Abchanchu
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| Abchanchu | ||
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Ilustración del abchanchu con dos de sus hipotéticas transformaciones | ||
| Datos | ||
| Otros nombres | Anchanchu, anchancho | |
| País | Bolivia | |
| Criaturas similares | Kari kari | |
El abchanchu, anchanchu o anchancho es un ser mitológico de los Andes, particularmente de la región aymara de Bolivia.[1][2][3] Según algunos especialistas, el anchanchu es el ser maligno más temido por los aymaras.[4]
El anchanchu vive en cuevas y grutas del altiplano y suele desplazarse por caminos solitarios o senderos de montaña durante la noche, creando a su paso vientos arremolinados. Según algunas versiones, se disfraza de anciano o persona muy amable necesitada de auxilio, valiéndose así de la compasión humana para alimentarse de la sangre de quienes le prestan ayuda. Según otras versiones, el anchanchu se presenta como un hombre pequeño, sonrosado, calvo, barrigón y con un enorme pene, con mucho apetito sexual y glotonería. Vestido con lujos, es capaz de metamorfosearse en una chola hermosa, adinerada y llena de joyas e incluso en una mujer extranjera desnuda y voluptuosa. En el primer caso, el anchanchu se vale de la compasión humana para alimentarse; en el segundo, su arma sería la seducción, al estilo de los vampiros europeos.[5]
Quienes son atacados por el anchanchu mueren por pérdida de sangre o con enfermedades extrañas después de "haber sido vistos por el anchanchu" (Anchanchun uñkata).[6] Según la tradición, es importante tratar a las víctimas del anchanchu rápidamente con la ayuda de yatiris quienes arman una ofrenda, denominada ch'iyara misa, compuesta por elementos que parecen desperdicios secos y duros de comida que se asemejan a heces, dado que los anchanchus se alimentan de sus propios excrementos. En caso de que el anchanchu no quedara satisfecho con esta ofrenda, la muerte sería inminente, dado que el anchanchu terminaría por alimentarse de la fuerza vital que reside en el corazón.[7]
El anchanchu es conocido como "aquel que come con ira", dada su predilección por la sangre. También se lo relaciona con el Ekeko, de quien se dice es hermanastro.[5]
Contexto cultural
La leyenda del anchanchu forma parte de una tradición andina más amplia sobre espíritus y monstruos asociados con los viajes y el aislamiento.[8] En las comunidades rurales, funciona como una advertencia sobre los peligros de ayudar a desconocidos y de caminar solos. En palabras del amauta Juan Carlos Ballón:
Hay que simular que uno va acompañado, porque utilizan cualquier artimaña para engañar y quitar esa energía. No hay que temerle, aunque el momento es pone tenso: ‘no molestes, ándate', hay que decirle.[8]
En ese sentido, se dice que el anchanchu encarna el miedo a tener confianza cuando no se debería, algo que se conecta con las tradiciones vampíricas globales.[9]