Don Pelayo
rey de Asturias
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Pelayo (en latín, Pelagiusi), nombrado frecuentemente como don Pelayo (f. 737 en Cangas de Onís), es considerado el primer monarca del reino de Asturias, que rigió durante 19 años. La tradición cronística y buena parte de la historiografía tradicional lo vinculan con la aristocracia hispano-goda, si bien su origen es objeto de debate.
Cangas de Onís (Asturias)
| Pelayo | ||
|---|---|---|
| Príncipe de los Astures | ||
|
Don Pelayo, rey de Asturias, obra de Luis de Madrazo y Kuntz | ||
| Reinado | ||
| 718-737 | ||
| Sucesor | Favila | |
| Información personal | ||
| Nacimiento | Desconocido | |
| Fallecimiento |
737 Cangas de Onís (Asturias) | |
| Sepultura | Santa Cueva de Covadonga | |
| Religión | Católica | |
| Familia | ||
| Casa real | Astur-leonesa | |
| Padre | ? | |
| Consorte | Gaudiosa | |
| Hijos | Véase Matrimonio y descendencia | |
Tras la conquista musulmana de 711, Pelayo aparece vinculado al territorio astur y se convirtió en una de las principales figuras de resistencia frente al dominio andalusí. Hacia 718 fue elegido princeps por los astures, según las crónicas, iniciando una nueva estructura política en torno a Cangas de Onís. En 722 derrotó a las fuerzas musulmanas en el enfrentamiento de Covadonga, episodio considerado tradicionalmente el inicio del Reino de Asturias y en la historiografía tradicional de la Reconquista.
Durante su gobierno consolidó su autoridad sobre un pequeño territorio articulado en torno a Cangas de Onís. Murió en 737 y fue sucedido por su hijo Favila, mientras que su hija Ermesinda quedó vinculada a la posterior continuidad dinástica a través de su matrimonio con Alfonso I. Pelayo es considerado así el fundador de la tradición monárquica asturiana, origen de la línea dinástica que, a través de los reinos de León y Castilla, desembocaría finalmente en la monarquía española.
Las crónicas
Son dos las principales fuentes escritas de la monarquía astur que se refieren a la existencia de Pelayo. La más extensa de ellas es la Crónica albeldense, texto escrito alrededor de 880 en la corte de Alfonso III. Coetánea de la anterior (posterior en todo caso a 887) y nacida en el mismo medio, es la denominada comúnmente como Crónica de Alfonso III, en sus dos versiones: la Rotense o vulgar y la Sebastianense o culta. Los historiadores que se han ocupado de ellas están de acuerdo en que el propósito general de estos relatos era asentar una idea de continuidad entre el reino visigodo de Toledo y el primitivo reino astur. Las crónicas declaran que los reyes astures son sucesores de Leovigildo y Recaredo,[1] así como tratan de crear una continuidad institucional entre ambas realidades políticas.[2] La historiografía moderna coincide en que estas declaraciones constituyen un paradigma llamado neogoticismo, seguramente avivado por influencias mozárabes, y que, real o ficticio, respondía muy bien a los intereses políticos y al reforzamiento del prestigio personal de Alfonso III.[3]
- En la Crónica albeldense (año 881), Pelayo, un noble godo expulsado de Toledo por Witiza, se refugia en Asturias. Cuando se produce la invasión musulmana, es elegido en el concilium princeps de los astures [cita requerida] y acaba con las guarniciones islámicas de la región acantonadas en Gijón, donde gobernaba el valí Munuza, procediendo a la administración del territorio y el cobro de tributos. «Entonces los de las huestes de los sarracenos que habían sobrevivido a la espada, al derrumbarse un monte en Liébana, fueron sepultados por el juicio de Dios».
- En la Crónica rotense, Pelayo aparece como un antiguo espatario de Witiza y Rodrigo que huye con su hermana de la dominación musulmana. Pese a su huida, Pelayo, ya en Asturias, entra en estrecho contacto con Munuza, el gobernador musulmán de Gijón. Este, enamorado de la hermana de Pelayo, manda al noble godo a Córdoba, de donde Pelayo conseguirá escapar en 717 y, tras un dramático regreso, logra ponerse a salvo entre los astures, a los que poco más tarde conseguirá sublevar tras hacerse nombrar su príncipe.
