KV53 fue descubierta en el invierno de 1905-1906 por Edward R. Ayrton, al servicio de Theodore Davis, junto con el resto de sepulcros de la misma zona que aún permanecían ocultos. Ante tal marea de hallazgos, todos ellos carentes del interés despertado por las tumbas mayores, provocó que cayeran en el olvido y su situación exacta acabara por perderse. Al no volver a ser visitada ni convenientemente resguardada, KV53 ha vuelto a desaparecer en una montaña de escombros, como la mayoría de sus vecinas.
El único hallazgo notable que vio la luz en este lugar fue un pequeño ostrakon, una lasca de piedra en la que se haya inscrito el nombre de Hori, escriba principal del Lugar de la Verdad, que viene a certificar la presencia del representante administrativo del pueblo de los constructores de tumbas, el Lugar de la Verdad (Deir el-Medina) en KV53, cosa que no nos debe extrañar, ya que una de sus funciones era inventariar todos los objetos del lugar. Por tanto, las posibilidades de que KV53 fuera la tumba de Hori son ciertamente escasas, impropias de un hombre de sus funciones.
Lo más posible es que la tumba fuera destinada a un noble que vivió durante el reinado de Amenhotep II. Como sabemos, este faraón, al igual que su padre y su hijo, otorgó numerosos sepulcros a los más selectos miembros de la nobleza, e incluso a algunas de sus mascotas. La cercanía de la tumba de este rey con KV53 podría ser una pista que revele la época en la que fue excavada, aunque ciertamente no se puede asegurar nada, y quizás pertenezca a alguna de las dinastías posteriores. La falta de hallazgos y ahora de medios para volver a desescombrarla impide que se puedan hallar más datos sobre este emplazamiento tan poco conocido del Valle de los Reyes.