7]
La defensa del coronel Francisco de Paula Alcántara (1827)
Un episodio que destacó su estricto apego a la justicia, entereza moral y pericia legal en el ámbito militar ocurrió en octubre de 1827. En un clima de persecución impulsado por facciones separatistas y antibolivarianas, el coronel boliviano Francisco de Paula Alcántara fue sometido a un injusto consejo de guerra, acusado falsamente de traición y omisión de deberes frente a las guerrillas de José Dionisio Cisneros. A pesar de la fuerte presión política y del hecho de que otros jefes rehusaron defenderlo por temor a represalias gubernamentales, Álvarez de Lugo, asumiendo grandes riesgos personales, ejerció como su defensor.
En un brillante alegato jurídico, Álvarez de Lugo demostró las «insanables nulidades» del proceso, evidenciando que el Estado Mayor Departamental carecía de pruebas o testigos y que Alcántara se encontraba gravemente enfermo y legalmente eximido del mando durante los incidentes. Su defensa fue tan contundente que el Juez Fiscal Carlos María Ortega solicitó la absolución, logrando que un Consejo de Guerra conformado por figuras como Juan Bautista Arismendi, Lino de Clemente y el Marqués del Toro dictaminara el 24 de octubre de 1827, de manera unánime, la libertad absoluta de Alcántara y su inmediata restitución al mando de los Valles de Aragua, vindicando su honor militar e infligiendo una derrota legal a los detractores de la unidad bolivariana.[12]
Tras la muerte de Bolívar, se mantuvo fuera del servicio activo temporalmente en uso de letras de cuartel, pero fue llamado a reincorporarse al ejército constitucional de la República en junio de 1835, manteniéndose en servicio hasta 1841.[2] Su extensa hoja de servicios fue certificada formalmente en 1846 por el coronel de ingenieros Francisco Avendaño.[9]
Vida pública

Por breve tiempo fue secretario de Bolívar. Días antes de la batalla de Carabobo, el 5 de junio de 1821, el Libertador lo nombró desde San Carlos como Comandante General de Barquisimeto, con la orden expresa de auxiliar las columnas republicanas y tratar con dulzura a sus habitantes. Tras el triunfo de Carabobo, Bolívar le encomendó en agosto de ese mismo año la organización de las milicias para la defensa de su amenazada ciudad natal, San Felipe.[13] Entre 1821 y 1822 fungió formalmente como comandante general de Occidente y hasta 1823, en Aragua. En 1824, cumplió una importante misión en Cumaná junto al general Francisco Bermúdez, organizando una columna de mil hombres destinada a la campaña del Perú, la cual condujo exitosamente hasta Puerto Cabello.[9] Pasó luego a comandar la plaza militar de La Guaira. Entre 1826 y 1827 asumió como jefe de operaciones y comandante militar de los Valles del Tuy, dirigiendo con el rango de coronel efectivo las operaciones en contra de las guerrillas del realista José Dionisio Cisneros.[4][8]
Luego de su pase a retiro, se dedicó al servicio público en la naciente república. Entre 1841 y 1842 fue representante por la provincia de Barquisimeto (que entonces incluía a Yaracuy) en el Congreso Nacional. Posteriormente, se desempeñó como ministro marcial de la Corte del 2º Distrito de la República entre 1842 y 1845, y estuvo al frente del Registro Principal de Caracas desde 1845. También ejerció funciones como Consejero de Gobierno.[7][4]
Entre 1857 y 1858 fue senador por la provincia de Yaracuy en la Legislatura Nacional y en 1863 fue ascendido a general de brigada y nombrado vocal de la Junta de Montepío Militar de Caracas.[4]
Durante su período legislativo, protagonizó un notable debate público en defensa del patrimonio histórico de la nación. En una sesión del Senado de 1857, Lugo denunció como testigo ocular el grave estado de deterioro en que el Concejo Municipal de Caracas mantenía documentos fundamentales, como el Acta del 19 de abril de 1810, y otros trofeos históricos (entre ellos, las banderas de Pizarro). Ante esto, impulsó un proyecto de decreto para que dichas reliquias fueran retiradas y salvaguardadas en el despacho del Poder Ejecutivo, afirmaciones que provocaron una enérgica protesta formal institucional por parte de los miembros del mencionado Concejo.[14]
Fallecimiento y honores
Falleció en la ciudad de Caracas el 4 de marzo de 1868 a los setenta y nueve años de edad. Años más tarde, el 11 de febrero de 1876, bajo la presidencia de Antonio Guzmán Blanco, se dictó un decreto oficial mediante el cual se le otorgaba un puesto de honor y se disponía el traslado de sus cenizas al Panteón Nacional de Venezuela, en reconocimiento a sus invaluables servicios durante la gesta emancipadora. Sin embargo, sus restos no pudieron ser rescatados para cumplir con dicho traslado.[2] Este decreto lo sitúa, no obstante, entre los próceres más destacados de la historia republicana de Venezuela.[15]
En su ciudad natal, como justiciero homenaje a su memoria, la calle principal fue bautizada oficialmente con su nombre, ostentando la denominación de Avenida José Álvarez de Lugo.[3] Asimismo, en 1989, con motivo del bicentenario de su natalicio, la Gobernación del Estado Yaracuy decretó un año jubilar en su honor. En el marco de estas celebraciones, la Academia Nacional de la Historia le rindió un homenaje solemne en Caracas, donde se exaltaron sus excepcionales virtudes militares, su constancia en la empresa libertaria y su lealtad irrestricta al Libertador.[8]