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Los siete infantes de Lara

leyenda medieval española From Wikipedia, the free encyclopedia

Los siete infantes de Lara (o de Salas) es una leyenda a partir de textos conservados en crónicas medievales, cuyo testimonio más antiguo figura en la versión ampliada de la Estoria de España compuesta durante el reinado de Sancho IV de Castilla, antes de 1289, que fue editada por Ramón Menéndez Pidal con el nombre de Primera Crónica General.[1]

Treguas de los siete infantes de Salas con los moros en la batalla de Almenar. Grabado de Otto Venius S.XVII

A partir del relato de las crónicas (también figura en la Crónica de 1344 o Segunda Crónica General y en una interpolación a la Tercera Crónica General cuya copia data de 1512) Ramón Menéndez Pidal encontró indicios de la existencia de un antiguo cantar de gesta desaparecido que reconstruyó parcialmente y dató hacia el año 1000, y que sería, junto con el Cantar de mio Cid y el Poema de Fernán González, uno de los más importantes cantares de gesta de la literatura castellana y el ejemplo más primitivo de épica española. La tradición ha elaborado la leyenda también en el romancero.

Los siete infantes de Lara eran hijos de Gonzalo Gustioz, señor de Salas y Sancha Velázquez, conocida como «Doña Sancha». La historia gira en torno a una disputa familiar entre la familia de Lara y la familia de Ruy Velázquez, hermano de Doña Sancha. El motivo más destacable es el de la venganza, principal motor de la acción.

Resumen

En la Castilla medieval del siglo X se produce un enfrentamiento de dos familias nobles, el matrimonio de Ruy Velázquez y Doña Lambra con el de Gonzalo Gustioz, Doña Sancha (hermana de Ruy Velázquez) y sus hijos que son conocidos como los siete infantes de Salas. Este enfrentamiento entre las dos familias acaba con el apresamiento de Gonzalo Gustioz en la corte de Almanzor en Córdoba y la masacre del ejército comandado por los siete infantes de Salas por parte de un ejército musulmán dirigido por Ruy Velázquez.

Para consolar a Gonzalo Gustioz por la muerte de sus hijos, Almanzor pide a su hermana que yazca con él, de esta relación nacerá Mudarra quien cuando crezca irá a Castilla para conocer a su padre y vengar a sus hermanos matando a Ruy Velázquez.

Descripción de la leyenda

La afrenta del tablado y del pepino

García Fernández hace que las dos familias hagan las paces. Grabado de Otto Venius, del siglo XVII.

Los hechos se produjeron a finales del Siglo X d. C. en el condado de Castilla, estando gobernado por García Fernández, hijo del legendario conde Fernán González. En esta historia se relata la disputa en la nobleza castellana entre el matrimonio Doña Lambra -Ruy Velázquez y la familia Lara. Según la versión transmitida por la leyenda contenida en la versión sanchina de la Estoria de España, que podría recoger un antiguo cantar de gesta compuesto hacia el año 990, en el transcurso de las bodas entre Doña Lambra —natural de Bureba y prima de García Fernández— y Rodrigo Velázquez de Lara, más conocido como Ruy Velázquez, y también llamado Roy Blásquez —hermano de Doña Sancha, madre de los infantes—. Como era costumbre en la Castilla medieval en las bodas de Lambra y Ruy Velázquez se armó un tablado para que así los caballeros jugasen a lanzar sus bohordos[2] (lanzas cortas y arrojadizas) y demostrar su valía como caballeros. El que ganó el juego fue un primo de Doña Lambra llamado Alvar Sánchez, que se mofó de los infantes de Lara. Viendo herido su honor el más pequeño de los hermanos, llamado Gonzalo González, pegó un puñetazo tan fuerte en el rostro a Alvar Sánchez que lo dejo muerto. Doña Lambra, triste por la muerte de su primo, llamó a su marido para que vengara el agravio sufrido. Ruy Velázquez fue hasta donde se encontraba su sobrino Gonzalo y le golpeó con su vara con intención de matarle. Gonzalo González para defenderse cogió su azor[3] para devolverle el golpe a su tío. Justo después de esto, mientras las dos familias se estaban armando para enfrentarse a la otra, llegó en padre de los infantes y García Fernández, el señor de todos ellos, e hizo hacer las paces a las dos familias.[4]

