Leyendas y mitos en Guipúzcoa
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Las leyendas y mitos de Guipúzcoa, en el País Vasco (España) forman parte del conjunto de la mitología vasca, caracterizada por su fuerte vínculo con la naturaleza, las montañas y las cuevas.[1]

Recogidas principalmente a través de la tradición oral, han sido objeto de estudio por etnógrafos como José Miguel de Barandiarán[2] Julio Caro Baroja[3] y Carlos Ortiz de Zárate.
- Mari: diosa madre asociada a cuevas emblemáticas del macizo del Aizkorri, Txindoki o Aralar.
Se decía que habitaba en el mundo subterráneo al que se accedía por simas y grutas, y que quienes la habían visto la describían como una dama hermosa y elegantemente vestida. Se le atribuía influencia sobre la lluvia, el granizo, el viento o los rayos por lo que no convenía enfadarle e incluso se le ofrecieran ofrendas.[4]
- Gentiles: seres gigantes que habitaron las montañas hasta la llegada del cristianismo.
- Lamiak: espíritus en forma de bellas mujeres con pies de ave o de pez. Vivían en los ríos y bajo los puentes, especialmente en zonas de la costa guipuzcoana como Ulía y Jaizkíbel. Venían a ser como las sirenas de otras culturas.[5]
- Basajaun: genio de aspecto humano, cubierto de abundante pelo, de gran tamaño, fuerza y agilidad. Habitaba en bosques y cavernas, y se le atribuía la protección de los pastores: ahuyentaba a las fieras y anunciaba la llegada de tormentas.[6]
Se le mencionaba principalmente en Oñate, Atáun y Cegama (Zegama en euskera).
- Brujas (Sorginak en euskera): vinculadas a aquelarres y descritas en todo el territorio guipuzcoano, representaban la parte más oscura y temida del imaginario popular.