- En la Crónica sebastianense, la más neogoticista de todas, y reconfigurada sobre la Rotense por el obispo Sebastián, sobrino del propio Alfonso III, se prescinde del trasfondo novelesco, aunque por primera vez se atribuyen orígenes nobles a Pelayo al hacerlo hijo de un supuesto duque llamado Fáfila o Favila (nombre de su propio hijo).
Don Pelayo y el duque Pedro en Tedeja
La tradición sitúa a Don Pelayo el año 712 en el castillo de Tedeja junto a quien se convertirá en su consuegro, el duque Pedro de Cantabria. Javier Iglesia Aparicio cita en un artículo que el benedictino del siglo XVII Gregorio de Argaiz, explicaba que los refugiados godos del duque Pedro se replegarían a Tetelia, (Castillo de Tedeja, junto a la actual Trespaderne), tras la caída de Amaya frente a los árabes. Cerrando el desfiladero de la Horadada que salvaguardaba el valle de Tobalina y la costa, algo así como «el último bastión» frente al invasor. En la huida desde Toledo, los espatarios supervivientes de la batalla de Guadalete, trasladarían el panteón real de los reyes godos hasta la cercana y desaparecida ermita de Santa María de los Reyes Godos[4] junto a la orilla norte del Ebro, protegida por el castillo de Tedeja. El 9 de agosto del año 726, el duque Pedro y Don Pelayo volverían a derrotar a un ejército musulmán, a solo tres kilómetros de distancia del castillo de Tedeja, pero esta vez dando un paso en la reconquista, en la orilla sur del Ebro, en la batalla del Negro Día, junto al lugar en cuya conmemoración se construyó la sencilla ermita de Encinillas.[5][6]
Rebelión y reconquista de Gigia (actual Gijón)
Tras la llegada en el año 714 de la expedición de Muza a Asturias, el jefe bereber Mnuza o Munuza fue encargado de las tropas y la administración de la mitad norte peninsular, asentándose al frente de una guarnición musulmana en Gijón,[cita requerida] mientras otras aseguraban el territorio y atacaban los últimos restos de resistencia. Las familias más importantes de la aristocracia astur, entre ellas la de Pelayo, enviaron rehenes a Córdoba para garantizar la capitulación. Sin embargo, en tiempos del valí Al-Hurr (717–718), Pelayo retornó a las montañas de Asturias, donde fue elegido princeps o líder de los astures según una de las crónicas.[7] Tras unos años de mutuo hostigamiento, durante el gobierno de Anbasa (722), Munuza envió un destacamento de tropas al refugio de Pelayo en Piloña. El líder astur y sus hombres se refugiaron en el monte Auseva, donde esperaron a las tropas musulmanas, mientras que Munuza ordenaba refuerzos desde la meseta para acabar con la resistencia. Allí les tendieron una emboscada al destacamento musulmán, el cual fue aniquilado. Esta acción bélica se conoce como la batalla de Covadonga. Tras esta batalla, Pelayo es coronado rey con una corona hecha con ramas de roble en el llamado Campo de la Jura, cercano a Cangas de Onís, por dos de sus capitanes, Suero Buyeres de Caso y su yerno don Anean de Estrada.[8]

Cuentan las crónicas que, tras la derrota de Covadonga, Munuza salió huyendo con sus fuerzas, probablemente por temor a que la gente de Gijón se uniera a la revuelta o por miedo a que las tropas asturianas que habían derrotado a sus propias tropas le dieran alcance en la ciudad. Tras abandonar la ciudad, Munuza intentó salir de Asturias por el puerto de la Mesa, mientras que las tropas victoriosas de Covadonga hacían marchas forzadas para cortarle la huida hacia la meseta, siendo Munuza y sus tropas nuevamente derrotadas y muerto Munuza en Olalíes, actual concejo de Santo Adriano. Pelayo se apoderó de Gijón sin mayor esfuerzo, una vez que las tropas musulmanas y Munuza habían intentado huir y habían sido aniquiladas en el intento. Al divulgarse por tierras musulmanas la noticia de la toma de Gijón, muchos cristianos se unieron al ejército de Pelayo. El reino de Asturias tuvo como primera capital Cangas de Onís y como segunda Pravia, para pasar a ser Oviedo la capital bajo el reinado de Alfonso II. Como reseña de la importancia de la muerte de Munuza según esta versión, cabe destacar que era el general al mando de las tropas al norte de la península ibérica y que su muerte se podría considerar de trascendencia dentro del organigrama militar musulmán.