Más adelante los siete infantes de Lara van a servir a su tía a Barbadillo, y Gonzalo González decide bañarse en el rio en paños menores. Allí es visto por Doña Lambra quien lo considera una provocación sexual y lo interpreta como una grave ofensa. Doña Lambra, aprovechando este lance para vengar la muerte de su primo Álvar Sánchez, que no ha sido satisfecha aún, responde con otra afrenta al ordenar a su criado arrojar y manchar a Gonzalo González con un pepino relleno de sangre, ante la risa burlesca de sus hermanos. Gonzalo reacciona matando al criado de Doña Lambra, que había ido a refugiarse bajo la protección del manto de su señora, que queda asimismo salpicado de sangre.

Estos sucesos provocan la sed de venganza de Doña Lambra. Por ello, su marido Ruy Velázquez urde un plan por el que Gonzalo Gustioz, es enviado a Almanzor con una carta, escrita en árabe para que Gonzalo no la pueda leer, cuyo contenido indica que sea descabezado el portador de la misiva y que luego Almanzor mande un ejército a Castilla para tender una emboscada a los infantes de Lara y matarlos también. Cuando Almanzor lee la carta se apiada de Gonzalo Gustioz y se limita a retenerlo preso, pues considera excesivo el sufrimiento de su cautivo, que es aliviado por una hermana del propio Almanzor. De ambos nace un hijo llamado Mudarra, quien más adelante irá a Castilla para vengar la muerte de sus hermanos, matando a Ruy Velázquez.

La batalla de Almenar

Batalla en Almenar. Grabado de Otto Venius, del siglo XVII.

Tras prometerle Ruy Velázquez a Almanzor, en la carta, que si manda un ejército a Castilla para emboscar a los infantes de Lara y matarles, le ayudara a conquistar Castilla. Almanzor manda una gran hueste comandada por 4 reyes moros: Viara, Galbe, Barrasín y Alicante. Hasta el campo de Almenar, donde Ruy Velázquez también ha llevado engañados a sus sobrinos, solo con dos cientos soldados del Alfoz de Lara, ya que pensaban que iban a hacer un simple saqueo a unos moros. Sin embargo, cuando Ruy Velázquez abandonó a los infantes de Lara fue con los reyes moros y comenzó la batalla campal. Allí como los castellanos sabían que no tenían huida y que era imposible ganar la batalla, ya que estaban en gran inferioridad numérica, lucharon hasta muerte, infligiendo gran mortandad en las filas musulmanas.

Sin embargo, finalmente los castellanos fueron derrotados y solo quedaron seis de los infantes de Salas, ya que habían fallecido el infante Fernando González, el ayo[5] de los infantes Muño Salido y los doscientos soldados que iban con ellos. En ese momento el rey moro Alicante viendo tan dañados a los infantes se apiadó de ellos y decidió hacerlos prisioneros y llevárselos a Ruy Velázquez. Sin embargo, este muy enojado le dijo que no podía dejar a los infantes vivos, ya que si ellos volvían a Castilla y le contaban lo sucedido en Almenar al conde García Fernández, le echaría de Castilla y se tendría que ir a vivir a Córdoba. Y si eso ocurría el haría descabezar a los 4 reyes moros.

Con gran temor los reyes moros liberaron a los infantes de Lara y les devolvieron al campo de batalla, sin embargo, los mil soldados castellanos que acompañaron a Ruy Velázquez hasta Almenar se enteraron de la traición de su señor a los infantes y decidieron ayudarles en la batalla campal. Y aunque los castellanos lucharon de manera muy valiente y causaron gran mortandad entre las filas musulmanas. Finalmente fueron vencidos todos los castellanos, los infantes de Lara fueron hechos prisioneros y los descabezaron uno detrás de otro.

Tras esto Alicante cogió las cabezas de los siete infantes y emprendió camino a Córdoba para reunirse con Almanzor. Una vez que pasó la sierra que separaba la tierra cristiana de la musulmana, Alicante sintió mucha pena por todos los hombres que había perdido en la batalla, así que decidió mandar cartas a los cristianos contándoles la traición de Ruy Velázquez en el campo de Almenar. Y luego mandó otra carta al propio traidor amenazándole con que si se atrevía a ir a tierra mora, pondría a todos los moros del Al-Ándalus y los de más allá del mar en su contra.

