Cursiva

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Tipográficamente, la letra cursiva o itálica[1] también es llamada letra de carta, letra manuscrita o letra corrida (este último término más frecuente en el español de Hispanoamérica). No toda la escritura manuscrita se considera cursiva. Sus características más comunes son la inclinación de sus letras y, aunque no necesariamente, la concatenación de las mismas dentro de cada palabra. Este estilo permite escribir manualmente con una mayor velocidad.

Rifia
Rifia

Por extensión, se llama cursiva (también letras itálicas, que los tipógrafos llaman «bastardilla») a todo aquel tipo de letra que aparece inclinada hacia la derecha.[1]

Ortográficamente, este tipo de letra señala el carácter especial de una palabra o fragmento. También se empla para delimitar expresiones o fragmentos concretos como denominaciones o citas.

Origen del término

Lo cierto es que su origen y, por lo tanto, su definición está en la escritura a mano apresurada. De hecho, la palabra «cursiva» proviene del latín curro (curris, currere, cucurri, cursum), que significa ‘correr’, por ser el tipo de letra obtenida al escribir con cierta agilidad. De esta manera, existe una relación de reciprocidad entre las letras de tipo cursivo y la agilidad en su escritura; la escritura ágil «cursiviza» la grafía, y la letra cursiva agiliza la escritura.

Paleográficamente, las letras de tipo cursivo se oponen a las letras caligráficas,[cita requerida] redondas,[2] o de imprenta,[3] hechas, en teoría, con más detenimiento y más correctamente elaboradas. Sin embargo, eso no implica que la letra cursiva esté hecha de una manera descuidada o sea menos estética. De hecho, algunas de las letras más complejas y elaboradas son, precisamente, cursivas (como sucede en el caso de la cursiva normal).[cita requerida]

Usos de la cursiva

La cursiva se emplea en la lengua española con los siguientes usos.[1]

  • Extranjerismos crudos, las palabras que pertenecientes a otra lengua que no se adecúan al sistema ortográfico del español. Esta norma también se aplica locuciones o expresiones latinas que no han sido adaptadas, de manera análoga a los extranjerismos crudos, como grosso modo.
  • Intervenciones entre corchetes de un comentario dentro de una cita. Por ejemplo: Citando a Lola Flores: «"Si me queréis, ¡irse!"» [la negrita es nuestra].
  • Adverbio del latín sic, que significa 'así' y que entre paréntesis o corchetes se usa para señalar palabras o frases que pudieran parecer erróneas o inexactas son textuales. Ejemplo: «Al más perezoso de sus primos, que siempre retozaba en su hamaca mientras los demás trabajaban, lo apodaban "El Cocreta" (sic)».
  • Nombres en latín en que nomenclatura científica internacional designan géneros, especies o subespecies en los animales y las plantas. Por ejemplo: Lynx pardinus, Ciconia nigra, Aquila adalberti, Astragalus ginezlopezii, Serapias perez-chiscanoi, Taxus baccata.
  • Palabras que no pertenecen al registro que se usa en un texto, o que se consideran impropias, vulgares, o se emplean con sentido irónico o especial. Ejemplo: Miguel dijo que el examen había sido mu jevi [por duro]. Y solo existe una excepción a esta regla: cuando las voces se emplean para caracterizar la manera de hablar de un personaje. «El 68, cuando la santísima, estuve haciendo la guardia en el Banco, pa que no robaran, y le digo asté que si por un es caso llega a paicerse por allí algún randa, lo suicido» (Benito Pérez Galdós Fortunata y Jacinta).[4]
  • Creaciones ocasionales y neologismos recientes cuando quién escribe quiere señalar que lo son. Por ejemplo: No aguanto a los melasudatodo cuando hay que decidir dónde vamos a comer. Con una excepción, y es cuando los neologismos han pasado de ser ocasionales a estar asentados. Ejemplo: Los sintecho de los arrabales reclaman viviendas a precios accesibles.
  • Letras correspondientes a símbolos de variables matemáticas o a magnitudes físicas. Por ejemplo: Teorema de Fermat, a^n + b^n = c^n no se cumple para n mayor de 2.[5]
  • Conceptos que se introducen por primera vez en textos didácticos o divulgativos de manuales y libros de texto. Por ejemplo: El propósito de la contabilidad es brindar la información necesaria para conocer la situación financiera y resultado de la empresa en un periodo tiempo mediante los registros de todas las transacciones en sus libros contables.[6]
  • Función metalingüística, para destacar una palabra o un elemento lingüístico del que se está hablando. Por ejemplo: La palabra sushi es un préstamo del japonés. Para este uso, en textos manuscritos o soportes que no tengan la función cursiva, se deben usar las comillas.

Ejemplos

Referencias

Véase también

Enlaces externos

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