Abadía de Tart

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La abadía de Notre-Dame de Tart [1] o abadía de Tard,[2] ubicada en la antigua comuna de Tart-l'Abbaye en Borgoña, a orillas del río Ouche, cerca de la comuna de Genlis en Côte-d'Or, fue el primer monasterio femenino de la orden cisterciense. Durante una reforma de la orden en 1623, la comunidad bernardina se trasladó de Tart a un convento en la rue Sainte-Anne de Dijon, Côte-d'Or. Hoy en día, solo quedan unas pocas ruinas[a] en Tart de lo que fue la abadía madre de las bernardinas, fundada en 1132. El convento de la rue Sainte-Anne en Dijon alberga el Museo de la Vida Borgoñona Perrin de Puycousin, y la iglesia del monasterio alberga el Museo de Arte Sacro de Dijon.

Tomado de: Histoire des ordre religieux et militaires de Pierre Hélyot, 1792.

La primera traza escrita llegada hasta nuestros días y que menciona la abadía de Tart, la primera casa femenina de la orden cisterciense, es el acta fundacional fechada en 1132, aunque puede que se fundara incluso antes.[b][3]

Este documento menciona que Arnoul Cornu, señor de Tart-le-Haut y vasallo de los señores de Vergy, junto con su esposa Émeline, donó a la abadía la propiedad de Tart, los diezmos de Rouvres, los de Tart-la-Ville y la granja de Marmot. También menciona tres donaciones anteriores en el 10 de octubre de 1125, fecha de la dimisión del obispo de Langres Joceran de Brancion.

Mapa de las abadías cistercienses de Borgoña – por definición moderna. En la Edad Media, Sens pertenecía a Champaña y su archidiócesis incluía Île-de-France, pero también la diócesis de Auxerre.

Este documento representa la culminación de una serie de acuerdos concluidos entre los obispos de Langres, Joceran de Brancion y Vilain d'Aigremont, la familia del duque Hugo II de Borgoña, el cabildo de la catedral de Langres, el señor de Vergy y Esteban Harding, tercer abad de Císter; todos ellos figuras prominentes de la época. El hecho de que la abadesa y la priora figuren como testigos en el documento lleva a los historiadores a creer que la comunidad religiosa debió de haberse constituido antes de la firma del acta. Por lo tanto, probablemente fue entre 1120 y 1125 cuando se fundó gradualmente la abadía. Su construcción se completó bajo el mandato de Vilain d'Aigremont, obispo de Langres.

Quizás elegida por sus hermanas o, más probablemente, nombrada por Esteban Harding, Elisabeth de Vergy, viuda de Humbert de Mailly, señor de Fauverney,[4][5] hija de Savary de Donzy, conde de Chalon-sur-Saône, de la poderosa Casa de Vergy, y de Elisabeth de Vergy, gran benefactora de Císter, fue la primera abadesa de Tart. Tras llegar de la abadía de Jully-les-Nonnains,[c] donde completó su noviciado con la priora Marie, permaneció al frente del monasterio de Tart durante cuarenta años.

El papa Eugenio III puso la abadía bajo su protección mediante una bula en el año 1147, la cual fue confirmado por sus sucesores.

La constitución del dominio

Aunque Claude Chapuis[6] señala «que los donantes habituales de las órdenes religiosas no se apresuraron» y que Jean-François Bazin,[7] al observar que las gentes de la Iglesia contaban muy poco entre los benefactores, aportó este comentario: «¿es decir que [la gente del pueblo y la gente de la Iglesia] consideraban las oraciones de las mujeres menos eficaces que las de los hombres para alcanzar la felicidad eterna?», la familia ducal y algunos otros generosos donantes proporcionaron un sostén que permitió constituirse a la abadía con un dominio compuesto principalmente por tierras y viñedos, que le diera la asistencia material suficiente para asegurar su perennidad desde su fundación.[8]

Como buenas administradoras, y con el objetivo de poseer activos que les permitieran vivir de forma autosuficiente, los «Damas de Tart»[d] ampliaron su dominio cuando se presentaba la ocasión de adquirir tierras, prados, bosques y viñedos. Entre las adquisiciones y permutas que realizaron se encuentra el Clos-de-Tart en 1141, una finca vinícola que en aquel entonces contaba con cinco hectáreas de viñedos en la Côte y que pertenecía a los Hospitalarios de Brochon.[9] También poseían viñedos en Beaune, Chambolle, Morey, Chézeaux y Vosne-Romanée.