Sin embargo, otras crónicas posteriores citan que Munuza consiguió escapar con vida y le sitúan con bastante seguridad puesto a cargo de las tropas bereberes en las zonas fronterizas y de igual geografía montañosa en los Pirineos orientales. Tratados y enlace parecidos con el duque aquitano le llevarían a casar con la hija del duque, tras lo cual, y con la alianza del duque como resguardo, se levantaría en rebelión contra sus superiores árabes en alianza con los francos a la búsqueda quizá de crearse un nicho de poder en el estratégico punto de los Pirineos. Fue suprimido por las tropas del emir en campaña de castigo y para deshacer el peligro que esta posición hubiera supuesto para el Ándalus recién creado.
Hay que resaltar que los musulmanes estaban más interesados en expandirse por Francia y avanzar hacia el centro de Europa, donde fueron detenidos por Carlos Martel en la batalla de Poitiers (Tours), que en limpiar la retaguardia de pequeños reinos hostiles que quedaron aislados ante el avance musulmán.[cita requerida]
Primitiva extensión territorial del reino
Sin embargo, el triunfo de la revuelta no llevó a Pelayo a establecer su corte en Gijón, que era la ciudad más importante de la Asturias bajoimperial, sino que se asentó en Cangas de Onís, situada en las estribaciones de los Picos de Europa: lo inseguro de su situación hacía aconsejable refugiarse en un territorio montañoso que fuera poco accesible para las aceifas musulmanas. Pero una vez que décadas más tarde se consolidara el Reino, la sede regia fue trasladada sucesivamente a Pravia por el rey Silo, esposo de Adosinda, nieta de Pelayo, y, posteriormente, a Oviedo.
En principio parece que el reino de Pelayo se extendía por la llamada Asturias nuclear, que comprendía, al menos, los territorios central y oriental de la actual Asturias, de acuerdo con el relato de la Crónica albeldense, que acontece entre la civitate Gegione y Covadonga. Fueron sucesores suyos, como Alfonso I de Asturias o Fruela I de Asturias, los que, fagocitando entidades políticas menores (como los condados de Trasmiera o Sopuerta), extendieron los dominios del reino de Asturias hasta Galicia y Vizcaya.
Muerte y sepultura
El rey don Pelayo falleció en Cangas de Onís, donde tenía su corte, en el año 737. Después de su defunción, su cadáver recibió sepultura en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, situada en la localidad asturiana de Abamia, en la que previamente había sido sepultada su esposa, la reina Gaudiosa. En el lado del Evangelio de dicha iglesia se conserva en la actualidad el sepulcro, vacío, que contuvo los restos del rey y enfrente, colocado en el lado de la Epístola, se encuentra el que contuvo los restos de la esposa de don Pelayo. El cronista Ambrosio de Morales dejó constancia en su obra de que Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y de León, ordenó trasladar los restos del rey don Pelayo y los de su esposa a la Santa Cueva de Covadonga.[9]
En una cavidad natural de la Santa Cueva de Covadonga, e introducidos en un túmulo de piedra, reposan en la actualidad los restos del rey don Pelayo, los de su esposa y los de Ermesinda, hermana del rey. En el sepulcro se encuentra esculpida la siguiente inscripción:[10]
AQVI YACE EL S REY DON PELAIO ELLETO EL AÑO DE 716 QUE EN ESTA MILAGROSA CUEBA COMENZO LA RESTAVRACION DO ESPAÑA BENCIDOS LOS MOROS FALLECIO AÑO 737 Y ACOMPAÑA SS M/gEr Y ErMANA
No obstante lo anterior, numerosos historiadores han cuestionado la autenticidad del traslado de los restos del rey don Pelayo y de su esposa a Covadonga.[9]
Matrimonio y descendencia
Don Pelayo contrajo matrimonio con Gaudiosa y fruto de su matrimonio nacieron dos hijos:
- Favila de Asturias (m. 739). Fue el segundo rey de Asturias. Contrajo matrimonio con Froiluba y fue sepultado en la iglesia de la Santa Cruz de Cangas de Onís.[11]
- Ermesinda. Contrajo matrimonio con Alfonso I, tercer rey de Asturias e hijo del duque Pedro de Cantabria. La tradición sostiene que sus restos reposan en la actualidad en la Santa Cueva de Covadonga junto a los de sus padres y los de su esposo.[9]
| Predecesor: Título creado |
Rey de Asturias 718-737 |
