Julio Terán Dutari
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| Julio Terán Dutari SJ | ||
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Administrador apostólico sede vacante de Santo Domingo en Ecuador | ||
| 16 de marzo de 2012-23 de mayo de 2015 | ||
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Obispo de Ibarra | ||
| 14 de febrero de 2004-25 de marzo de 2011 | ||
| Predecesor | Antonio Arregui Yarza | |
| Sucesor | Valter Dario Maggi | |
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Obispo auxiliar de Quito | ||
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| Obispo titular de Gibba | ||
| 12 de julio de 1995-14 de febrero de 2004 | ||
| Predecesor | Carlos Stetter | |
| Sucesor | Luigi Stucchi | |
| Información religiosa | ||
| Ordenación sacerdotal | 25 de julio de 1963 | |
| Ordenación episcopal |
12 de julio de 1995 por Antonio González Zumárraga | |
| Iglesia | Católica | |
| Información personal | ||
| Nombre | Julio César Terán Dutari | |
| Nacimiento |
15 de agosto de 1933 Soná, Panamá | |
| Fallecimiento |
16 de enero de 2026 (92 años) Quito, Ecuador | |
| Estudios | Humanidades, Filosofía y Teología | |
| Profesión | Filósofo | |
| Alma mater | Universidad Católica del Ecuador, Universidad de Innsbruck, Universidad de Múnich | |
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Fiat mihi
(‘Hágase en mí’) | ||
Julio César Terán Dutari (Soná, 15 de agosto de 1933-Quito, 16 de enero de 2026) fue un eclesiástico, filósofo, intelectual e investigador católico ecuatoriano-panameño, miembro de la Compañía de Jesús.
Familia
Nació el 15 de agosto de 1933, en la ciudad panameña de Soná. Hijo de madre panameña y padre ecuatoriano, por lo cual, se le reconoció después la nacionalidad de ecuatoriano por nacimiento. En 1945, la familia regresó a Ecuador donde se estableció definitivamente.[1]
Formación
Realizó su formación como alumno de los colegios «San Gabriel» y «Loyola» en Quito, ambos regentados por los jesuitas.
Inició su formación en Humanidades en el Colegio Máximo. Tras realizar estudios de Humanidades y Filosofía en la Universidad Católica del Ecuador (1952-1960), obtuvo la licenciatura en Humanidades y un doctorado en Filosofía. Posteriormente, consiguió la licenciatura en Teología por la Universidad de Innsbruck (1960-1964), y un doctorado en Filosofía por la Universidad de Múnich en 1973.[2]
Además de las lenguas clásicas, hablaba alemán, inglés, francés, italiano y portugués.
Vida religiosa
En 1950, ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús, realizando su primera profesión de votos religiosos en 1952. Su ordenación sacerdotal fue el 25 de julio de 1963, en Innsbruck.
Como sacerdote se dedicó principalmente a la enseñanza. A su regreso al Ecuador, comenzó como profesor de Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, y de 1973 a 1978, fue primer decano de la Facultad Eclesiástica de Ciencias Filosófico-Teológicas de dicha universidad. Fue designado vicerrector, y en 1985 fue elegido rector de la misma universidad, cargo que desempeñó hasta 1995.[2] En 1994 se crearon las Facultades de Arquitectura y Medicina, a lo que se sumó la apertura de las sedes universitarias en Ambato, Manabí y Santo Domingo. Ese mismo año, la institución asumió la adquisición y administración de la Estación Científica Yasuní (ECY), entregada a la PUCE mediante un contrato de comodato por 99 años y ubicada en el Parque nacional Yasuní.[3]
En 1991, fue elegido presidente de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC).[4]
Episcopado
El 12 de julio de 1995, el papa Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Horrea y obispo auxiliar de Quito. Fue consagrado el 30 de septiembre del mismo año, a manos del cardenal Antonio González Zumárraga.
Como obispo auxiliar, se desempeñó como vicario episcopal de Educación, de Vida consagrada y del Apostolado de Laicos.[5]
En 1997 fue nombrado consultor de la Comisión Pontificia para el Patrimonio Cultural de la Iglesia. El 8 de noviembre de 2002, fue nombrado miembro del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.[6] También fue presidente del Instituto Teológico Pastoral del Ecuador (ITePE).
