Sesgo mediático

sesgo percibido de periodistas y productores de noticias dentro de los medios de comunicación From Wikipedia, the free encyclopedia

El sesgo mediático o informativo es el sesgo o sesgo percibido de periodistas y productores de noticias dentro de los medios de comunicación en la selección de eventos e historias que se informan y cómo se cubren. El término «sesgo de los medios» implica un sesgo generalizado que contraviene los estándares del periodismo, en lugar de la perspectiva de un periodista o artículo individual.[1] La dirección y el grado de sesgo de los medios en varios países es ampliamente discutido.

Algunas formas comunes de sesgo mediático incluyen la presentación de la información de forma poco o nada equilibrada, es decir, deformando, distorsionando o incluso directamente mintiendo, en función habitualmente de intereses políticos o económicos vinculados al medio en cuestión.

Existen limitaciones prácticas a la neutralidad de los medios, incluyendo la incapacidad de los periodistas para informar todas las historias y hechos disponibles, y el requisito de que los hechos seleccionados se vinculen en una narrativa coherente.

Tipos

  • Sesgo político o ideológico: Sesgo a favor o en contra de una postura ideológica o de un partido político. Es el tipo de sesgo más habitual en los medios de información generalistas, y está muy relacionado con lo que se conoce como línea editorial de cada medio.[2]
  • Sesgo sensacionalista: Elegir noticias específicas para su publicación, así como informaciones sin contrastar, basándose en su capacidad para sorprender a la sociedad o llamar la atención de la audiencia, y no tanto en su valor informativo, como tal. Cuando un medio de comunicación hace uso abusivo de este sesgo se considera que es prensa amarilla.
  • Sesgo corporativo: Informar de manera que complazca a los dueños del medio informativo o a sus intereses.
  • Sesgo publicitario: Dar noticias que satisfagan a los anunciantes del medio en cuestión.
  • Sesgo de información científica: Publicar (así como negar o pasar por alto) determinados resultados de la investigación científica en función de ciertos intereses creados.
  • Sesgo de negatividadː Es una tendencia, habitual en los medios de noticias, a publicar informaciones de conflictos o desgracias en proporción mucho mayor que las cosas de carácter positivo.

Los sesgos mediáticos tienen una larga historia en los medios de masas. Sólo en tiempos recientes las nociones de punto de vista neutral e información equilibrada han constituido una parte integral del periodismo. Incluso, hoy en día, los periodistas más objetivos no pueden evitar totalmente los sesgos de uno u otro tipo.

Historia y orígenes del concepto

El concepto de sesgo mediático se creó en Europa a partir de la segunda mitad del siglo XX, coincidiendo con una etapa de desarrollo de la sociología de la comunicación. Esta ciencia empezó a analizar el sistema informativo y, principalmente, cómo la prensa selecciona y presenta la información.[3]

En el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, por la Guerra Fría; surgen los debates sobre cuál debía ser el uso de la propaganda y su capacidad de influenciar en la opinión pública. La Escuela de Frankfurt —liderada por autores como Theodor W. Adorno y Max Horkheimer— presentan sus teorías críticas anti propagandísticas que acabaron influyendo a la percepción pública de la industria cultural. Ahora, la población era consciente de cómo esa industria podía distorsionar los mensajes mediáticos con ideologías.[4]

Al mismo tiempo, otras investigaciones de la comunicación desarrollaron conceptos como la agenda setting (McCombs y Shaw)[5] y el framing (Goffman, Entman), que profundizaron y definieron el sesgo mediático como el resultado de varios procesos que influían en la elección de los temas de importancia mediática, la jerarquización de la información y las interpretaciones temáticas.[6]

En España, el estudio del sesgo mediático se consolidó a partir de la transición democrática, cuando el sistema de medios experimentó una reconfiguración profunda y la prensa escrita comenzó a adoptar líneas editoriales diferenciadas y definidas. España se volvió ejemplo del modelo "pluralista polarizado" propuesto por Daniel C. Hallin y Paolo Mancini. Este modelo se caracteriza por una relación estrecha entre actores políticos y estructuras comunicativas. Entonces, la población pasaría a afiliarse a aquellos diarios que les reafirmen ideológicamente.[7]

Miquel Rodrigo Alsina, autor de La construcción de la noticia (1989),[8] profundizó en la producción informativa, es decir, las decisiones que influyen en la creación de noticias. En esa época llegaron a España las ideas de Edward Herman y Noam Chomsky sobre el “modelo de propaganda”, que mostraban cómo factores como la economía, la publicidad o la estructura de los medios pueden influir en lo que se publica y en cómo se publica.[9]

