La obra, insertada en un nicho, muestra al joven duque sentado, vestido como un antiguo general romano y en actitud "pensativa", como relevó ya Vasari, según una precisa tipología renacentista llamada del "melancólico", por las fuentes alquímicas. Su posición ha sido entendida también como una referencia a la "vida contemplativa" de la doctrina neoplatónica: la misma personificación de la Aurora y Crepúsculo son en realidad momentos meditativos de la jornada. Otros vieron en la obra valores políticos (la "meditación del tirano"), inspiraciones autobiográficas (meditación del artista), o incluso referencias a la teoría de los cuatro humores.
La coraza se adhiere al cuerpo como una vaina que revela el busto musculoso, así como los zapatos altos que desaparecen a lo largo de la espinilla para revelar los pies desnudos. A Montorsoli le han sido atribuidos los relieves de la armadura y del yelmo así como, según Charles de Tolnay, el detalle del pie que surge de la base para aumentar la espacialidad, una técnica nunca utilizada por Miguel Ángel que esculpía siempre según la exacta medida del bloque. Las características del rostro de Lorenzo, conocidas en muchos cuadros, fueron ennoblecidas de manera abstracta, remitiéndose al arte imperial.
Los diversos atributos presentes han estado analizaos por la crítica. La mano derecha girada hacia fuera, presente también en la Piedad Bandini o en el Niño de la Madonna de la Escalera, es usada por la artista para simbolizar el abandono del cuerpo durante el sueño o en el momento de la muerte.
El yelmo con la máscara de león, recuperado del arte etrusco o de la tumba del cardenal Basso de Andrea Sansovino en Santa María del Pueblo en Roma, ha sido tomado como símbolo de fortaleza. El buzón-hucha con la cabeza zoomorfa ha sido interpretada como alusión a la parsimonia o a la muerte, tal y como se producía con la presencia de los óbolos en el arte funerario antiguo. El objeto en la mano izquierda es un pañuelo o una pequeña bolsa de incierto significado.
El rostro en sombra recuerda la facies nigra del dios Saturno, protector de los melancólicos. El índice sobre la boca subraya el motivo saturnino del silencio. El brazo reclinado es un topos iconográfico del humor melancólico.[1]
Las similitudes iconográficas en la posición de la figura entroncan con el Isaías que se encuentra sobre la bóveda de la Capilla Sistina.