Sucesor: Favila |
Desencuentro sobre su origen

Mientras que una corriente historiográfica desarrollada especialmente durante las décadas de 1980 y 1990 defendió un origen local o astur-romano, atendiendo a sus vínculos con el territorio y a su relación con las élites locales. Actualmente, el debate sigue abierto y se ha desarrollado también una interpretación que concilia ambos aspectos, al considerar que Pelayo pudo pertenecer a una familia de la aristocracia hispano-goda profundamente arraigada en el noroeste peninsular. Desde esta perspectiva, su vinculación con la tradición política del reino visigodo no sería incompatible con su arraigo territorial y sus relaciones con las élites locales asturianas. Esta interpretación permite integrar en una misma reconstrucción la tradición transmitida por las crónicas, la vinculación de Pelayo y su familia con el territorio astur y la evidencia arqueológica y epigráfica conservada, sin considerar estos elementos necesariamente contradictorios.[12]
No obstante, al margen de las distintas interpretaciones historiográficas sobre el origen de Pelayo, uno de los testimonios materiales más próximos a su entorno familiar es la iglesia de Santa Cruz de Cangas de Onís y, especialmente, su inscripción fundacional. El templo fue promovido por su hijo Favila y consagrado en 737, apenas unos meses después de la muerte de Pelayo. La inscripción constituye así uno de los testimonios más tempranos conservados sobre el horizonte cultural de la familia que encabezó el naciente reino asturiano.
Su contenido y su forma remiten a una tradición cultural plenamente integrada en la Hispania cristiana de época visigoda. El texto está redactado en un latín culto, emplea la liturgia hispanovisigótica y utiliza la era hispánica o era gótica, además de recurrir a fórmulas cristianas y recursos literarios propios de la elite cultural toledana. No se trata, por tanto, únicamente de una inscripción cristiana localizada en Asturias, sino de una manifestación epigráfica que participa de los usos culturales, litúrgicos y cronológicos desarrollados en la Hispania visigoda. La elección de estos recursos por la propia familia dirigente, en una fundación realizada inmediatamente después de la muerte de Pelayo, proporciona un indicio especialmente significativo sobre el ambiente cultural en el que se desenvolvía.
Teoría del origen astur de Pelayo
La tesis de que Pelayo era de origen astur es la opción seguida por una parte de la historiografía moderna.[13][14][15][16][17][18][19][20][21][22] Los principales argumentos a favor de esta teoría son los siguientes:

- El antropónimo Pelayo no es germánico, sino que deriva del latín Pelagius, marino, lo que apunta a un origen hispanorromano del personaje.
- Las informaciones proporcionadas por la documentación no cronística hablan de un personaje vinculado a Asturias de antiguo que posee propiedades fundiarias en la región, lo que resulta muy difícil de explicar para un refugiado godo recién llegado desde Toledo. En el testamento de Alfonso III, del año 869,[24] el rey Magno dona al presbítero Sisnando la iglesia de Sancta María de Tenciana (Tiñana, Siero) que su tío Alfonso II había obtenido de su bisabuelo, lo que vincula territorialmente a Pelayo con el Castiello de Fozana, considerada una de las primeras fortalezas construidas por las élites astures en el s. VI,[25] tras el colapso romano. Cuando la documentación cronística refiere a los primeros momentos de Pelayo, no lo hace como si se tratase de un príncipe godo que restaura el reino perdido de Toledo, sino como el princeps del Asturorum regnum, si se entiende que lo lógico hubiera sido considerarlo rex del Gothorum regnum Asturae. A principios del s. IX d. C. (812) un texto conocido como Testamento de Alfonso II (Testamentum Ecclesiae Sancti Salvatoris) expresa la misma idea: Pelayo es rey de los cristianos y astures, pero también afirma de forma inequívoca su origen godo.[26] El contraargumento es que Pelayo se refugió en Asturias precisamente por poseer allí propiedades, lo cual no tiene nada de extraño, más aún si se admite su filiación de un dux en el norte peninsular.
