Esta novela ensancha notablemente el cuadro ofrecido en la novela anterior. Si la primera era esencialmente estática y descriptiva, esta es ahora mucho más dinámica y novelesca. Hay más tensión y más vida. Por otra parte, los acontecimientos históricos que en la primera novela servían sólo de marco externos, ahora aparecen como parte integrante de la acción, especialmente todo lo referido a la preparación, estallido y derrota de la Comuna.
Es más evidente también el trasfondo de crítica social y política sobre el mundo corrompido del Segundo Imperio. Sin querer establecer comparaciones, esta novela se asemeja a las que sobre ese mismo tema escribieron Maupassant (Bel-Ami, especialmente) o Émile Zola.
En cuanto a la composición de la novela, Baroja sigue el esquema de la anterior y tan querido por ese autor: escenas cortas sucesivas en las que van desfilando personajes diversos, muchos de los cuales desaparecen como meras comparsas de los protagonistas.