El 14 de febrero de 2004, fue nombrado obispo de Ibarra.[4] Tomó posesión canónica de la sede el 13 de marzo del mismo año.[5]
En 2008, presentó su renuncia como lo establece el Código de Derecho Canónico. El 25 de marzo de 2011, el papa Benedicto XVI aceptó su renuncia como obispo de Ibarra, nombrado a su sucesor al mismo tiempo.[7]
El 16 de marzo de 2012, fue nombrado administrador apostólico sede vacante de Santo Domingo en Ecuador,[8] cargo que ejerció hasta la posesión del nuevo obispo Bertram Wick Enzler el 23 de mayo de 2015.[9]
En la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), fue miembro de la Comisión episcopal de Magisterio de la Iglesia (2014-2017), presidente de la Comisión episcopal de Educación y Cultura, de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, y Formación Social.[10] En el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), fue responsable de la Pastoral de Educación.[8]
Fallecimiento
Falleció la noche del 16 de enero de 2026 en la Residencia Maurilio Detroux, de Cotocollao, a la edad de 92 años.[11]
La capilla ardiente se instaló el día posterior a su fallecimiento en la parroquia de La Dolorosa, en Quito. El funeral tuvo lugar el 18 de enero, en La Dolorosa; donde fue sepultado en la cripta parroquial, según su voluntad.[12] El 20 de enero siguiente, la Conferencia Episcopal Panameña manifestó su pesar por la muerte del prelado que siempre se sintió orgullo de su identidad panameña.[13]
Posiciones políticas e ideológicas
Concentración democrática
En marzo de 2005, Terán Dutari respaldó el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), que advirtió sobre una preocupante concentración de poder con posibles derivaciones autoritarias, aclarando que no se trataba de una postura contra personas concretas, sino de un análisis objetivo de la realidad nacional. Explicó que la CEE fundamenta sus declaraciones en hechos visibles, como la acumulación de poderes en una tendencia política liderada por el presidente de la República, y que señalar los riesgos de anarquía o dictadura responde únicamente a la lectura responsable de la situación del país.
Ante el escenario político, el prelado exhortó a evitar confrontaciones estériles, insultos o descalificaciones, y llamó a asumir una responsabilidad colectiva para buscar soluciones. Subrayó la necesidad de dialogar con el Gobierno, como autoridad legítima, y de colaborar para que el poder se ejerza dentro del marco constitucional. Asimismo, aclaró que el Episcopado promueve la concertación, las salidas democráticas y el respeto a las personas, descartando que su pronunciamiento represente una toma de partido político, y afirmó que las reacciones adversas carecen de fundamento.[14]
Políticas de educación sexual
En agosto de 2006, Terán Dutari advirtió que las políticas de educación sexual promovidas por organismos internacionales no responden a la realidad cultural de América Latina y buscan redefinir conceptos fundamentales como la sexualidad, el amor, la libertad y la familia. Su pronunciamiento se dio tras criticar la difusión, en algunos medios y espacios públicos, de contenidos explícitos dirigidos a niños y adolescentes, así como mensajes que promueven el ejercicio del sexo sin la orientación de padres y maestros. Recordó que estas estrategias se remontan a la década de 1970, cuando bajo la denominación de “control natal” se condicionaban ayudas internacionales, eligiendo posteriormente a las escuelas como espacios clave para la implementación de programas de educación sexual.
El obispo jesuita señaló que, aunque se han fortalecido mecanismos de protección a los menores, estas políticas van acompañadas de la promoción del sexo libre, el aborto y la homogenización de los géneros, influidas por factores externos ajenos al contexto latinoamericano. Afirmó que dichas propuestas reducen la educación sexual a dimensiones biológicas y psicológicas, dejando de lado lo humanista, moral y religioso, y que, bajo el pretexto de la neutralidad del Estado, impulsan una visión relativista que ha agravado problemas como las enfermedades de transmisión sexual y el embarazo adolescente. Concluyó que estas políticas han fracasado porque olvidan lo esencial: la educación para un amor auténtico y responsable.[15]
Teología de la liberación
En octubre de 2008, durante su intervención en la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los obispos, afirmó que la teología de la liberación representó un factor distorsionante en la interpretación de la Sagrada Escritura en América Latina. Explicó que esta corriente surgió con la intención de fundamentarse en una exégesis bíblica marcada por la pobreza del continente y por los anhelos de liberación de sus pueblos; sin embargo, recordó que el Magisterio advirtió en varias ocasiones sobre los errores y riesgos de tales enfoques, sin dejar de alentar a los teólogos a que la Palabra de Dios ilumine los desafíos y esperanzas del presente.
También propuso cuatro conclusiones a partir de la experiencia latinoamericana, subrayando que la reflexión teológica debe situarse en el seno de la comunidad cristiana, evitando lecturas subjetivas, ideológicas o reduccionistas. Señaló también la necesidad de una lectura comunitaria de la Escritura atenta a los signos del pecado y de la gracia, con especial sensibilidad hacia los pobres, y destacó que la teología —particularmente en las universidades católicas— puede articularse con la exégesis científica en fidelidad al Magisterio. Finalmente, enfatizó que toda reflexión teológica debe culminar en la presentación de Jesucristo, el Señor de la Iglesia, el Jesús histórico de los Evangelios y el Cristo resucitado presente en la vida eclesial.[16]