- Por su lado, algunas crónicas árabes se refieren a Pelayo como Belay al-Rumi, esto es Pelayo el romano. Al Maqqari (1578-1632) habla de un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias y añade que con él comienza una nueva dinastía que reina sobre un pueblo nuevo.[a] Ibn Jaldún concluye que Ibn Hayyan dice que son descendientes de los godos, mas tal opinión es errónea.[b] El problema del argumento es que rumi puede referirse a todos los cristianos de cultura latina.
- La elección de un caudillo militar por parte de los astures rebeldes al nuevo poder invasor en el concilium del monte Auseva en el 718 hace pensar en caudillaje indígena, pero también la monarquía visigoda era electiva. Este legitimismo indigenista de base, que apenas se asoma en los textos cronísticos desplazado por el neogoticismo oficial, ha dado lugar a recientes interpretaciones históricas que hacen de Pelayo un caudillo local astur elegido en asamblea de jefes de linaje para dirigir la insurrección, y que explican con mayor verosimilitud el paso a la ofensiva de unos astures todavía rebeldes al dominio visigótico en la época de Wamba (680), tal y como recordaban las propias crónicas asturianas (Astores et Uascones crebo reuelantes plures vices edomuit et suo imperio subiugauit).[27]
- Es de destacar que los hechos de su vida transcurren en lugares de culto prerromano. Como su enterramiento en el área megalítica de Abamia, que data probablemente del periodo 4000–2000 a. C., o la de su hijo Favila en el dolmen de Santa Cruz.[28] Estos enterramientos parecen seguir pautas rituales ancestrales de los jefes tribales astures y no guardan relación alguna con las tradiciones visigodas. También el refugio en Covadonga muestra un marcado carácter ritual. Así, el lugar presenta restos del culto a la deva (lit. diosa en céltico) y así se llama el río que salta desde la cueva, en un claro proceso de superposición de cristianización («la Santina») sobre lugares de culto pagano.
- Algunos autores han postulado que la transmisión del poder en el seno de la monarquía asturiana se llevaba a cabo siguiendo reglas de origen celta,[29] residuos de una anterior estructura matriarcal inimaginable en el derecho sucesorio germánico: así, la mujer a menudo transmitía derechos hereditarios al marido, como sucede en los casos de los reyes Alfonso I y Silo, que acceden al poder gracias a sus esposas Ermesinda y Adosinda, respectivamente, ambas de la familia de Pelayo. Sólo en época posterior, a partir de la derrota de Nepociano a manos de Ramiro I de Asturias, se impone definitivamente la sucesión por línea patrilineal.[30]
- Llorente Espinar marca la Conquista, y no Reconquista, en la falta de un germen familiar que conecte la monarquía Astur con la monarquía visigoda. La combinación de «heredad» y «electividad», marcan este carácter de entronque peninsular celta, o celtíbero, y romano. Así pues, si los primeros monarcas son electos, estos lo son dentro de un núcleo que esta estrechamente emparentado entre sí. Esta cuestión sucesoria se sigue viendo por los principios de «autoridad» y «familiaridad». Si bien la autoridad esta en un adulto, motivo por lo que los niños no son considerados como monarcas, ni siquiera bajo una regencia, el principio de familiaridad se cumple por lo expuesto en la combinación de «heredad» y «electividad». Pelayo instaura la casa o dinastía «Pelagiana», la cual comienza en su persona. Tras él pasa a su hijo Favila y finalmente recae en Alfonso I, quien por los derechos de su esposa Ermensinda —hija de Pelayo y hermana de Favila—, lo convierte en rex iure uxoris, es decir, rey por derecho de su esposa.[31]
Teoría del origen godo: Pelayo hijo de un dux Asturiensis

La hipótesis del origen godo de Pelayo fue comúnmente aceptada desde la Edad Media y a lo largo de los siglos XIX y XX[32]
En el siglo XXI, esta ha sido defendida por Eloy Benito Ruano.[33] y por los profesores Julia Montenegro (Universidad de Valladolid) y Arcadio Del Castillo (Universidad de Alicante). Estos investigadores afirmaron que Pelayo era godo, hijo del dux asturiensis Favila, y que a raíz de las alianzas establecidas por su padre esto habría permitido que fuese elegido como príncipe por los astures en el Concilio del Monte Auseva.