Parte de la producción de sus viñedos estaba destinada al consumo de las monjas, la otra parte se reservaba para la venta. Su vino, «vino blanco, en lo esencia, ácido y de color verde, de baja graduación, facilitaba la digestión de carnes asadas y de caza consumída entonces por los ricos. Estos vinos, que no tenían sin duda más de 6° o 7° no se conservaban mucho tiempo y eran difíciles de transportar.[10] Los recursos del vino de Côte, las verduras, los cereales, la leche y la carne de sus propiedades en la región de Tart, el molino que poseían en el Ouche y la sal de Franco-Condado que recibían de Salins les proporcionaban a las «Damas de Tart» una perfecta autonomía.

Al final del siglo XIII, época en que las donaciones escasearon hasta desaparecer por completo, y sin haber mostrado avaricia inmobiliaria alguna, las Damas de Tart, poseedoras de un vasto patrimonio administrado con ingenio, podían mirar al futuro con serenidad. Luego llegaron la Guerra de los Cien Años, las Grandes Compañías y los Desolladores. La sucesión de epidemias, calamidades y desolación dio paso a una era de penurias: continuaron durante toda la primera mitad del siglo XIV conectando entonces con las Guerras de Religión.

Vida espiritual en la abadía

Sello de la Abadía de Tart.

La Regla de San Benito, escrita por Benito de Nursia en el VI, si bien severo con la naturaleza femenina, se vivió con rigor. La Carta de la Caridad y la Unanimidad (Carta Caritatis) regía la vida religiosa de la abadía. El silencio, las oraciones, las meditaciones y el trabajo manual marcaban el ritmo de la vida diaria de las monjas. Para las labores en los campos y viñedos, demasiado exigentes para las mujeres, las monjas recibían ayuda de hermanos conversos (legos) del monasterio de Císter. La ayuda recibida de la casa madre, demasiado moderada, las obligaba a depender de los servicios de jornaleros.

Por decisión del papa Bonifacio VIII,[3] la tutela de Císter, situada a tan solo tres leguas de distancia, era muy fuerte. Ambas comunidades vivían bajo la dirección espiritual del mismo abad. El abad de Císter era responsable de la observancia de la regla y de la vida monástica en la abadía de Tart. La abadesa, en aquel entonces, no era elegida, sino nombrada por el abad de Císter, quien también tenía derecho a visitarla y podía relevarla de sus funciones.

El rigor monástico que guiaba la vida espiritual de las religiosas a lo largo del primer siglo desde su fundación contribuyó al auténtico prestigio moral que les beneficiaba. De este modo, la Abadía de Tart se convirtió en la casa madre de la rama femenina de la orden cisterciense y contaba con dieciocho abadías filiales.

Arquitectura y descripción

Madre de dieciocho monasterios

Santa María de Tart es una casa filial de la Abadía de Císter. Al igual que la abadía, estableció casas filiales, y estas pertenecen legítimamente a la administración de Císter. Las abadías filiales se mencionan en la carta de Guy de Paray, abad de Císter (1194-1200), alrededor de 1196, y en la bula de Inocencio III (Debet praesidium, 12 de junio de 1200). Así que, por lo tanto, fundaronn:

  • En Champaña :
  • En el Franco Condado:
    • Abadía de Ounans,[g] fundada antes de 1142 y transferida a Dole después de 1520.
    • Abadía de Colonges [h] fundada en 1139, fusionada en 1622 con Ounans y luego transferida a Dole.
    • Abadía de Corcelles[i] fundada alrededor de 1160, fusionada con Ounans en 1609.
    • Abadía de Montarlot,[j] fundada antes de 1174, suprimida en 1393 y unida al vecino monasterio de Bellevaux de hombre.
  • En Borgoña:
    • La abadía de Lieu-Dieu fue fundada alrededor de 1180.
    • La abadía de Molaise fue fundada entre 1168 y 1178 .
  • En otras provincias:
    • Abadía de Bussières en la diócesis de Bourges [k] fundada alrededor de 1159.
    • Abadía de Montreuil-les-Dames (diócesis de Laon) fundada en 1136.
    • Abadía de Fabas en Midi-Pyrénées, diócesis de Toulouse, fundada antes de 1150.
    • Abadía de Éclache en Auvernia, fundada antes de 1159.
    • Abadía de Rieunette en Languedoc, fundada entre 1160 y 1178.
    • Abadía de Étanche, en los Vosgos, fundada en 1148 por Adelaida de Lorena, una monja de Tart que pidió a su hijo, el duque Mateo I, que donara sus tierras para establecer este monasterio donde más tarde se retiró a vivir como una simple monja.
    • Abadía de Droiteval fue fundada entre 1128 y 1140.

