Papías de Hierápolis

padre Apostólico de la Iglesia, obispo de Hierápolis From Wikipedia, the free encyclopedia

Papías de Hierápolis (Παπίας) fue uno de los padres apostólicos de la iglesia cristiana, Obispo de Hierápolis (moderno Pamukkale, Turquía), y autor que vivió c. AD 60.[1][2] hoy venerado como santo (h. 69-h. 150).

Nacimiento 70, Siglo I o c. 60 Ver y modificar los datos en Wikidata
Asia Menor (Turquía) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento Siglo II o 140 Ver y modificar los datos en Wikidata
Smyrna (Antigua Roma) o Esmirna (Turquía) Ver y modificar los datos en Wikidata
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San Papías de Hierápolis

San Papías
Información personal
Nacimiento 70, Siglo I o c. 60 Ver y modificar los datos en Wikidata
Asia Menor (Turquía) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento Siglo II o 140 Ver y modificar los datos en Wikidata
Smyrna (Antigua Roma) o Esmirna (Turquía) Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Cristianismo católico Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alumno de Juan el Evangelista Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritor, presbítero y sacerdote Ver y modificar los datos en Wikidata
Área Pastoral Ver y modificar los datos en Wikidata
Cargos ocupados Obispo Ver y modificar los datos en Wikidata
Información religiosa
Festividad 22 de febrero
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Escribió la «Exposición de los dichos del Señor» (Λογίων Κυριακῶν Ἐξήγησις) en cinco libros. Esta obra, que se ha perdido salvo por breves extractos en las obras de Ireneo de Lyon (c. 180) y Eusebio de Cesarea (c. 320), es una importante fuente temprana sobre la tradición oral cristiana y, en especial, sobre los orígenes de los evangelios canónicos. Fue contemporáneo de Policarpo, Justino Mártir y Marción, y probablemente discípulo del apóstol Juan. No se conserva ninguno de sus escritos salvo breves citas realizadas por autores posteriores, sobre todo Eusebio de Cesarea. La importancia de este escritor radica en su testimonio en favor de la doctrina milenarista, que fue posteriormente debatida por muchos autores, como el escritor Eusebio de Cesarea. Son también relevantes sus comentarios sobre los evangelistas.

Biografía

Eusebio de Cesarea dice que fue obispo de Hierápolis, Frigia (Asia Menor), y san Ireneo de Lyon que fue «oyente de Juan, compañero de Policarpo de Esmirna, varón antiguo»; uno, sin duda, de los que integraban el grupo de los denominados «presbíteros asiáticos» de los que habla el obispo de Lyon. La vida de Papías fue paralela con la de Policarpo, aunque es poco probable que alcanzase la edad del obispo de Esmirna. Murió, a lo que parece, hacia el 150. En algunas obras se lo considera mártir, si bien en unos casos se corresponde con errores de identificación, y en otros la información no es suficiente.

Es descrito como «un anciano que fue discípulo de Juan y compañero de Policarpo» por el discípulo de Policarpo Ireneo (c. 180).[3]

Eusebio añade que Papías fue obispo de Hierápolis en la época de Ignacio de Antioquía.[4] En este cargo, Papías fue sucedido presumiblemente por Abercio de Hierápolis.

El nombre «Papías» era muy común en la región, lo que sugiere que probablemente era originario de la zona.[5]

Fecha

Algunos estudiosos modernos datan la obra de Papías entre los años 95 y 110 aproximadamente.[6][7] Más tarde se argumentaron fechas posteriores a partir de dos referencias que ahora parecen ser erróneas. Una que fecha la muerte de Papías alrededor de la muerte de Policarpo en 164 es en realidad un error por «Papylas».[8] Otra fuente poco fiable en la que se dice que Papías se refiere al reinado de Adriano (117-138) parece ser el resultado de una confusión entre Papías y Cuadrato de Atenas.[9]

Eusebio solo se refiere a Papías en su tercer libro, por lo que parece situarlo antes del comienzo de su cuarto libro en 109. El propio Papías conoce varios libros del Nuevo Testamento, cuyas fechas son controvertidas, y se afirma que fue informado por Juan el Evangelista, Aristión, las hijas de Felipe y otros que habían escuchado a los Doce Apóstoles. También se le llama compañero del longevo Policarpo (69-155),[3] Agapio de Hierápolis fecha una de sus historias en el año 12 del reinado de Trajano (110 d. C.). Por todas estas razones, se cree que Papías escribió a principios del siglo II.

