Wikiwand AI

Ser o no ser

soliloquio de William Shakespeare From Wikipedia, the free encyclopedia

Ser o no ser es la primera línea de un soliloquio de la obra Hamlet, de William Shakespeare (escrita alrededor de 1600), en el acto tercero, escena primera. Considerada y usada como síntesis de los procesos mentales de indecisión y duda,[1] es una de las citas más famosas de la literatura universal y la más conocida de esta obra en particular:

Fragmento del texto del Ser o no ser en la edición conocida como Bad Quarto (1603)

Texto

To be, or not to be, that is the question:

Whether 'tis nobler in the mind to suffer The slings and arrows of outrageous fortune, Or to take Arms against a Sea of troubles, And by opposing end them: to die, to sleep No more; and by a sleep, to say we end The heart-ache, and the thousand natural shocks That Flesh is heir to? 'Tis a consummation Devoutly to be wished. To die, to sleep, To sleep, perchance to Dream; aye, there's the rub, For in that sleep of death, what dreams may come, When we have shuffled off this mortal coil, Must give us pause. There's the respect That makes Calamity of so long life: For who would bear the Whips and Scorns of time, The Oppressor's wrong, the proud man's Contumely, [F: poore] The pangs of despised Love, the Law’s delay, [F: dispriz’d] The insolence of Office, and the spurns That patient merit of th'unworthy takes, When he himself might his Quietus make With a bare Bodkin? Who would Fardels bear, [F: these Fardels] To grunt and sweat under a weary life, But that the dread of something after death, The undiscovered country, from whose bourn No traveller returns, puzzles the will, And makes us rather bear those ills we have, Than fly to others that we know not of? Thus conscience does make cowards of us all, And thus the native hue of Resolution Is sicklied o'er, with the pale cast of Thought, And enterprises of great pitch and moment, [F: pith] With this regard their Currents turn awry, [F: away] And lose the name of Action. Soft you now, The fair Ophelia? Nymph, in thy Orisons

Be all my sins remember'd.
Ser o no ser, esa es la cuestión.

¿Qué es más elevado para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la ultrajante fortuna o tomar las armas contra un mar de aflicciones y, haciéndoles frente, acabar con ellas? Morir, dormir no más; y pensar que con un sueño damos fin a la angustia y a los mil naturales conflictos que son herencia de la carne; esta es una consumación devotamente anhelada. Morir, dormir; dormir... tal vez soñar. Sí, ahí está el obstáculo. Porque en ese sueño de muerte, ¿qué sueños pueden venir cuando nos hayamos librado de esta atadura mortal para darnos reposo? Ahí está el motivo que hace tan larga la desgracia. Porque, ¿quién querría soportar los azotes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor despreciado, los retrasos de la ley, la insolencia del poder y los desprecios que el paciente mérito recibe del indigno, cuando uno mismo podría procurarse el reposo con un simple puñal? ¿Quién querría soportar estas cargas, gemir y sudar por una vida fatigosa, si no fuese por el temor de algo después de la muerte, ese país desconocido, de cuyos límites no vuelve ningún viajero, que confunde la voluntad y nos hace soportar nuestros males antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Así la conciencia hace de todos nosotros unos cobardes y así el original matiz de la resolución se desvanece en los pálidos tonos del pensamiento, y empresas de gran vigor e importancia, con este motivo, tuercen su curso y pierden el nombre de acción. Silencio ahora, la hermosa Ofelia... Ninfa, en tus plegarias

recuerda todos mis pecados.

Historia y análisis

William Shakespeare

William Shakespeare (1564-1616) fue un escritor inglés, el principal representante del teatro isabelino. Poeta, dramaturgo y actor, fue también copropietario de dos teatros, el Globe Theatre y el Blackfriars. De formación autodidacta en buena medida, recibió la influencia tanto de la literatura clásica (Plauto, Plutarco) como de la francesa (Belleforest) e italiana (Boccaccio, Ariosto, commedia dell'arte), además de la inglesa (Chaucer, Greene). Su estilo se caracterizó por la ductilidad de prosa y verso, con gran dominio del lenguaje y la psicología de los personajes, así como un gran sentido de la acción y el ritmo en escena, y una depurada ambigüedad entre lo cómico y lo trágico.[2] Shakespeare heredó del teatro inglés el tono irónico y burlesco, que combinó con una profunda visión de la existencia humana, de la reflexión trascendente, la tensión dramática y el suspense. Combinó con maestría tragedia y comedia, introduciendo en una misma obra las más elevadas reflexiones y las observaciones más mundanas.[3] Entre sus numerosas obras destacan, además de Hamlet, Romeo y Julieta (1594-1595), Otelo (1604-1605), Macbeth (1605-1606) y El rey Lear (1605-1606).[4]

Hamlet es una de sus obras maestras, escrita en la plenitud de su madurez artística. Se sitúa en el llamado «período negro» (o «período oscuro») del dramaturgo (1600-1608), una etapa de pesimismo y desencanto, centrada en temas temas como la traición, los celos y la corrupción moral, en obras como Troilo y Crésida (1602), Otelo (1604-1605), Macbeth (1605-1606), El rey Lear (1605-1606) y Timón de Atenas (1605-1608). Así, Hamlet se centra en la venganza, así como la soledad, la locura, la angustia, la duda y la desesperación. El protagonista se debate entre conflictos internos, lo que le lleva a la inacción y al remordimiento.[5] El que parecería ser el tema principal, la venganza, queda opacado por las dudas del personaje, por su trasfondo psicológico, generando un nuevo discurso enriquecido por la locura de Hamlet, que eleva al personaje a una nueva dimensión introspectiva y sustancial. Todo ello entremezclado con la parte romántica de su amor por Ofelia, que es sin embargo un amor frustrado que conduce de nuevo a la tragedia.[6]

El monólogo del «ser o no ser» aparece en la primera escena del acto tercero, cuando Hamlet continúa dudando si vengar a su padre. Tal como indican sus palabras, refleja la duda existencial, el debate interno entre soportar la aflicción terrenal o aventurarse a la incertidumbre de lo venidero. Sin embargo, se entremezclan la posibilidad del suicidio con su remordimiento por su cobardía al no afrontar la venganza del asesinato de su padre.[7] Hamlet se pregunta si vale la pena luchar ante las adversidades que afrenta, pagar el precio que debe pagar por consumar su venganza; y, en última instancia, ante el fracaso, si vale la pena seguir viviendo.[8]

Referencias

Bibliografía

Related Articles