Según lo exige la organización de la orden, la abadesa debe visitar, en nombre del abad de Císter, que le delega su autoridad, las abadías hijas.

La reforma

A finales del siglo XIII dio paso a una era trágica que duró hasta las Guerras de Religión a finales del siglo XVI. Este largo período de incertidumbre, guerras, miseria y excesos de todo tipo propicia el abandono de la disciplina, la laxitud y los abusos que se arraigan dentro del monasterio.[3]

La abadía dio refugio a hijas de familias nobles, viudas, cuyo espíritu, muy alejado del rigor de la regla, las convirtió en monjas sin vocación.[3] Las monjas se dejaron corromper. «Lejos de huir del comercio de los seglares, las monjas lo buscaron. Fueron tan visitadas que la abadía se convirtió en poco más que en un lugar de paso o como una posada, nunca escasa de gente. Hombres, mujeres, todos allí eran recibidos sin distinción; la soledad y la oración mental eran aborrecidas; la gente bailaba y jugaba allí», se indignaba el padre Dom Edme-Bernard Bourée en su Vie de Madame de Pourlan.[12]

La vida escandalosa y disoluta que allí se llevaba provoca inútiles protestas de los obispos y del papa. El fervor que antes había sostenido a las monjas se apaga, y el monasterio entra en decadencia.

Un decreto del Concilio de Trento reformó las abadías, enfatizó el papel del enclaustramiento e invitó a las monjas a abandonar las zonas rurales inseguras para refugiarse bajo las murallas de la ciudad,[3] como la cercana Dijon. Además de un edicto real de 1606, los capítulos generales de la orden cisterciense también deseaban devolver a la orden la pureza de la regla original e intentaron organizar la «estricta observancia».[3] Para la abadía de Tart, el movimiento de reforma se afianzó y aceleró bajo el impulso de tres autoridades: monseñor Sébastien Zamet, obispo de Langres (Dijon solo se convirtió en obispado en 1731 por la desmembración de la diócesis de Langres),[13] Nicolas Boucherat, abad de Císter, y Jeanne-Françoise de Courcelles de Pourlan, abadesa de Tart.[3]

Jeanne de Courcelles de Pourlan, reformadora de Tart

El claustro del convento bernardino.

Jeanne-Françoise de Courcelles de Pourlan, hija del barón de Pourlan, nacida en 1591, ingresó en la abadía de Tart a los siete u ocho años para su educación y la abandonó poco después. Atraída por la vida monástica, tomó el hábito a los quince años. En 1617, unos diez años más tarde, regresó a la abadía de Tart como abadesa. Sintió de inmediato la necesidad de reinstaurar la Regla de San Benito y tomó medidas para reforzar la disciplina dentro del monasterio. Las monjas, en general, opusieron una gran resistencia, y el asunto resultó difícil. Para estas monjas, «reforma» de hecho, significó reforma de sus vidas, un aislamiento más estricto y una vestimenta que se ajustara a la regla: adoptar un estado de vida que no eligieron cuando ingresaron al convento y que les resultaba repugnante.

Al igual que otros obispos borgoñones, el obispo Sébastien Zamet de Langres[14] también se dedicó a la reforma.[l] Cuando fue a Tart en febrero de 1623, encontró en Dijon a cinco monjas y dos novicias dispuestas a abrazar la reforma. Organizó su traslado, que el abad de Císter había aprobado en el Capítulo General. El traslado de las monjas a Dijon tuvo lugar el 24 de mayo de 1623; encuentran alojamiento temporal y muy precario, en la Visitation, entonces en la rue du Verbois, que ahora es la rue Verrerie.[3]

Las bernardinas en Dijon

La fachada de la iglesia de Santa Ana.

Para permitir su instalación permanente, entre 1624 y 1632, el obispo de Langres, Sébastien Zamet, adquirió los terrenos en la Rue des Crais —actualmente Rue Sainte-Anne— necesarios para la construcción de los edificios destinados a albergar las celdas, el refectorio y la capilla. En 1636, las tropas de Matías Gallas, durante su devastadora incursión en Borgoña en el marco de la Guerra de los Treinta Años, saquearon la abadía de Tart, que quedó completamente destruida a excepción de una capilla situada al final del huerto, en el lado oriental. El saqueo de la abadía de Tart privó durante un largo periodo a las «Damas de Tarta» de recursos financieros, obligándoles a poner fin a cualquier idea de mejorar sus instalaciones en Dijon.

