Entre 1923 y 1926, por encargo del ayuntamiento de Roma, fundó y dirigió un coro masculino destinado a la formación musical de los obreros, el cual consiguió bastante renombre no solo por el rigor de sus interpretaciones, sino porque además del repertorio popular acometía obras de los clásicos y de compositores del momento que escribían expresamente para él.
En 1926 fue nombrado subdirector de la Orquesta del Augusteo de Roma, cargo que ocupó durante diez años y que compaginó con la enseñanza de dirección en el Conservatorio de la ciudad. Desde 1937 hasta 1944 dirigió la orquesta del Maggio Musicale Fiorentino, a la vez que iniciaba una espléndida carrera internacional coma director de óperas y de conciertos. Ya desde entonces aunó la programación de los compositores más actuales con la recuperación de obras olvidadas de autores como Claudio Monteverdi, Baldassare Galuppi, Niccolò Piccinni y otros.
Una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, por sugerencia de Arturo Toscanini, fue nombrado director artístico del Teatro alla Scala de Milán, pero al año siguiente (1946) lo abandonó para hacerse cargo de la Orquesta Sinfónica de la RAI, con sede en Turín. Fue director de esta formación durante veintitrés años, elevándola al más alto nivel interpretativo y realizando múltiples giras por todo el mundo. En calidad de director invitado, también dirigió las más prestigiosas orquestas europeas e hizo numerosas grabaciones.