Los cuatro jinetes del Apocalipsis (Durero)

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Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Los cuatro jinetes del Apocalipsis es uno de los grabados más conocidos del Apocalipsis ilustrado por el pintor y grabador renacentista alemán Alberto Durero en 1498.

La primera edición del Apocalipsis apareció en 1498, en una versión alemana y otra en latín; la segunda edición, en 1511, contenía el texto latino. El tema respondía al talante de la época, una inquietud religiosa muy extendida que culminaría con la Reforma y el cisma de la Iglesia. Para algunos, el papa no era el representante de Cristo en la Tierra sino el Anticristo anunciado en el Apocalipsis (aunque de forma explícita y literal nunca se le menciona). Pero el mensaje, tal como lo difundió Durero, no era de condenación inapelable. En Los ángeles apaciguan a los cuatro vientos, los elegidos son gente ordinaria con las que el lector podía identificarse.

El libro de Durero fue el primero publicado por un artista a sus propias y exclusivas expensas. Los anteriores Apocalipsis miniados, en general habían tenido una disposición distinta, con ilustraciones a página completa distribuidas a lo largo del volumen, o pequeñas e insertas en el texto, o bien con hileras de imágenes explicadas mediante epígrafes. Durero reservó el haz de la página para el grabado y dispuso el texto en el dorso. Los artistas anteriores habían confiado en el color para completar el efecto vigoroso; Durero lo consiguió con el blanco y negro.

Análisis de la obra

Se representa la escena descrita en el libro del Apocalipsis: cuando el Cordero abre los primeros cuatro sellos de la profecía del Juicio final, salen cabalgando cuatro jinetes, uno tras otro:

  1. Uno de ellos lleva un arco, monta un caballo blanco y se dispone a conquistar;
  2. Otro, con una gran espada, en un caballo rojo, va a desencadenar la destrucción;
  3. Un tercero, que monta un caballo negro, lleva una balanza, representando el colapso y la crisis económica;
  4. Finalmente, la Muerte, sobre un escuálido caballo, seguida por el Infierno, se dispone a aniquilar por el hambre y la pestilencia.

Semejante movimiento, casi un trueno audible, jamás se había expresado mediante la técnica e imaginación inspirada, no ha sido superado desde entonces. Aunque a Durero le encantaba experimentar con todas las técnicas, gracias a los grabados, realizados durante toda su carrera, estableció su independencia y extendió su arte. Mediante ellos podía llegar a públicos inmensos.

Grabados posteriores de Durero

Véase también

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