Madame de Pourlan, que tomó el nombre de Sor Juana de San José, se puso bajo la jurisdicción del obispo de Langres tras la elección de Pierre Nivelle (opuesto a la Reforma y sucesor de Nicolas Boucherat) como abad de Císter, una decisión ratificada por el papa Urbano VIII el 27 de mayo de 1627. Hizo igualmente que se modificara la regla para la designación de la abadesa; esta ahora es elegida cada tres años por las monjas.[3]

Sébastien Zamet, que contribuyó a la fundación de las monjas de la Abadía de Port-Royal en París y a su reforma, concibió el proyecto de unir las abadías de Tart y Port-Royal para que vivieran de la misma manera y según las mismas constituciones, dedicadas al servicio del Santísimo Sacramento.[3] Con la Abadía de Lys, formaron una asociación e intercambiaron monjas. Agnès Arnauld llegó a Dijon en noviembre de 1629, y la Madre Jeanne de Saint-Joseph partió en enero de 1630 hacia la Abadía de Port-Royal. Poco después de su llegada al monasterio de Port-Royal, Juana de San José fue elegida priora y maestra de novicias. Regresó a Dijon el 8 de septiembre de 1635 donde, tras su elección, recuperó su título de abadesa. Murió a la edad de 60 años el 8 de mayo de 1651.[15]

Este posible acercamiento entre las abadías de Port-Royal y Tart es un episodio importante en la vida del catolicismo francés bajo el reinado de Luis XIII, estando parcialmente en el origen de lo que se convertiría en jansenismo.[16]

La adquisición de nuevas tierras se concretó en el año 1666. Este incremento les permitió consolidar la propiedad en un solo bloque y completar el desarrollo del monasterio creando un huerto de 360 árboles frutales, un huerto de hortalizas y construyendo varias dependencias organizadas entre patio y jardín.

El convento de Dijon cobraba cada vez más importancia. En 1679, la abadesa Claire Messie de Saint-Antoine mandó construir dos edificios, a los que pronto se añadió una tercera ala. Las monjas, que rezaban en una capilla, concibieron la idea de construir su propia iglesia. Le encargaron los planos a un hermano de la congregación del Oratorio, Louis Trestournel.

El proyecto elegido está diseñado utilizando fórmulas barrocas italianas, inspiradas en la iglesia de Val-de-Grâce en París. La gran nave circular está coronada por una cúpula de treinta y ocho metros de altura en la clave. Su construcción se extendió desde 1699 hasta 1708. En 1710, la iglesia fue consagrada y dedicada a la Asunción de la Virgen y a San Esteban Harding, fundador de esta comunidad.

El fin del convento de Dijon durante la Revolución y sus usos posteriores

El ábside de la iglesia de Santa Ana.

En vísperas de la Revolución Francesa, la comunidad demostró una gran vitalidad. Todavía contaba con veinticuatro monjas, incluidas las novicias, además de tres hermanas laicas, cuatro hermanas laicas, una vigilante nocturna, un panadero y dos cocineras.

El 2 de noviembre de 1789 los bienes de las congregaciones religiosas se ponen a disposición del Estado y el 13 de febrero de 1790 se abolieron las órdenes con votos solemnes.

EL12 de abril de 1791 el ayuntamiento de Dijon clausuró el convento. En agosto de 1792, las monjas fueron expulsadas por la fuerza pública. Los revolucionarios recaudaron 126 000 libras con la venta de las propiedades de las monjas bernardinas. Su destino se tornó funesto; viven en la pobreza, atormentadas por el recuerdo de su vida de clausura y fieles a los votos que hicieron. Las más afortunadas son acogidas por familiares o amigos.

El convento de Dijon ha tenido una historia variada. Transformado por la Revolución en un depósito de pinturas y esculturas procedentes de otras iglesias, más tarde se convirtió en cuartel para prisioneros de guerra y después en templo para los teofilantropos, quienes lo inauguraron el 18 de febrero de 1798 Finalmente se compró el 3 de mayo de 1803 por la ciudad de Dijon con el objetivo de convertirlo en el hospicio Sainte-Anne, un orfanato para niñas que abrió sus puertas el 25 de diciembre de 1803.

Posteriormente transformada en escuela de enfermería, ahora alberga el Museo de la vida borgoñona Perrin de Puycousin. La iglesia del monasterio, que adoptó el nombre de iglesia de Sainte-Anne, alberga el Museo de Arte Sacro de Dijon desde 1979.

