Ciudad de los pilares
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Iram la de las columnas o la de los pilares (árabe: إرَم ذات العماد, Iram ḏāt al-`imād), también conocida como Ubar, Aram, Iram, Irum, Irem, Erum o Wabar, es una ciudad perdida, en la península arábiga, que ocupa en el Corán un papel similar al de Sodoma y Gomorra en el Antiguo Testamento como ciudad maldita por Dios.[1]

En el Corán
El máximo libro del Islam contiene una mención a esta legendaria ciudad, señalándola como ciudad maldita y castigada por Alá:
¿No has visto cómo ha obrado tu Señor con los aditas, con Iram, la de las columnas, sin par en el país, con los tamudeos, que excavaron la roca en el valle, con Faraón el de las estacas, que se habían excedido en el país y que habían corrompido tanto en él? Tu Señor descargó sobre ellos el azote de un castigo.
Posible descubrimiento
Los probables restos de la ciudad de Ubar fueron descubiertos a principios de la década de 1990 por el arqueólogo aficionado Nicholas Clapp inspirado por el libro "Arabia Félix" publicado en 1932 por el investigador Inglés Bertram Thomas.
Clapp se basó en unos antiguos mapas del conocido geógrafo Claudio Ptolomeo en el año 200 d. C. y los comparó con unas rutas reveladas por los satélites de la NASA. Así fue como descubrió que los senderos mostrados en el mapa se correspondían con los señalados por los beduinos de la zona y con las imágenes de la NASA. Dichos senderos conducían a un amplio solar donde yacen las ruinas de una antigua ciudad conocida como Ubar.
Existen fuertes evidencias de que Iram de los Pilares forme parte de Ubar. En las excavaciones se encontraron antiguas torres que se corresponden con las descripciones de la ciudad mencionadas en el Corán, aunque esto es aún materia de debate. Su ubicación es en el territorio de la actual Omán.[2]
Desaparición
Al parecer la ciudad encontró su ruina debido a su gran desarrollo, puesto que estaba construida sobre un lago subterráneo que servía para el suministro de agua a la ciudad, y su gran crecimiento conllevó el vaciado del acuífero y la pérdida de la humedad en la arcilla colindante y finalmente su derrumbe, tragándose la mayor parte de la ciudad, aunque se han conservado parte de las grandes torres.