S'Agaró
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| S'Agaró | ||
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Bien de interés cultural Patrimonio histórico de España | ||
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Perspectiva desde las escaleras de la plaza del Roserar de la Urbanización de S'Agaró. Firmada y fechada por Rafael Masó. | ||
| Localización | ||
| Localidad | Castillo de Aro | |
| Datos generales | ||
| Categoría | Conjunto Histórico | |
| Código | RI-53-0000486 | |
| Declaración | 28 de diciembre de 1995 | |
| Construcción | 1924 - ? | |
| Estilo | Novecentismo | |
S’Agaró es una entidad de población de lujo perteneciente al municipio de Castillo de Aro.
Dentro de la comarca catalana del Bajo Ampurdán. Se sitúa entre los pueblos de Sant Feliu de Guíxols y Playa de Aro, en el litoral de la Costa Brava. Dentro de sus límites se encuentran parte de la playa de Sant Pol (compartida con Sant Feliu), la playa de la Conca, el cabo la Punta d’en Pau y las calas Pedrosa y Vaques.
La entidad surgió a principios del siglo XX cuando se construyó una urbanización de estilo novecentista (noucentista) obra del arquitecto Rafael Masó i Valentí. Después se continuó edificando, en un principio manteniendo la estética inicial, pero después, con el boom del turismo y de la construcción, en los alrededores se levantaron otras urbanizaciones, chalets y bloques de pisos que ya no siguieron el estilo primitivo.
El núcleo residencial originario está declarado como conjunto histórico protegido como bien cultural de interés nacional desde 1995.[1] En el 2005 tenía 1237 habitantes.
El nombre de «S’Agaró» seguramente hace referencia a un pequeño torrente, hoy desaparecido, que se encontraba en el extremo occidental de la urbanización originaria y que servía de límite administrativo entre Playa de Aro y Sant Feliu de Guíxols.[2] También podría provenir, según Corominas, de la palabra seguer,[3] aunque otras fuentes lo citan como de etimología incierta posiblemente relacionada con los topónimos «Sagar / Sagars / Sagàs».[4] Aparece escrito en una sola palabra desde el siglo XIV.[4]
La grafía «S’Agaró» fue la elegida por los promotores del primer proyecto como así lo explica uno de ellos, Josep Ensesa i Gubert, en la Revista de S’Agaró:
«En aquellos tiempos, S'Agaró no tenía nombre. Nadie conocía nuestras actividades un tanto ilusorias y no sentíamos la necesidad de identificarlo. Para nosotros "aquello" eran los terrenos de la playa de San Pol, pero un hecho fortuito nos obligó a darles un nombre. Al ordenar una remesa de plantas y flores a la playa de San Pol, el horticultor de Barcelona las mandó naturalmente a San Pol de Mar. Era preciso que la confusión no se repitiera. El nombre surgió espontáneo: ¡S'AGARÓ! Este era, como ya se ha dicho, el nombre del pequeño torrente, seco casi siempre, que delimita por Levante la playa. [...]. ¿Sería Sagaró o S'Agaró? Nos inclinamos finalmente por S'Agaró porque supusimos que éste era la forma dialectal de las gentes de nuestra Costa de expresar El Aragó, al igual que decían "Es Noi" en lugar de "El Noi". Años después vimos confirmada nuestra suposición, al indicar el Pbro. Dr. Riera, a Masó, que Aragó, según viejos documentos por él encontrados en su busca de buen aficionado filólogo, significaba en el primitivo idioma catalán, pequeño torrente seco, tal como es en realidad el S'Agaró.»[5]
Historia

Al principio, S’Agaró era un conjunto de terrenos yermos y rocosos con algunas zonas de pinares y algunos campos de cultivo (sobre todo de viñas y de secano), únicamente había algunas barracas asociadas a este último uso.
