El origen de esta práctica se remonta a la época prehispánica de las Islas, donde sus antiguos habitantes basaban su sustento básicamente en el pastoreo, para lo cual se ayudaban de un garrote para desplazarse a lo largo de la abrupta geografía. A su vez, esta herramienta se empezó a utilizar también como arma ante los problemas que tenían estos guerreros-pastores entre ellos, como robo de ganado o desafíos, y con enemigos externos, como piratas, castellanos, holandeses y portugueses, que iban a las islas en busca de esclavos y de alimentos. Solían ser pastores los que practicaban esta defensa que hoy se ha convertido en una tradición en las Islas Canarias, sobre todo en el Hierro.