También se podían conceder como una forma de honor, distinción honorífica o promoción social a personajes que no desempeñaban dichas magistraturas. Los ornamenta no desplazaban a la magistratura, no daban el cargo sino el derecho a sentarse en las reuniones del ordo pero sin voz ni voto porque era una asimilación ficticia. Daban derecho a llevar insignias, el vestido y el calzado en los actos públicos. Por último, gozan de ventajas del cargo. Al ser honoríficas se daban, en ocasiones, tras la muerte de una persona, cuando se costea una estatua en honor a una persona también.