La historia de la urbanización comenzó en 1916, cuando el industrial gerundense José Ensesa Pujades adquirió un terreno situado en la Punta de Pau por deudas que le pagaron en terrenos por falta de dinero. El arquitecto Rafael Masó (quien ya había trabajado para él) fue el escogido para la edificación del chalet. La propiedad presentaba algunos problemas orográficos, tal y como informó Masó a Ensesa, razón por la cual este último adquirió la parcela adyacente. El empresario se convirtió en dueño de una superficie superior a sus necesidades y es entonces cuando aparece la idea de reparcelar parte del terreno y revenderlo, más con una intención de procurarse vecinos que no con finalidades especulativas.[6] Este fue el germen de la idea de levantar una urbanización de verano lo que provocó la compra de nuevas tierras.

La llegada de la Primera Guerra Mundial hizo que se abandonara el plan de construir el conjunto. Más tarde, gracias a la popularidad que estaba ganando la playa y los baños de San Pol (anexos a S’Agaró), junto con el empuje del hijo de Ensesa, Josep Ensesa i Gubert, y del propio Rafael Masó se retomó el proyecto. En 1924, Ensesa Gubert, ante las dificultades para veranear en su lugar habitual (Estartit) decidió utilizar los terrenos de su padre para edificar una casa de verano que fue encargada a Masó. Este fue el primer chalet de la urbanización, conocido como la Seña Blanca. A partir de aquel momento se continuó con la idea de construir el conjunto. Las obras se encargaron al arquitecto Rafael Masó. Masó ordenó el terreno previendo una serie de espacios públicos (plazas, avenidas, escaleras y equipamientos deportivos y sociales) y los integró con las parcelas destinadas a chalets. También mejoró los baños con la inauguración del Restaurante de los Baños, (Restaurant dels Banys en catalán, (1929)) y transformó dos chalets en el hostal de lujo de la Gavina (inaugurado en 1932 aunque ya funcionaba como hotel con anterioridad). De las edificaciones destacan la Seña Blanca, el Hostal de la Gavina, los chalets Domus Nostrum, Ensesa, Faixat, Gorina, Roquet, Graziella, Nurimar, Elimar, Lolimar, Roca Blanca y el chalet que el arquitecto diseñó para él mismo. La obra arquitectónica cuenta además con la presencia de la Venus de S’Agaró, obra de Joan Rebull.
Las primeras edificaciones fueron las que se levantaron alrededor de la plaza del Rosal, núcleo principal de la urbanización. Después, la construcción continuó hacia el sureste, ocupando la primera línea del litoral. Estas primeras residencias marcaron durante mucho tiempo el estilo del conjunto, un estilo noucentista y armónico, destinado a la alta burguesía.[7]
Como consecuencia de la muerte de Rafael Masó y de la guerra civil española (1936-1939), las obras se detuvieron y no fueron retomadas hasta los años cuarenta ya bajo la dirección del arquitecto Francisco Folguera quien siguió las líneas generales trazadas por Masó, a las cuales de un aire personal. Folguera fue el autor de la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza (1941-1943), de estilo neobarroco. También inició los trabajos del Camino de Ronda (que rodea el mar entre zonas boscosas); reformó los jardines de la Senya Blanca donde construyó la logia de estilo brunelleschiano que todavía hoy se puede ver en la finca Ensesa, y realizó más chalets.[7] Al morir Folguera, Adolfo Florensa continuó las obras sin apartarse de los cánones establecidos por sus predecesores.[7]
La aparición de S’Agaró se tiene que entender dentro del contexto de los inicios del turismo de playa que se popularizó cuando se descubrieron las propiedades beneficiosas del agua y la brisa marinas. Para aprovecharlas se comenzaron a instalar balnearios en los litorales que en un principio tenían una finalidad curativa, pero que al complementarse con otras actividades lúdicas y deportivas se convirtieron en lugares de descanso, entretenimiento y veraneo. Esta también fue la historia de S’Agaró que creció junto a unos baños situados en la playa de Sant Pol que con la participación de los Ensesa se convirtieron en los Baños de S’Agaró (Banys de S’Agaró) y pasaron a formar parte de la urbanización.[8]
