Simón Bergaño y Villegas
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Simón Bergaño y Villegas (Potes, Cantabria, 1781 - La Habana, 1828) fue un escritor y periodista, además de pensador ilustrado y liberal español, que vivió en Nueva España, Guatemala y La Habana.
| Simón Bergaño y Villegas | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento | 1781 | |
| Fallecimiento | 1828 | |
| Nacionalidad | Española | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Literato, periodista y escritor | |
Biografía
Era castellano viejo y natural de Potes (Cantabria), hijo legítimo y de legítimo matrimonio de Juan Antonio Bergaño y Villegas, nacido en Potes, y de María de Villegas Fernández de Bulnes, nacida en Cervera del río Alhama, según declaración propia, aunque a veces utilizó el nombre de Simón Carreño (incluso firmó algunos artículos con las siglas S. C. y poseía un pasaporte a nombre de Simón Carreño con el que entró en Guatemala) y durante bastante tiempo se desconoció de dónde era natural.[1]
Se había criado y formado, pues, en Cantabria, leyendo entre otras obras la Enciclopedia y transformándose en un afrancesado. Solo se asentó en Guatemala a finales de 1800 y trabajó en la secretaría de gobernación desde agosto de 1802. En la capital guatemalteca disfrutó de la protección del oidor Jacobo de Villaurrutia y del secretario del gobierno Alejandro Ramírez, futuro intendente de Puerto Rico y Cuba. No es, por tanto, como algunos pensaron, natural de Escuintla (Guatemala). Desde 1801 a 1807 fue redactor de la Gazeta de Guatemala[2] y la convirtió en uno de los más caracterizados periódicos ilustrados americanos. Con artículos como «Ensayo sobre la vida y costumbres de los naturales y pardos de América», con un «Apéndice sobre las necesidades y pasiones del hombre», su pluma fue precursora del periodismo político. En sus escritos sobre educación expuso sus ideas sociales avanzadas. Quiso persuadir de que las castas indígenas no eran diferentes de los blancos sino en la pigmentación de la piel y en su fortuna, y debían disfrutar de iguales derechos. Estas y otras ideas le granjearon la enemistad de muchos poderosos y fue denunciado en cinco ocasiones al Santo Oficio por posesión de libros prohibidos y por sus ideas liberales. En Guatemala seguía viviendo cuando publicó en 1808 sus poemas neoclásicos e ilustrados La vacuna, canto dirigido a los jóvenes y Silva de economía política.[3]
En el expediente que se le formó se transcriben hasta las glosas críticas a la monarquía española que puso en sus libros; eso bastó para que le despidieran de su cargo administrativo y se mudó a la más barata Escuintla. Para escapar a la soledad y a la tristeza se apegó a los libros, y nos dejó este testimonio:
Aunque joven y enfermo / sin cura ni esperanza / de ver restablecida / mi juventud lozana, / no esperes que me turbe / mi suerte desgraciada, / que ni yo pienso en ella, / ni es posible me abata. / Los libros, sí los libros, / a mí jamás me cansan; / me enseñan mis deberes, / corrígenme mis faltas. / Me divierten, me elevan / a las regiones altas, / y, elevado, me olvido / de las cosas humanas. / Entonces no me acuerdo / de las soberbias plazas, / ni espléndidos banquetes / por mi memoria pasan. / Olvídome del oro, / del teatro y las danzas, / de los ricos vestidos / y de esperanzas vanas. / Ni le temo a la envidia, / ni a cuantas acechanzas / al hombre poner puede / la soberbia ignorancia...[4]
No se casó nunca, aunque tuvo algún amorío, la Elvira de su lírica, tal vez la hija del Capitán general de Guatemala Antonio González Mollinedo y Saravia, de la cual se había enamorado, por lo cual, a causa de su diferencia de status social, el González le tomó una enorme ojeriza que al cabo valió más para su expulsión que la inquina y las frustradas denuncias del arzobispo Peñalver. En Escuintla, al caerse de un árbol, se le había formado una fístula incurable y había quedado cojo. Sus irreverencias, a veces publicadas con el anagrama Bañoger de Sagelliú provocaron la hostilidad de las autoridades.
Según Manuel Hernández González,[5] sus abundantes textos y poemas en folletos y en otros periódicos (por ejemplo, el Diario de México, que dirigía su amigo Jacobo de Villaurrutia, dominicano y antiguo oidor de la Audiencia de Guatemala) difundieron las ideas de la Ilustración y proyectaron un Liberalismo avanzado comprometido con la educación de la mujer y las reformas sociales, algo que confirma el historiador de la literatura guatemalteca David Vela.[6] Esto lo condujo a su persecución por parte del capitán general de Guatemala, que lo expulsó, y también por el de Cuba, y por el obispo de La Habana Juan José Díaz de Espada, que lo excomulgó por el artículo "Rasgo filosófico de Dorila" (1811), donde enfrentaba el machismo clerical. Incluso algunos escritos suyos de denuncia llegaron a figurar en el Índice de libros prohibidos de la Inquisición, algo que entonces se consideraba un baldón y es hoy en día un honor.
Fue fundador y redactor del Diario Cívico (1812). Su canto de cisne en la prensa fue como director-redactor de El Esquife (1813-1814).[7] Bergaño, al parecer, falleció en La Habana en 1819, aunque otros afirman que fue en 1828.
Obras
- Cuatro piezas poéticas, Guatemala: imprenta de Manuel Arévalo, 1803.
- Diversas publicaciones en La Gazeta de Guatemala (1803-1808)
- Delirios patrióticos, 1807.
- La vacuna, canto dirigido a los jóvenes, poema acompañado de Silva de economía política, Guatemala: imprenta de Ignacio Beteta, 1808.
- Proclama. Guatemala, Beteta, 1808-1809
- Reflexiones sobre la importancia de las funciones patrióticas, y los justos motivos con que los dependientes del Hospital Militar de San Ambrosio de La Habana, solemnizaron en él la colocación de el [sic] augusto retrato del Rey, nuestro señor, don Fernando VII. La Habana: Boloña, 1809.
- Manifiesto que publica uno de los Editores del Correo de las Damas, D. J. B... y V.., para sincerar su opinión vulnerada en la «Pastoral» impresa el 2 de septiembre contra el «Rasgo filosófico de Dorila», y la persona del autor. La Habana, Imp. de Pedro N. Palmer, 1811.
- Respuesta al público en orden a la disputa que seguia con el redactor del Diario Cívico, sobre el precepto de amar a nuestros enemigos, La Habana: Antonio J. Valdés, 1813.
- El desengañado; o sea, Despedida de la Corte y elogio de la vida del campo. Discurso. La Habana, Imp. Liberal, 1814.
- Poemas, pról. de César Brañas, Guatemala: Editorial Ministerio de Educación, 1959.
- Poemas, Guatemala: Tipografía Nacional, 2008 (es reimpresión de la anterior).