Abadesas

Juana IV de La Faye.
  • 1125-1163: Isabel I de Donzy de Vergy.
  • 1163-1164: Alide.
  • 1164-1180: Catalina I.
  • 1180-1204: Isabel II.
  • 1204-1210: Beatriz.
  • 1210-1246: Adeline de Fontaines.
  • 1246-1263: Guillemette.
  • 1263-1290: Isabel III de Chaulet de Pontaillé.
  • 1290-1296: Isabelle I.
  • 1296-1313: Juana I.
  • 1313-1342: Inés I de Chaudenay.
  • 1342-1363: Catalina II de Pontailler. Es hija de Guillermo, señor de Pontailler y vizconde de Dijon, y de Alix de Mailly-sur-Saône.
  • 1363-13??: Isabel II de Orrières.
  • 13??-1393: Juana II de Saint-Rémy.
  • 1393-1407: Catalina III de Marey.
  • 1407-1423: Margarita I de Marey.
  • 1423-1467: Juana III de Courcelles de Pourlant.
  • 1467-1495: Catalina IV de Trodedant.
  • 1495-1527: Juana IV de La Faye.
  • 1527-1542: Catalina V de Chissey.
  • 1542-1575: Margarita II de Chissey.
  • 1575-1607: Claudina I de La Tournelle.[17]
  • 1607-1618: Ana I de Boisset.
  • 1618-1629: Jeanne V Françoise de Courcelles de Pourlant, en religión Sor Jeanne de Saint-Joseph.
  • 1629-1632: María I de Toulouse.[18]
  • 1632-1637: Agnès II Arnauld de La Mothe-Villeneuve d'Andilly.
  • 1637-1643: Juana V Françoise de Courcelles de Pourlant.
  • 1643-1646: Marthe de La Tournelle.
  • 1646-1651: Juana V Françoise de Courcelles de Pourlant.
  • 1651-1656: María II Meunier.
  • 1656-1659: Madeleine de Militin de Layet.
  • 1659-1665: Christine d'Arvisenet.
  • 1665-1671: Catalina VI Courtot.
  • 1671-1675: Christine d'Arvisenet.
  • 1675-1683: Claire Messié de Saint-Antoine.
  • 1683-1687: Catalina VI Courtot.
  • 1687-1694: Claudina II Fevret de Saint-Mesmin.
  • 1694-1700: Ana II Aimée de La Michodière.
  • 1700-1707: Dorothée-Vivande Quarré d'Aligny de Châteauregnault.[19]
  • 1707-1713: Claudina II Fevret de Saint-Mesmin.
  • 1713-1719: Dorothée-Vivande Quarré d'Aligny de Châteauregnault.
  • 1719-1725: Claudina II Fevret de Saint-Mesmin.
  • 1725-1731: Ana III Françoise Tisserand.
  • 1731-1790: Claudina III Françoise-Michèle Gagne de Perrigny.

Fuente Gallia Christiana

Religiosas conocidas

  • Después de 1138 - Adelaida de Lovaina, (fallecida en 1158), hija de Enrique III, conde de Lovaina y Gertrudis de Flandes, y viuda de Simón I, duque de Lorena (c. 1096-1138),[20] monja.
  • En XII duodécimo siglo, Agathe y Bertha de Lorena, hijas de las anteriores,[21] monjas.
  • Hacia 1142 - Adeline, monja, luego abadesa de Poulangy en 1157, y pariente de San Bernardo. (¿Es ella hija de Guy de Châtillon-sur-Seine, señor de Fontaines-les-Dijon y hermana de Elisabeth, señora de Fontaine-les-Dijon, esposa de Barthélemy de Sombernon?[22]
  • En 1357 - Agnes de Latrecey,[23] monja.
  • Guiotte de Marey, quien murió después del 19 de enero de 1390,[24] monja.
  • Margarita de Marey, hermana menor de la anterior,[25] monja y luego abadesa en 1407.
  • Claude de La Tournelle, novicio en Tart, falleció el9 juin 1618.[26]
  • Hacia 1623: Juana de La Tournelle, monja y luego coadjutora de la abadesa Juana de Pourlans.
  • Hacia 1623 - Anne de Boisselet (antigua abadesa de Tart), Nicole de La Tournelle (1601-1632), las hermanas Coutier, de Lugny, de Maizières, de Hugon, de La Gandrie, Marie de Toulorge o Thoulorge (futura abadesa en 1629), Marguerite de Boisselet, Françoise de Longueval, Lucrèce de Mélitin de Lagot, Marguerite de Coraille, Marguerite Dugon, Guillemette Belrien, Catherine de Grantrye y Madeleine Chevalier, entre otras,[27] [28] todas monjas.
  • Hacia 1749 - Antoinette-Geneviève Quarré d'Aligny de Jully, nacida el 12 de abril de 1730.[29]

Notas

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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