Finalmente, Alicante llega a Córdoba en víspera de San Cebrían y entrega a Almanzor las cabezas de los infantes de Salas y su ayo. Almanzor mandó tender un manto donde pusieran en fila las ocho cabezas y llamó a Gonzalo Gustioz para que identifique a los muertos. Ahora ocurre uno de los momentos más famosos de esta leyenda y es que cuando Gonzalo Gustioz ve a Muño Salido y a sus hijos muertos de la gran pena que siente empieza a hablar con ellos como si estuvieran vivos.[6]

Almanzor muestra las cabezas de los siete infantes a su padre Gonzalo Gustioz. Grabado de Otto Venius, del siglo XVII.

Tras este suceso Almanzor ordena a su hermana que consuele a Gonzalo Gustioz, ya que este sentía tanta pena por el fallecimiento de sus hijos que no quería comer. La hermana de Almanzor va hasta el cuarto de Gonzalo y al final acaba yaciendo con él.

Pasados unos meses Gonzalo ya quiere regresar a Castilla, pero antes de irse la hermana de Almanzor le cuenta que está embarazada, Gonzalo Gustioz coge un anillo que tenía y lo parte en dos, le entrega la mitad a la hermana de Almanzor y le dice que cuando su hijo crezca y quiera ir a buscarle a Castilla que lleve la mitad del anillo para que cuando le encuentre le puede reconocer.

La venganza de Mudarra

Cuando Almanzor se entera de que su hermana está embarazada en vez de enfadarse se alegra ya que el no tenía ningún hijo, aunque esto es falso ya que en la vida real si tenía dos hijos, y cuando nace lo educa tan bien como si fuera suyo y le enseña muy buenas mañas. Cuando Mudarra tiene dieciocho años llega un rey del segura que afrenta a Mudarra diciéndole que no tenía padre. Mudarra dolido en el orgullo amenaza a su madre, poniéndola una espada en el cuello, y le ordena que le diga quién es su padre. Ella le cuenta que su padre es Gonzalo Gustioz de Salas, y también le dice toda la historia de la traición de Ruy Velázquez y las muertes de sus hermanos. Tras esto Mudarra va a hablar con su tío Almanzor y le pide que le deje marchar a tierra cristiana para encontrar a su padre y vengar a sus hermanos. Almanzor siente gran pena porque quería que Mudarra fuera su heredero, mas viendo que realmente quería Mudarra encontrar su linaje, Almanzor le dio tres cientos caballeros para esa empresa.

Mudarra marchó a Castilla y llegó hasta Salas, donde encontró la heredad muy pobre ya que había sido saqueada por Ruy Velázquez. Mismo que tras saber que toda Castilla sabía de su traición se rebeló contra el conde García Fernández y lo expulsó de Castilla, teniéndose que refugiar en Asturias. Mudarra sintió una gran pena a ver el estado de su padre, que decían que de tanto llorar se había quedado ciego. Allí Mudarra les regaló a Gonzalo Gustioz y a Doña Sancha unos paños de gran valor y les contó que era el hijo que tuvo Gonzalo Gustioz con la hermana de Almanzor. Al principio Gonzalo niego haber mantenido relaciones extramatrimoniales con cualquier mujer, ya que temía que si supiera Sancha que había yacido con la hermana de Almanzor le abandonaría.

Sin embargo, es Sancha la que cree que Mudarra es el hijo de su marido, ya que esa misma noche había tenido un sueño premonitorio en el que venía un azor desde Córdoba y mataba a su hermano Ruy Velázquez. Y cuando comenzó a sangrar Ruy Velázquez ella se ponía de rodillas y comenzaba a beber su sangre. Además Mudarra se parecía muchísimo a su hermanastro Gonzalo González, así que instigó a su marido para que reconociera a su hijo. Entonces Gonzalo Gustioz dijo que si era realmente Mudarra era su hijo debería llevar el medio anillo que le dio a su madre. Mudarra sacó el anillo y lo unió a la otra mitad que tenía su padre casando perfectamente. Cuando unieron las dos partes el anillo se curó Gonzalo de su ceguera y llorando pudo ver que su hijo Mudarra ciertamente se asemejaba mucho al difunto Gonzalo González.