Influencias y diferencias

El prestigio de Papías fue grande en la Antigüedad, siendo tenido en gran estima por san Ireneo. En cambio, Eusebio no parece compartir esta opinión, llegando a decir que Papías fue «un varón de mediocre inteligencia, como demuestran sus libros» (Hist. Ecl. III,39,13); pone además en tela de juicio el hecho de que fuese auditor directo del apóstol Juan: después de haber seguido en su Crónica el parecer de san Ireneo y de san Jerónimo, se aparta de éstos en su Historia, fundando su opinión en las primeras palabras de la obra de Papías (III,39,2); según el obispo cesariense, Papías no fue discípulo de Juan el Evangelista, sino de Juan el Presbítero. No parece avalar el parecer de Eusebio el hecho de la doctrina quiliasta de Papías se explicaría fácilmente en un discípulo directo de Juan Evangelista. El deseo de desacreditar al milenarismo por parte de algunos ya desde la Antigüedad explicaría la forma en que Eusebio de Cesarea lo trata en su "Historia Eclesiástica".

Según Craig Evans, la evidencia de Ireneo (siglo II) es muy poderosa a favor de que Papías haya sido discípulo de Juan el Apóstol. Agrega que probablemente Eusebio (siglo IV) haya inventado la figura de Juan el Anciano para justificar que Papías fuese milenarista, dado que la doctrina del milenarismo era políticamente inconveniente tras la legalización del cristianismo en el año 325: Eusebio también asigna al misterioso Anciano la redacción del Apocalipsis, libro que él no considera parte de la Biblia.[10]

El abad Anastasio el Sinaítico, en un brevísimo párrafo comenta una interpretación del Génesis aplicado a Cristo y a la Iglesia que habían elaborado «Panteno, obispo de Alejandría, y el sapientísimo Ammonio», a quienes cita junto a Clemente de Roma como inspiradores de Papías.

La cita de Eusebio nos trae otro fragmento, en el que Papías dice conocer las enseñanzas específicas de distintos apóstoles, mencionando abiertamente a Andrés, Pedro, Tomás, Santiago, Juan y Mateo.[11]

Escritos

Siendo ya obispo de Hierápolis, Papías escribió un tratado en cinco libros titulado Explicación de los dichos del Señor. Esta obra fue compuesta hacia el 130, según resulta de la referencia que en ella se hace al gobierno de Adriano (fragmento XI). Bardenhewer fija la composición entre los años 117 y 139, Adolf von Harnack entre el 140 y 160, Pierre Batiffol hacia 150. Es una de las primeras exégesis de los dichos (logias) de Jesús de Nazaret. Como fuentes utiliza el autor los evangelios de Mateo, Marcos y Juan y, además, las enseñanzas orales de los familiares de los apóstoles y tal vez los testimonios de las hijas del apóstol Felipe, que vivían en Hierápolis. El conjunto de su obra se perdió, y sólo quedaron fragmentos del prefacio, citados por Eusebio, lo que dificulta enormemente un análisis con cierto rigor de la obra.

En el prefacio de su obra resume Papías el fin que pretende:

No dudaré en ofrecerte, ordenadas juntamente con mis interpretaciones, cuantas noticias un día aprendí y grabé bien en mi memoria, seguro como estoy de su verdad. Porque no me complacía yo, como hacen la mayor parte, en los que mucho hablan, sino en los que dicen la verdad; ni en los que recuerdan mandamientos ajenos, sino en los que recuerdan los que fueron mandados por el Señor a nuestra fe y proceden de la verdad misma. Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo trataba de discernir los discursos de los ancianos: qué había dicho Andrés, qué Pedro, qué Felipe, qué Tomás o Santiago, o qué Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor; igualmente, lo que dice Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente
(Eusebio, Hist. Ecl. III, 39,3-4)

Existe cierto debate sobre la intención de la última frase de Papías en la cita anterior: «Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente». Una de las partes del debate sostiene la opinión tradicional de los estudiosos del siglo XX de que, en la época de Papías, las declaraciones escritas tenían menos valor que las declaraciones orales.[12] La otra parte observa que «voz viva» era un topos, una frase establecida que se refería a la instrucción personal y el aprendizaje, y por lo tanto Papías indica su preferencia por la instrucción personal sobre el aprendizaje aislado de los libros.[13]

En esta obra, Papías no sólo explica el sentido de las palabras de Cristo y narra también relatos de su vida, tomados de los evangelios, sino que añade otras, e incluso presenta teorías que dice que le llegaron por vía de transmisión oral a las que Eusebio de Cesarea adjetiva como «fábulas» (por ejemplo, el milenarismo). De estos escritos de Papías que tuvieron en sus manos Ireneo de Lyon, Eusebio de Cesarea, Felipe de Side y Andrés de Cesárea, quedan pequeños fragmentos, recogidos casi todos ellos por el obispo de Cesarea en su Historia Eclesiástica.

