20 Mártires de Mar Saba

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Festividad 19 de marzo y 20 de marzo
Venerado en Pre-congregación
20 Mártires de Mar Saba
Información personal
Fallecimiento 797
la Gran Laura de Mar Saba, Palestina.
Información religiosa
Canonización Pre-congregación
Festividad 19 de marzo y 20 de marzo
Venerado en Pre-congregación

Los 20 Mártires de Mar Saba (en griego: Οι Είκοσι Άγιοι Μάρτυρες του Μαρ Σάμπα), también conocidos como Santos Veinte Monjes de San Sabas, fueron un grupo de monjes cristianos que murieron como santos mártires en el año 797, durante el saqueo de la Gran Laura de Mar Saba, un monasterio cristiano de Palestina, por parte de árabes musulmanes.[1] Se les conmemora el día 20 de marzo.[2]

Durante la última década del siglo VIII, Palestina y Transjordania fueron una zona de gran agitación, debido la guerra tribal entre Qais y Yaman de los años 793 y 795.

Durante y después de la guerra, la anarquía se extendió por Palestina.[3] Las principales carreteras de la zona quedaron intransitables debido a la presencia de bandas beduinas hostiles.

Las ciudades de Gaza, Bayt Jibrin, Ascalón en Yund Filastin y Sariphaea en Yund al-Urdunn habían sido destruidas en 788, o durante el reinado del patriarca Elías II (r. 770-797), durante las hostilidades entre los abasíes y una fuerza de rebeldes comandada por Yahya ibn Irmiya, un judío de Transjordania.[4]

Mientras tanto, diferentes tribus árabes que previamente habían intentando asaltar los monasterios cristianos del desierto de Judea, (lo cual había sido impedido por autoridades estatales abasíes), aprovecharon el vacío de poder y el caos del conflicto, para atacar varios de ellos, entre ellos los monasterios de San Ciríaco, San Teodosio, San Eutimio, San Caritón y Mar Saba.[3]

Martirio

Según la hagiografía cristiana, el 13 de marzo de 797,[3][2][5][6] dos grupos de beduinos rodearon el monasterio de Mar Saba.[7] Algunos monjes dudaron en abandonar el monasterio y refugiarse en ciudades como Jerusalén (cuyas defensas se habían reforzado),[8] pero finalmente decidieron quedarse:[9]

...«Si Cristo, con quien nos hemos casado y por quien moramos en este desierto, quisiera salvarnos de una mano bárbara y sin ley, él podría prevalecer sobre todas las cosas con facilidad. Pero si ordena que nos entreguemos para morir a sus manos, él lo permitiría, sabiendo que es mucho mejor y más exaltado. Por lo tanto, recibamos lo que nos confiere Dios y no volvamos, por temor a los bárbaros pecadores, al clamor del mundo, invitando la sospecha de todos de que sufrimos la más vergonzosa aflicción de la cobardía. Porque nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ha ordenado que no temamos a «los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma»....»

Imploraron a los atacantes que les dejaran en paz, y éstos les pidieron que entregaran sus riquezas.[10] Al responder que no poseían ninguna, fueron atacados con flechas, matando a 13 monjes[2] e hiriendo a otros, que fueron curados por el abad Tomás.[10] Los asaltantes procedieron a saquear las celdas e incendiar algunas ermitas, tras lo cual abandonaron el lugar.[11]

Una semana más tarde, un anciano monje trajo una carta desde el monasterio de San Eutimio,[12] donde se advertía que los asaltantes regresarían al día siguiente en mayor multitud.

El nuevo asalto tuvo lugar el 19[5] o 20 de marzo,[3] y los ermitaños intentaron ocultarse. Sergio, sacristán procedente de Damasco,[13] temiendo no poder soportar las torturas y revelar el lugar donde se escondía el cáliz eucarístico (la única cosa de valor del monasterio), huyó, pero fue capturado. Sus captores le ordenaron regresar, bajo amenaza de ser decapitado. Con valentía, ofreció su cuello a sus verdugos.[14] El padre Juan, el hospedero, fue golpeado salvajemente y arrastrado malherido hasta el atrio de la iglesia.[13]

Un grupo de 5 monjes se escondieron en una cueva estrecha, y cuando los agresores les hicieron salir, un monje llamado Patricio salió y se entregó en solitario, convenciendo a los asaltantes de que no había nadie más, salvándoles así la vida.[15]

Finalmente, Patricio y otros monjes fueron reunidos en una cueva y su entrada tapada con leña y otros combustibles, tras lo cual le prendieron fuego.[16] El humo fue asfixiando a los monjes, quienes en su agonía, eran sacados e interrogados nuevamente para intentar hacerles confesar sobre la ubicación de las riquezas que buscaban los asaltantes, pero los monjes sólo respondieron con oraciones.[17] Tras saquear todo lo que pudieron, abandonaron el lugar finalmente. De los monjes que fueron introducidos en la caverna, 18 murieron asfixiados por el humo.[18]

Veneración

Fuentes bibliográficas

Referencias

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