Tras esto mandaron cartas a García Fernández para que regresara a Castilla y se reuniera con ellos en Burgos. Emprendieron el camino no antes que Mudarra fuera a Barbadillo, donde ocurrió la traición, y lo quemara. Una vez que llegaron a Burgos, Mudarra fue bautizado aunque no quiso que le cambiaran el nombre, así que le llamaron Mudarra González, el bautizo fue en la Catedral, aunque aun en la realidad aun no se había edificado, tuvo por padrino al conde de Castilla y por a madrina a Doña Sancho que lo tomó como si fuera su hijo. Después de esto Mudarra fue nombrado caballero y alcaide mayor, puesto que tenía antes Ruy Velázquez. Además García Fernández le dijo a Mudarra que todos los castillos que ganara a Ruy Velázquez podrían ser suyos mas Mudarra rechazó la propuesta, ya que él solo quería vengar a sus hermanos.

Después de que Mudarra fuera dotado de una hueste, por parte de García Fernández, Mudarra se encaminó hasta la localidad de Amaya, teniendo antes que conquistar los castillos de Urcejo y Úrbel. Sin embargo, Ruy Velázquez supo que venía Mudarra con su mesnadas hacia Amaya, así que reunió un ejercito y huyó hasta Castro. Mudarra siguió persiguiendo a Ruy Velázquez hasta Castro, luego Saldaña, Monzón, Torremormojón, Dueñas, Tariego, Cabezón, Aranda y Coruña.

Tras esta larga persecución por el condado de Castilla, Monzón y Saldaña; finalmente Ruy Velázquez fue alcanzado en el Val de la Espeja. Aquí los distintos textos relatan sucesos distintos. La Crónica de 1344 relata que Ruy Velázquez pide a Mudarra un duelo personal entre los dos, para evitar la muerte de más soldados. Allí Mudarra vence a Ruy Velázquez atravesándole la espalda con su lanza. Por su parte, el romancero relata que Ruy Velázquez estaba cazando en el Val de la Espeja, cuando se encuentra con un escudero que realmente es Mudarra, pero no lo reconoce ya que aun no se habían visto. Allí Mudarra le pregunta quien es, y Ruy Velázquez le responde además de mofarse que fue él quien mató a los infantes de Lara, además de que le cuenta que está esperando a Mudarra para matarle, aunque no sabe que lo tiene delante de él. Mudarra luego le revela también su identidad y le desafía a un duelo a muerte. Ruy le pide que le deje coger sus armas, mas Mudarra no le deja ya que el traidor tampoco dejó tiempo para armarse a los hermanastros de Mudarra. El romance acaba aquí pero deja entender de que Mudarra derrotara a Ruy Velázquez con facilidad. [7]

A caza va don Rodrigo, // ese que dicen de Lara;

perdido había un azor, // no hallaba ninguna caza;

con la gran siesta que hace // arrimado se ha a una haya,

maldiciendo Mudarrillo, // hijo de la renegada,

que si a las manos le hubiese // que le sacaría el alma.

El señor estando en esto, // Mudarrillo que asomaba:

-Dios te salve, buen señor, // debajo la verde haya.

-Así haga a ti, caballero; // buena sea tu llegada.

-Digásme, señor, tu nombre, // decirte he yo mi gracia.

-A mi me llaman don Rodrigo, // y aun don Rodrigo de Lara,

cuñado de don Gonzalo, // hermano de doña Sancha;

por sobrinos me los hube // los siete infantes de Lara.

Maldigo aquí a Mudarrillo, // hijo de la renegada;

si delante lo tuviese, // yo le sacaría el alma.

-Si a ti dicen don Rodrigo, // y aun don Rodrigo de Lara,

a mí Mudarra González, // hijo de la renegada,

de Gonzalo Gustios hijo // y alnado de doña Sancha;

por hermanos me los hube // los siete infantes de Lara;

tú los vendiste, traidor, // en el val del Arabiana.

Mas si Dios ahora me ayuda // aquí dejarás el alma.

-Espéresme, don Mudarra, // iré a tomar las mis armas.

El espera que tú diste // a los infantes de Lara;

aquí morirás, traidor, // enemigo de doña Sancha.