Papías preguntó a los viajeros que pasaban por Hierápolis qué decían los discípulos supervivientes de Jesús y los ancianos, aquellos que habían conocido personalmente a los Doce Apóstoles. Uno de estos discípulos era Aristión, probablemente obispo de la cercana Esmirna,[14] y otro era Juan el Anciano, normalmente identificado (a pesar de la protesta de Eusebio) con Juan el Evangelista,[15] que residía en la cercana Éfeso, de quien Papías era oyente;[3] Papías citaba con frecuencia a ambos.[16] Se dice que Papías aprendió otras tradiciones de las hijas de Felipe, que se establecieron en Hierápolis.[17]

Fragmentos

Hay indicios de que la obra de Papías aún existía a finales de la Edad Media,[18] pero el texto completo se ha perdido. Sin embargo, aparecen extractos en otros escritos, algunos de los cuales citan un número de libro.[19] MacDonald propone la siguiente reconstrucción provisional de los cinco libros, siguiendo un orden matteano presunto. [20]

  1. Prefacio y predicación de Juan
    • Prefacio
    • Orígenes del Evangelio
    • Los llamados hijos (Libro 1)
  2. Jesús en Galilea
    • La mujer pecadora
    • El paraíso y la Iglesia
    • Las muertes de Santiago y Juan (Libro 2)
  3. Jesús en Jerusalén
    • El Milenio
  4. La Pasión
    • La abundancia agrícola en el Reino (Libro 4)
    • La muerte de Judas (Libro 4)
    • La caída de los ángeles
  5. Después de la Resurrección
    • Barsabás bebiendo veneno
    • La resurrección de la madre de Manaén

Doctrina

Entre los fragmentos que Eusebio nos ha transmitido de la obra de Papías se encuentran dos observaciones sobre los dos primeros evangelios que arrojan luz sobre su origen. Con respecto al evangelio de Marcos, dice Papías:

El anciano decía también lo siguiente: Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó referentes a los dichos y hechos del Señor. Porque ni había oído al Señor ni le había seguido, sino que más tarde, como dije, siguió a Pedro, quien daba sus instrucciones según sus necesidades, pero no como quien compone una ordenación de las sentencias del Señor. De suerte que en nada faltó Marcos, poniendo por escrito algunas de aquellas cosas, tal como las recordaba. Porque en una sola cosa puso cuidado: en no omitir nada de lo que había oído y en no mentir absolutamente en ellas
(Eusebio, Hist. Ecl. III,39,15)

Por lo que se refiere al evangelio de Mateo, Eusebio cita estas palabras de Papías: «Mateo ordenó en lengua hebrea los dichos del Señor y cada uno las interpretó [tradujo] conforme a su capacidad» (Hist. Ecl. III,39,16). Esta afirmación prueba que en tiempos de Papías la obra original de Mateo ya había conocido algunas traducciones, entre ellas, es lógico suponerlo, la griega. Estas traducciones no hay por qué pensar que fuesen auténticas versiones escritas; es más, el tenor de la frase de Papías hace suponer, por el contrario, que se trataba de versiones orales, en lengua vernácula, de las perícopas contenidas en el evangelio.

Otro de los fragmentos del obispo de Hierápolis, el del prefacio de su obra ya citado, suscita una cuestión no resuelta hasta ahora unánimemente por los investigadores: la identificación de los dos Juanes, nombrados por él entre los garantes de la ortodoxia de su doctrina: Juan el Apóstol y Juan el Presbítero. Queda por determinar si son dos o uno, porque los equipara incluso a la autoridad del testimonio doctrinal. Sin embargo, no es necesario que se vea la presencia de dos hombres diferentes de nombre Juan. Juan el Apóstol obviamente era un anciano (presbítero) de la Iglesia primitiva. Y después de haber sufrido prisión en la isla de Patmos, la tradición es unánime en decir que el apóstol se estableció en Éfeso, desde donde todavía se menciona que hacía algunos viajes de predicación y donde habría escrito no solamente su Apocalipsis ("Revelación"), sino también el evangelio que lleva su nombre.

