El edificio original fue una basílica civil, probablemente anexa a la domus señorial, mandada a construir por el cónsul Junio Annio Baso en torno al año 331. Durante un siglo fue conocida como basílica de Junio Baso, hasta que pasó a formar parte de las propiedades del senador y general Flavio Valila Teodosio, de origen godo, quien la donó a la iglesia de Roma a finales del siglo V. El papa Simplicio la dedicó a San Andrés como parte de la transformación contemporánea de edificios civiles en lugares de adoración cristiana. Próxima a Santa María, la Mayor, albergó también un monasterio vinculado a esta basílica y al vecino cenobio de San Antonio, abad.
El sobrenombre Catabarbara, o Catabarbara Patricia como figura en las referencias más tempranas, quizás haga referencia a una dama de nombre Bárbara, posible fundadora del monasterio. Está atestiguado a partir del siglo VIII.
En 1308 se construyó, aledaña, una iglesia dedicada a San Antonio Abad, en el sitio del monasterio, que la sustituyó progresivamete. Ya en el siglo XVII (1686) estaba en ruinas. Los primeros arqueólogos de Roma transcribieron sus inscripciones paleocristianas y rescataron algunos fragmentos, que se preservan actualmente en el Museo Nacional Romano y en el Palazzo Massimo. En 1930, los restos de la iglesia fueron demolidos para construir en el sitio, el Seminario Pontificio de Estudios Orientales.