De todas maneras finalmente Ruy Velázquez es derrotado y Mudarra lo lleva a Salas ante Doña Sancha, que de vergüenza Ruy Velázquez no la puede mirar a la cara. Allí Sancha trató de beber la sangre de su hermano pero Mudarra lo impidió ya que no podía entrar "sangre de hombre traidor en cuerpo tan bueno y leal". Así Sancha decide darle otro castigo. Y es que manda alzar un tablado y allí atar al traidor, luego que todas las personas que habían sido dañadas por los hechos de Ruy le tirasen flechas, venablos y otras armas de lanzar. Y una vez que se le cayeran las carnes a trozos le apedreasen.

Tras dar justicia al traidor Mudarra busca por toda Castilla a Doña Lambra, pero no la encuentra. Ella va hasta Burgos donde se reúne con su primo para pedirle ayuda ante la muerte de su marido. Pero García le responde que no va encontrar amparo en él, ya que Lambra tiene tanta culpa como su marido en toda la traición, y que además mandara a Mudarra para que la encuentre y la queme viva. Mudarra esperara a que se muera el conde y finalmente la ajusticiará. [8]

El anillo de Gonzalo Gustios o anillo de Mudarra

Cuando Gonzalo Gustioz es liberado su amante (la hermana de Almanzor) le comunica que está embarazada de él (el niño será Mudarra). Gonzalo Gustioz al enterarse de esto coge una sortija (anillo) y la parte por la mitad, una de las dos mitades se las da a la hermana de Almanzor y la dice que se la entregue a su hijo cuando sea mayor y quiera ir a buscar a su padre, para que el le pueda reconocer. Dieciocho años después Mudarra con el medio anillo marcha a Castilla a buscar a su padre, cuando le encuentra este duda de que sea su hijo, así que Mudarra le da a su padre el medio anillo que casa a la perfección y se produce un milagro: el anillo queda unido permanentemente y Gonzalo que se había quedado ciego recupera la visión.

En opinión de Ramón Menéndez Pidal, la trama secundaria del anillo y su uso para el reconocimiento de padre e hijo, es una de las muchas pruebas del origen germánico de la épica española. Por ejemplo, en el Cantar de los Nibelungos, mayor cantar de gesta de la literatura alemana, existe un personaje llamado Brunilda que tiene fuerza sobrehumana y un carácter rudo, impropio de la cultura cortesana alemana, debido a que posee un anillo mágico. Estos anillos mágicos serán fuente de inspiración para Tolkien en la escritura de la célebre saga del Señor de los Anillos.

Un probable cantar de gesta perdido

Las prosificaciones de la leyenda existentes en las crónicas alfonsíes utilizaron como fuente un cantar de gesta, hipótesis que se deduce de la abundancia de rimas asonantes y otros rasgos de estilo propios de la literatura épica que permanecen en la prosa de los relatos cronísticos. La existencia de un Cantar de los siete infantes de Lara perdido concita el consenso de los filólogos, pues los versos de la epopeya no fueron excesivamente alterados. De ahí que se hayan podido escribir reconstrucciones bastante fiables a lo que pudo ser el cantar original. Respecto a esto, Mercedes Vaquero ha rastreado señas de oralidad en los textos prosificados, lo que indicaría que en algún momento hubo un cantar que fue recitado, entonado o cantado.[9]

El Cantar de los siete infantes de Lara o de Salas tiene como marco temporal una situación histórica que remite a la Castilla de hacia 990, lo que ha servido para datar el poema, si bien no toda la crítica acepta que el Cantar fuera compuesto hacia el año 1000, al objetarse que antecediera a los grandes ciclos de la épica francesa, de la que podría ser deudor.

A este respecto, Carlos y Manuel Alvar hacen notar que muchos de los motivos del Cantar de los infantes de Lara primitivo se relacionan más con los de la epopeya escandinava y germánica (como el Cantar de los nibelungos) que con los de los cantares de gesta románicos. Entre ellos destacan la importancia de los vínculos sanguíneos, la crueldad de las venganzas como modo de imponer una justicia individual no apoyada en instituciones sociales ni en un corpus de derecho, o la agresividad de las relaciones pasionales, que conllevan una importante carga sexual. Erich von Richtofen, en sus estudios sobre este poema épico ha advertido numerosas analogías con la epopeya del centro y norte de Europa,[10] en particular afirma que la épica de los infantes de Lara, además de tener multitud de elementos y motivos originales castellanos, tiene muchos puntos en común con la saga de Thidrek: «la deshonra de Odila y el plan de venganza de su esposo Sifica; el concierto de éste con su amigo el gobernador; el viaje de Fridrek y de sus seis compañeros; la emboscada que les tiende el gobernador en la que hallan la muerte los siete caballeros de Wilzemburgo; además de detalles prestados a los episodios de la muerte de los harlungos Edgardo y Aki con su amo Fritila, el tema de los cráneos enviados al padre y el de la venganza del hijo de Hogni».[11]