Otros fragmentos de la obra de Papías contienen leyendas e historias, más o menos fabulosas. El hecho de no contar con la obra de Papías en la actualidad hace difícil determinar si lo que se dice que escribió realmente lo escribió o si se trata de citas tomadas fuera de su contexto. Eso hace que se mantenga la controversia en cuanto a la enseñanza y doctrina de este hombre que fue una figura muy importante en la Iglesia de su tiempo, al grado que Ireneo de Lyon lo cita como autoritativo para temas como el reinado milenario de Cristo sobre la Tierra.

Y así por el estilo, inserta Papías otros relatos como llegados a él por tradición oral, lo mismo que algunas enseñanzas suyas y algunas otras cosas que tienen aún mayores visos de fábula. Entre esas fábulas hay que contar no sé qué milenio de años que dice ha de venir después de la resurrección de entre los muertos y que el reino de Cristo se ha de establecer corporalmente en esta tierra nuestra; opinión que tuvo, a lo que creo, por haber interpretado mal Papías las explicaciones de los Apóstoles y no haber visto el sentido de lo que ellos decían místicamente en ejemplos... [y otras narraciones] que tienen aún mayores visos de fábula
Eusebio

Son leyendas del fin de Judas, el asesinato de Juan, hermano de Santiago, perpetrado por los judíos y también lo que él había oído decir a las hijas de Felipe, que residían en Hierápolis; según dice, le hablaron de los milagros que habían sucedido en sus días: de la resurrección de la madre de Manaimo y de la historia del justo Barsabás, que se tragó una porción de veneno sin experimentar efecto alguno. No obstante, como ya se ha dicho más arriba, la atribución del texto a Papías es discutida.

Escatológico

Eusebio concluye a partir de los escritos de Papías que este era un chiliasta, que entendía el Milénio como un período literal en el que Cristo reinaría en la Tierra, y reprende a Papías por su interpretación literal de pasajes figurativos, escribiendo que Papías «parece haber tenido una comprensión muy limitada» y que su malentendido indujo a error a Ireneo y a otros. Según algunos fragmentos, Papías conocía el Apocalipsis de Juan y lo tenía en gran estima.[21]

Ireneo cita efectivamente el cuarto libro de Papías para una frase de Jesús que de otro modo sería desconocida, relatada por Juan el Evangelista, que sin duda Eusebio tiene en mente:[22][23]

El Señor solía enseñar acerca de aquellos tiempos y decía: «Llegarán días en que crecerán vides, cada una con diez mil brotes, y en cada brote diez mil ramas, y en cada rama diez mil ramitas, y en cada ramita diez mil racimos, y en cada racimo diez mil uvas, y cada uva, al ser prensada, producirá veinticinco medidas de vino. Y cuando uno de los santos tome un racimo, otro racimo gritará: «Yo soy mejor, tómame, bendice al Señor a través de mí». Del mismo modo, un grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano diez libras de harina fina, blanca y limpia. Y los demás frutos, semillas y hierbas producirán en proporciones similares, y todos los animales que se alimentan de estos frutos producidos por la tierra se volverán a su vez pacíficos y armoniosos entre sí, y totalmente sometidos a la humanidad... Estas cosas son creíbles para aquellos que creen». Y cuando Judas, el traidor, no creyó y preguntó: «¿Cómo, entonces, logrará el Señor tal crecimiento?», el Señor dijo: «Los que vivan hasta esos tiempos lo verán».

A menudo se han señalado paralelismos entre este relato y textos judíos de la época, como 2 Baruch.[24][25]

Por otra parte, se dice en otros lugares que Papías entendió místicamente el Hexamerón (los seis días de la Creación) como una referencia a Cristo y a la Iglesia.[26]

Pericope Adulterae

Henri Lerambert,[27] «Cristo y la adúltera», siglo XVI

Eusebio concluye su relato sobre Papías diciendo que este relata «otro relato sobre una mujer que fue acusada de muchos pecados ante el Señor, que se encuentra en el Evangelio según los hebreos».[28] Agapio de Hierápolis (siglo X) ofrece un resumen más completo de lo que Papías dijo aquí, llamando a la mujer adúltera. [29] El paralelismo es evidente con la famosa Pericope Adulterae (Juan 7:53–8:11), un pasaje problemático que no aparece o ha sido reubicado en muchos manuscritos antiguos del Evangelio. El paralelismo no es exacto, ya que, en la versión conocida por Papías, la mujer «fue acusada de muchos pecados», a diferencia del relato que se encuentra en la Pericope Adulterae, en el que sus acusadores simplemente dicen que fue «sorprendida en flagrante adulterio». Lo notable es que la historia sea conocida de alguna forma por un testigo tan antiguo como Papías.