A partir del año 2000, los estudios de comunicación política han pasado a analizar casos concretos como la propaganda en medios durante periodos electorales o la influencia de propiedad mediática para el enfoque de los periodistas.[7]

Consecuencias del sesgo mediático

Una primera vertiente defiende como consecuencia del sesgo mediático la pérdida de confianza en los medios de comunicación.[10]  

Este fenómeno estaría relacionado con el sesgo político cuando confluyen la ideología de los medios con el espectáculo y el sensacionalismo. La investigadora y docente Ana Pérez-Escoda de la Universidad Francisco de Vitoria y la profesora Sonia Boulos de la Universidad Antonio de Nebrija identifican que el público percibe una distorsión de la realidad en los medios.[11] Este tipo de sesgo favorece la polarización ideológica a través de las cámaras de eco: tanto los medios de comunicación como las plataformas digitales seleccionan y reproducen información que confirma las creencias de su audiencia. Cuando esta recibe una única percepción de la esfera pública, evita la exposición a opiniones diversas. Para el profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa, César Augusto Rodríguez, los algorítmos crean estas cámaras, ya que gestionan los contenidos con fines mercantilistas orientados a la obtención de datos.[12] Estos aplicarían una mediación tecnológica con efectos en la opinión pública.

Es importante también señalar que el consumo de información del ciudadano puede estar sometido no sólo a este sesgo mediático, sino también al suyo propio, cuando tiende a buscar, interpretar y recordar la información que confirma sus propias creencias o hipótesis, descartando o infravalorando posibles alternativas. Este sesgo cognitivo en el que incurre el propio individuo se conoce como sesgo de confirmación.

La UNESCO informa sobre las limitaciones de los ciudadanos cuando se trata de contrastar información y evaluar fuentes de forma autónoma. Destaca la importancia del pensamiento crítico frente al sesgo mediático. Este recoge la evaluación de la información recibida, la valoración de las noticias de manera imparcial y las diferentes perspectivas sobre un tema.[13]

Otra vertiente identifica esta pérdida de confianza en el sesgo de negatividad. María Rosa Berganza, catedrática de la Universidad Rey Juan Carlos, expone que esta negatividad disminuye la participación ciudadana y fomenta la apatía política, lo que limita el debate público y el compromiso democrático.[14] El sesgo de negatividad puede derivar en dos tendencias. Puede ocurrir una reducción de la participación política y de la movilización social; o, por el contrario, la aparición de movilizaciones ideológicas bajo un activismo polarizado.[11] Ambos casos afectan al diálogo plural en la deliberación democrática.

Ejemplos

El sesgo mediático en el contexto electoral es un área de estudio a destacar. La Comisión Europea expone que los votantes necesitan información fiable a la hora de tomar decisiones fundadas, de ahí que los medios recopilen, interpreten y compartan información política.[15] Federico Vaccari, coordinador del proyecto PEMB e investigador postdoctoral en la Escuela de Estudios Avanzados IMT de Italia, afirma que los medios de comunicación tienen un papel fundamental en las democracias y pueden contribuir en las preferencias de los votantes. El proyecto nació con el objetivo de demostrar la relación entre la competición de los medios de comunicación y la desinformación. En su investigación, Vaccari muestra cómo la exposición al sesgo de los medios puede influir en las intenciones de voto. Destaca que la competitividad en el espacio mediático no ha estimulado a los medios informativos a ser más veraces. Esto fue comprobado por Vaccari en Reino Unido en 2016 durante la campaña sobre el referéndum del “Brexit” con la publicación de contenidos diferentes y opuestos sobre un mismo acontecimiento. Además, Vaccari recopiló pruebas usando herramientas teóricas destinadas a analizar el efecto de la competición de los medios de comunicación y realizó un experimento controlado en línea con voluntarios. Se analizó que más información no implica mayor calidad y que la competición podía aumentar la tentativa de influir en los ciudadanos.

El sesgo mediático vinculado a la política también se aprecia en la priorización de la polémica sobre las propuestas que llevan a cabo algunos medios. El estudio de Castillo-Campos y sus colaboradores (2025) revela que la cobertura se centra principalmente en los grandes partidos y las facciones polarizadas dejando de lado las propuestas políticas. Los actos de campaña reciben más atención que los propios programas electorales.[16] En un análisis mediático del partido Vox para las elecciones generales de abril de 2019, la cobertura de Vox en los comicios se centró principalmente en actividades de la campaña y en su candidato, Santiago Abascal, dejando las propuestas de gobierno en segundo lugar.[17]

Véase también

Referencias

Related Articles

Wikiwand AI