Acción individual contra el cambio climático
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La acción individual contra el cambio climático es el conjunto de medidas que puede tomar cada persona para contribuir a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Estas acciones pueden incluir decisiones personales en muchos ámbitos, como la dieta, los medios de transporte utilizados, el uso de la energía en el hogar, el consumo de bienes y servicios, y otras acciones más controvertidas como el tamaño de la familia. Otro tipo de acciones incluyen contribuir al cambio estructural a través del activismo y realizar donaciones a organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas a crear el máximo impacto posible.
Los límites de las emisiones son inciertos, pero se estima que la huella de carbono anual necesaria por persona para cumplir el Acuerdo de París debería ser de alrededor de 2 toneladas.[2]
En comparación, en 2019 las emisiones medias de una persona residente en Estados Unidos fueron de 16 toneladas al año, en España 5,4 toneladas, en Argentina 4 toneladas y en México 3,4.[3]
Acciones
El discurso público sobre la reducción de la huella de carbono se ha centrado frecuentemente en los comportamientos de bajo impacto, y a fecha de 2017, la mención de acciones individuales de alto impacto era casi inexistente en los principales medios de comunicación y en las publicaciones gubernamentales.[1][4]
Las acciones se pueden dividir en dos categorías, según los plazos en los que el impacto se produce.
- Impacto a corto plazo
- Impacto a medio y largo plazo
Esta diferenciación es importante, ya que se estima que al ritmo de emisiones actual, se llegará al límite de emisiones para no sobrepasar los 1,5 grados centígrados de calentamiento global en el 2028 y al límite de los 2 °C en el 2045.[5]
Acciones con impacto a corto plazo
Según varios estudios, se pueden tomar algunas acciones individuales que tienen mucho mayor impacto a corto plazo que otras.[1]
Evitar viajar en avión
Solo un 5 y un 10 % de la población mundial viaja en avión en un año determinado.[6] Debido a la baja proporción de población que utiliza este medio de transporte, las emisiones de la aviación a nivel mundial representan únicamente el 2.5% del total de las emisiones de CO2.[7]
Sin embargo, a nivel individual viajar en avión es una de la acciones que conlleva más emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que para los viajeros evitar los vuelos es una de la acciones con mayor impacto que se puede tomar. Por ejemplo, se estima que evitar un vuelo transatlántico de ida y vuelta supone un ahorro de 1,6 toneladas de CO2e.[1]
Vivir sin coche
Se estima que pasar de tener un coche de gasolina a vivir sin coche supone de media evitar la emisión de 2,4 toneladas de CO2e a la atmósfera cada año.[1]
Cambiar de un coche de gasolina a uno eléctrico supone evitar la emisión de una tonelada, pasando de 2,4 a 1,4 toneladas de CO2e al año.[8]
Recorrer 1000 km en coche con combustible fósil supone de media unas emisiones de 250 kg CO2e.[9]
Alimentarse con una dieta basada en plantas

Las actividades ganaderas para la producción de carne y productos lácteos suponen el 14.5% de las emisiones globales de CO2e.[10] Esto es debido a varios factores, incluyendo las emisiones de metano de los animales rumiantes durante a la digestión, la ineficiencia en el uso del terreno, al ocupar la ganadería casi el 80% de la superficie agrícola mundial, pero producir menos del 20% del suministro mundial de calorías, y las emisiones por la deforestación causada para usos ganaderos.[11]
Por todo ello, una alimentación basada en plantas supone una reducción anual de emisiones de CO2e de 0,8 toneladas.[1]
Según un análisis de The Good Food Institute la carne cultivada directamente a partir de células podría provocar hasta un 92% menos de calentamiento global y un 93% menos de contaminación atmosférica en comparación con la carne de vacuno convencional.[12]
Cambiar a una tarifa de electricidad 100% renovable
La generación de energía eléctrica produce a nivel global el 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero.[13]
Se estima que cambiar a una tarifa con electricidad 100% renovable puede suponer un ahorro de hasta 2,5 toneladas al año.[1]
Cambiar a un banco ético
Actividades como la extracción y el refinamiento de combustibles fósiles o la tala de selvas tropicales para uso ganadero necesitan grandes inversiones iniciales. Estas inversiones las conceden entidades financieras como bancos.
Según algunos estudios, entre 2016 y 2018 los bancos invirtieron a nivel global 1,9 billones de dólares en combustibles fósiles.[14]
Cambiando de un banco normal a uno ético se consigue que las inversiones se dirijan a otras actividades que no contribuyen al cambio climático.[15]