Desde los inicios los promotores del conjunto tuvieron muy clara la idea de que S’Agaró sería una urbanización destinada al turismo y al veraneo de la alta burguesía. Y con este pensamiento los Ensesa y Rafael Masó (que estuvo muy implicado en la urbanización) se encargaron de hacer una gran promoción en diarios y revistas, participaron en congresos sobre el turismo, invirtieron en publicidad y organizaron todo tipo de actividades de recreo (conciertos, recitales de poesía, representaciones teatrales, cenas de cala, bailes, regatas, competiciones de tenis…). Incluso a partir de 1935, Ensesa i Gubert editó la Revista de S’Agaró.[8]
Los destinatarios de todo ello no podían ser otros que las altas clases sociales ya que no todo el mundo podía permitirse el lujo de adquirir uno de aquellos chalets (ni tan solo una segunda residencia) o una estancia en el Hostal de la Gavina y también por el tipo de activades programadas. S’Agaró se convirtió en lugar favorito de verano de la alta sociedad catalana y rápidamente su fama traspasó las fronteras alcanzando un reconocimiento internacional llegando incluso a Hollywood en los años cincuenta y sesenta. Durante esos años se continuó con las edificaciones y programando actividades selectas como torneos de tenis de alto nivel, concursos hípicos, competiciones de Bowling, regatas de vela, concursos de danza, bailes, conciertos estivales… En definitiva, desde los primeros años la urbanización y el Hostal de la Gavina se convirtieron en un punto de encuentro de importantes personalidades, como actores, actrices, escritores, políticos, etc. Incluso se rodaron algunas películas.[9]
A pesar de que los chalets y gran parte de las actividades de la primera etapa estaban dirigidas a la alta burguesía y tenían un carácter de lujo y exclusividad, también había otras (recitales de poesía, representaciones teatrales, bailes de sardanas, cabalgatas de flores, conciertos, etc.) que estaban abiertas a todo el público enlazando así con la idea del noucentisme de hacer llegar la cultura al pueblo. Este tipo de actividades se llevaban a cabo en las plazas y calles de la urbanización y en algunas de las pequeñas calas. Rafael Masó, como arquitecto adscrito al movimiento, también intentó hacer de S’Agaró un ejemplo de ciudad noucentista, no únicamente con la estética sino también en los ideales.[8] Fruto también de esta manera de pensar fue la apertura de la Escuela de S’Agaró (Escola de S’Agaró) aprovechando el edificio del Hotel de la Playa (Hotel de la Platja) (anteriormente Monumental Hotel). Cuando se inauguró en octubre de 1935 Rafael Masó ya estaba muerto aunque participó en la adaptación del hotel para transformarlo en escuela.[10] La Escuela solamente funcionó aquel curso (1935-1936) ya que su actividad se vio interrumpida por la Guerra Civil. Después del conflicto, el edificio volvió a ser el Hotel de la Playa hasta los años ochenta, cuando fue reformado y convertido en el actual S’Agaró Hotel.[11] La Guerra Civil y la muerte de Rafael Masó hicieron que desapareciese de la urbanización la idea noucentista de culturizar al pueblo, aunque si se mantuvo el carácter de veraneo para las altas clases sociales.
A partir de mediados de los sesenta comenzó a manifestarse de manera progresiva la presión inmobiliaria característica de aquellos años en las costas que hizo que alrededor del conjunto originario, como en todo el litoral peninsular, se construyesen nuevas urbanizaciones, nuevos chalets y nuevos bloques de pisos, fuera ya del estilo noucentista, hasta llegar a conformar la entidad de población que S’Agaró es hoy en día. Por otro lado, la programación de actividades fue descendiendo, sobre todo a partir de la muerte de Josep Ensesa i Gubert en 1981. Actualmente la urbanización originaria continúa siendo privada y mantiene su estatus de lujo. Tanto las primeras residencias como las más recientes continúan destinadas mayoritariamente al veraneo.[9]