Según Ramón Menéndez Pidal el poema tuvo diversas versiones, algunas muy posteriores a la original. El nombre del cantar sería Los siete infantes de Salas, puesto que no se menciona el nombre de «Lara». En él Doña Lambra está casada con Ruy Velázquez. Este estudioso no asevera que todos los personajes sean históricos. Como elementos poéticos incluye a la infanta mora y el vengador Mudarra.[12]

Alan Deyermond señala que el trasfondo argumental trasluce motivos universales y habituales del folclore, como la carta que ordena la muerte del mensajero (lugar común con un lejano precedente en la historia griega de Belerofonte, y presente más tarde en Hamlet, el amor de una joven por el prisionero hecho cautivo por su hermano o la ascendencia misteriosa del protagonista.[13]

El crítico anglosajón aprecia que el Cantar de los siete infantes de Lara o Salas reúne un gran valor por la antigüedad y prioridad en su género y por cuanto refleja la que sería la edad heroica del nacimiento y formación de Castilla, periodo que es a su vez el momento de la gestación de la épica en los pueblos. Además, ensalza la enérgica pintura de algunos pasajes, como aquel en que Mudarra amenaza a Doña Lambra y esta intenta buscar protección:

La mala de doña Lambra para el conde ha adeliñado
en sus vestidos grandes duelos, los rabos de las bestias tajados;
llegado ha a Burgos, entrado ha en el palacio,
echose a los pies del conde e besole las manos:
«¡Merced, conde señor, fija so de vuestra prima!
[de] lo que Rodrigo fizo yo culpa non habría,
e non me desamparedes, ca pocos serían los mis días».
El conde dixo: «¡Mentides, doña alevosa sabida!
ca todas estas traiciones vos habedes bastecidas;
vos de las mis fortalezas érades señora e reína.
Non vos atreguo el cuerpo de hoy en este día;
mandaré a don Mudarra que vos faga quemar viva
e que canes espedacen esas carnes malditas,
e, por lo que fezistes, el alma habredes perdida».

Influencia en la literatura oral y escrita

Romance manuscrito de los siete infantes de Lara. Biblioteca Nacional de la República Argentina

El cantar de los Siete Infantes de Lara, a pesar de que no se pudo conservar en ningún manuscrito (aunque Ramón Menéndez Pidal y, en menor medida, Erich von Richthofen reconstruyeron muchos de sus versos), ha tenido una gran influencia en la literatura posterior. Una lista no exhaustiva es la siguiente:

Sarcófagos y sepulcros

Portaleyo de Gonzalo de Berceo en el Monasterio de San Millán de Suso, con los que pasan por ser los sarcófagos de los siete infantes de Lara de la leyenda.

La exhibición de reliquias de los siete infantes de las leyendas y obras literarias ha sido, desde antiguo, empeño de varios monasterios, pues la vinculación con prestigiosos héroes (ya fueran reales o ficticios) proporcionaba a estos establecimientos eclesiásticos un aumento de los recursos económicos y los peregrinos atraídos por los mismos. Así, los pretendidos sarcófagos de los siete infantes de Lara se muestran en el Monasterio de San Millán de Suso, aunque los restos que pretenden ser los de los hermanos asesinados han sido disputados por otros monasterios, como el de San Pedro de Arlanza; también la iglesia de Santa María de Salas de los Infantes afirma guardar sus cabezas, y exhibió mucho tiempo siete cráneos que eran tenidos por los de los siete hermanos; por otro lado, en la Catedral de Burgos se dice que se halla el sepulcro de Mudarra. La disputa por la posesión de reliquias de célebres héroes, conocidos legendariamente, ha sido habitual desde la Edad Media hasta nuestros días.[14]

Representaciones destacadas

Véase también

Referencias

Fuentes

Enlaces externos

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