Lo que no está tan claro es hasta qué punto Eusebio y Agapio están transmitiendo las palabras de Papías o la forma de la perícopa que ellos conocían por otras fuentes.[30] De hecho, nos han llegado una gran variedad de versiones.[31] Dado que el pasaje de Juan es prácticamente desconocido en la tradición patrística griega;[32] Eusebio ha citado el único paralelo que reconoció, del ahora perdido Evangelio según los hebreos, que puede ser la versión citada por Dídimo el Ciego.[33]

El acuerdo más cercano con «muchos pecados» se encuentra en realidad en el texto joánico del códice armenio Matenadaran 2374 (antes Ečmiadzin 229); este códice también es notable por atribuir el final más largo de Marcos a «Aristón el Viejo», que a menudo se considera relacionado con Papías debido a la referencia de este último a un «Aristión» como fuente de las Exposiciones de los dichos del Señor. [34][35]

La muerte de Judas

Según un escolio atribuido a Apolinario de Laodicea, Papías también relató una historia sobre el grotesco destino de Judas Iscariote:[36]

Judas no murió ahorcado,[37] sino que siguió viviendo, ya que fue rescatado antes de morir asfixiado. De hecho, los Hechos de los Apóstoles lo dejan claro: «Cayendo de cabeza, se abrió por la mitad y se le salieron las entrañas».[38] Papías, discípulo de Juan, lo relata con mayor claridad en el cuarto libro de la Exposición de los dichos del Señor, de la siguiente manera: Judas era un terrible ejemplo andante de impiedad en este mundo, con la carne tan hinchada que no podía pasar por un lugar por donde un carro pasaba fácilmente, ni siquiera su cabeza hinchada. Dicen que sus párpados estaban tan hinchados que no podía ver la luz en absoluto, y que sus ojos no podían verse, ni siquiera por un médico con un instrumento óptico, tan hundidos estaban bajo la superficie externa. Sus genitales parecían más repugnantes y más grandes que los de cualquier otra persona, y cuando se aliviaba, salían pus y gusanos de todas las partes de su cuerpo, para su vergüenza. Después de mucho sufrimiento y castigo, dicen, finalmente murió en su propia casa, y debido al hedor, la zona está desierta e inhabitable incluso ahora; de hecho, hasta el día de hoy no se puede pasar por ese lugar sin taparse la nariz, tan grande era la secreción de su cuerpo y tan lejos se extendía por el suelo.

Muerte de Juan

Dos fuentes tardías (Felipe de Side y George Hamartolus) citan el segundo libro de Papías, en el que se afirma que Juan fue asesinado por los judíos.[39] Sin embargo, algunos estudiosos modernos dudan de la fiabilidad de las dos fuentes en lo que respecta a Papías,[40][41] mientras que otras sostienen que Papías sí habló del martirio de Juan. [42] Según las dos fuentes, Papías presentó esto como el cumplimiento de la profecía de Jesús sobre el martirio de estos dos hermanos.[43][44]

Barsabás

Papías relata, basándose en la autoridad de las hijas de Felipe, un acontecimiento relacionado con Justo Barsabás, quien según los Hechos era uno de los dos candidatos propuestos para unirse a los Doce Apóstoles.[45] El resumen de Eusebio nos dice que «bebió un veneno mortal y no sufrió ningún daño»,[17] mientras que Felipe de Side relata que «bebió veneno de serpiente en nombre de Cristo cuando fue puesto a prueba por los incrédulos y fue protegido de todo daño».[46] El relato sobre Justo Barsabás va seguido de otro sobre la resurrección de la madre de un tal Manaém. Este relato puede estar relacionado con un versículo del final más largo de Marcos: «Cogerán serpientes en sus manos, y si beben algo mortífero, no les hará daño».[47]

Juicio crítico

Papías es uno de los personajes más discutidos de la antigüedad cristiana, a pesar de que sólo nos han llegado pequeños fragmentos de su obra o tal vez por eso mismo. Desde Eusebio ya sus relaciones con el apóstol Juan y su testimonio acerca de los evangelios de Marcos y Mateo son objeto permanente de estudios críticos; algo análogo sucede con su milenarismo. Por eso, no resulta fácil valorar en su justa medida a Papías.

Aparece como un autor un tanto confuso, a pesar de su deseo de informarse de la verdad y pese a su celo por beber en las más genuinas fuentes de la tradición, especialmente la oral. Pero lo que hace importante la obra de Papías y notabilísima su contribución a la historia del cristianismo: el testimonio que nos brinda sobre la transmisión de la enseñanza oral de los discípulos de los apóstoles y su conservación en los evangelios.

Véase también

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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