La lengua se dividió en varios dialectos, de los cuales sólo dos poseen una literatura abundante, el Sahídico o copto del Alto Egipto, y el Nohahírico o Boháírico, copto del Bajo Egipto. Menos fecunda fue la literatura en los dialectos fayúmico, akhmímico y licopolitano. Estas literaturas poseen lazos comunes con las literaturas siríaca, etíope, armenia y georgiana, ya que todas nacieron por la necesidad de traducir tanto la Biblia como la liturgia cristiana, que por entonces solo eran accesibles en griego, para uso de cristianos egipcios que no lo entendían. Consta, así, de traducciones bíblicas, textos litúrgicos, reglas monacales, biografías de santos, especialmente mártires, literatura homilética, dogmática, versiones de apocalipsis y apócrifos, obras de Padres de la Iglesia, de los Padres del yermo, etcétera.
En el desarrollo de esta literatura influyó de modo decisivo la separación de la Iglesia monofisita de la de Bizancio u Ortodoxa; eso contribuyó a una reacción nacionalista y religiosa en el dominio político, espiritual y lingüístico del Imperio Romano de Oriente. En sus orígenes se cruzan versiones de obras cristianas griegas y, en efecto, muchas de estas se conocen hoy gracias exclusivamente a sus traducciones al copto; la literatura en copto se conoce todavía muy mal, debido al pillaje sufrido por los monasterios y bibliotecas y a la gran cantidad de material aún inédito; lo que queda son fundamentalmente textos cristianos, entre otros gnósticos y maniqueos.
El primer trabajo acometido fue la traducción de la Biblia, aunque no se conservan versiones completas, sino sólo reconstrucciones de algunos libros y de un Nuevo Testamento. La literatura copta comienza con los Apócrifos, numerosas adaptaciones libres del griego o textos originales escritos en tono lúdico y exagerado. La mayoría son relatos de los Hechos de los apóstoles o Nuevos Evangelios, llenos de milagros y de acontecimientos prodigiosos y sensacionalistas. Hay también un Apocalipsis imaginativo (no se pretendía transmitir un dogma exacto), que abunda en las atrocidades infernales y en las delicias paradisíacas. Se redactaron muchas vidas de santos y apotegmas, episodios moralizantes breves que ilustran una máxima producida por un santo. Estos textos apócrifos resultan estereotipados e ingenuos.