Por encargo de Felipe II esculpió varias estatuas, todas de gran tamaño, para la obra del Monasterio de El Escorial. Son once en total: la de San Lorenzo (de 4,20 metros de altura situada en una hornacina sobre la puerta principal de acceso al recinto), las de los seis reyes de Judá (Josafat, Ecequías, David, Salomón, Josías y Manasés, en mármol, con coronas, cetros y otros accesorios en bronce dorado, van montadas sobre sendas columna dóricas sobre la fachada de la Basílica de El Escorial, ante el «Patio de los Reyes», al que dan nombre) y las de los cuatro evangelistas (alojadas en los nichos del templete que se ubica en el «Patio de los Evangelistas» del monasterio, al que dan nombre).