Nació en Algemesí en una familia de campesinos, hija de Francisco Naval y Josefa María Girbés, siendo la primera de cinco hijos. Bautizada como María Josefa, de mayor era conocida como Pepa o Señora Pepa. Estudió en la escuela de la Enseñanza, que dependía de la Catedral de Valencia. Su madre murió cuando ella tenía trece años, y a partir de entonces se ocupó del hogar y la educación de sus hermanos.
De joven hizo voto de castidad y comenzó una vida de oración y perfección evangélica, dedicándose a hacer obras de caridad y apostolado, sometiéndose a la tutela de su parroquia, actual basílica de San Jaime de su ciudad natal. Bajo la dirección espiritual del párroco Gaspar Silvestre, además de tareas de mantenimiento en la misma parroquia, Josefa se ocupaba de las niñas pobres que carecían de lo imprescindible. Así pues les ofrecía formación para que tuvieran posibilidades de vivir por su cuenta. A su 28 años organizó en su casa una escuela donde aprendían a leer y a escribir y un taller de labores propio para aquella época, donde aprendían gratuitamente el oficio del bordado de la que ella era buena maestra, y otras tareas. Todo esto lo compaginaba con la formación espiritual de sus alumnas: amor al prójimo, catequesis y convivencia cristiana, con lectura del Evangelio, oración, aprender la meditación mientras se realizan otras labores; daba consejos y orientaba a personas para que se reconciliasen en caso de desavenencias, ayudaba a las madres en la formación cristiana de los hijos, etc.
Terciaria de la Orden de la Virgen del Carmen y de Santa Teresa de Jesús, tenía una gran devoción por San Juan de la Cruz. Destacó en la caridad hacia los huérfanos, marginados y enfermos, y durante la epidemia de cólera que hubo en Algemesí en 1885 se dedicó generosamente, aun arriesgando su propia vida, a asistir a las innumerables víctimas de tan terrible enfermedad (véase: Pandemias de cólera en España). Finalmente murió en su ciudad natal el 24 de febrero de 1893. Pronto su fama de santidad se extendió más allá de los límites locales.
Su sepulcro se venera en la que fue su parroquia, actual Basílica de San Jaime, de Algemesí.