La teoría parte de una premisa de que Pelayo era godo. La moderna historiografía admite casi unánimemente la idea de que Don Pelayo era un noble visigodo que se refugió en Asturias y logró convertirse en caudillo de las hasta entonces irredentas tribus norteñas.[34]
Para ello los autores parten de las fuentes árabes: ¿Quién podía ser Don Pelayo? Con toda seguridad un visigodo (Ibn Hayyan en cita de Ibn Jaldun). La referencia es cierta: Ibn Hayyan dice que son descendientes de los godos… (Ibn Jaldun), pero no toman en cuenta la propia opinión de Ibn Jaldun (siglo XIV), quien afirmaba "... mas tal opinión es errónea".[cita requerida] Ahora bien, multitud de fuentes, tanto cristianas como musulmanas, afirmaron el ascendente godo de Pelayo.[35]
Si se acepta que Pelayo era de origen godo, la pregunta es de qué manera pudo hacerse con el gobierno de la sociedad astur. Aquí es donde se lanza la hipótesis basada en la creación, proceso ocurrido entre los años 653 al 683, sobre que de la nueva circunscripción provincial en Asturias[36] a cuyo mando se encontraría un ’’dux asturiensis’’ y en la literalidad de un único pasaje de la versión culta de la Crónica de Alfonso III, según la cual Pelayo era hijo de Fáfila o Favila, duque de sangre real. Como se ve, la teoría descansa sobre bases poco fiables: si existió el ducado de Asturia y si Pelayo era hijo de un duque, Pelayo sería hijo del duque de Asturia que habría muerto a manos de Witiza en tiempos del rey Égica. Esta hipótesis ha sido fuertemente criticada por incurrir en graves contradicciones (Isla Frez, 1995): "Es indiscutible la continuidad institucional del reino de Asturias con respecto al reino visigótico de Toledo" (Montenegro y Del Castillo, 1992) / "para nosotros es evidente que no hubo continuidad entre el reino visigótico de Toledo y el de Asturias" (Montenegro y Del Castillo, 1994)[37] y por ignorar resultados arqueológicos que muestran la ausencia de huellas de implantación goda e insuficiencia de pruebas de un control realmente efectivo de Asturias por parte del reino toledano.[38]
En la actualidad, el origen godo de Pelayo ha sido comúnmente admitido, resaltando la unanimidad de las fuentes sobre el origen godo de Pelayo, su pertenencia a una estirpe regia goda y la base hispano-goda del asturorum regnum, así como la inconsistencia de las tesis indigenistas.[39]
Don Pelayo en la cultura popular
El grupo asturiano de heavy metal, Avalanch, en su disco "Llanto de un héroe" de 1999, dedica una canción a Don Pelayo y su historia.
El cantante ovetense Melendi incluyó en la reedición de su primer disco "Sin noticias de Holanda", lanzada en 2004, la canción Asturias con la siguiente mención: "Y hacer caso a Don Pelayo, luchando con pundonor."[40]
El escritor español José Ángel Mañas recreó la figura de Don Pelayo en la novela ¡Pelayo! (La Esfera de los Libros, 2021);[41] Don Pelayo hace aparición en el videojuego Rise Of Kingdoms como personaje desbloqueable y bajo el apodo “Revivalista Rebelde” con menciones a la Batalla de Covadonga, Juramento de Asseuua y la Reconquista
Véase también
Notas
- Al Maqqari: «Cuentan algunos historiadores que el primero que reunió a los fugitivos cristianos de España, después de haberse apoderado de ella los árabes, fue un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias, en Galicia, al cual tuvieron los árabes como rehén para seguridad de la gente de aquel país y huyó de Córdoba en tiempo de Al-Hurr ibn Abd Al-Rahman Al-Thaqafi, segundo de los emires árabes de Hispania, en el año sexto después de la conquista, que fue el 98 de la hégira [716–717]. Sublevó a los cristianos contra el lugarteniente de Al-Hurr, le ahuyentaron "y se hicieron dueños del país, en el que permanecieron reinando, ascendiendo a veintidós el número de los reyes suyos que hubo hasta la muerte de Abd Al-Rahman III».
- Ibn Jaldún: «Estos reyes son de una familia de Galaecia; cierto es que Ibn Hayyan dice que son descendientes de los godos, mas tal opinión es errónea a mi parecer, pues esta nación había perdido ya el poder y rara vez ocurre que una nación que lo ha perdido llegue a recobrarlo. Era una nueva dinastía que reinaba sobre un nuevo pueblo, pero sólo Dios conoce la verdad».