Acid Western
From Wikipedia, the free encyclopedia
El Acid Western (lit. Wéstern ácido) es un subgénero del Wéstern que emergió en los años 1960 y 1970 el cual combina las ambiciones metafóricas de Wésterns aclamados por la crítica tales como Shane o The Searchers, con los excesos del spaghetti western y con la perspectiva de la contracultura de los años 60, así como con el aumento en el consumo de drogas ilícitas como la marihuana o el LSD. Los Acid Westerns subvierten muchas de las convenciones establecidas en Wésterns anteriores para «evocar una versión delirante de los autodestructivos Estados Unidos blancos en su máxima expresión solipsista, anhelando sus propios orígenes ya perdidos».[1]
En la jerga estadounidense, la palabra ácido se usa para referirse al LSD (ácido lisérgico), sustancia recreativa ilegal. El término Acid Western fue mencionado por primera vez, de manera peyorativa, por la crítica Pauline Kael, en una reseña de la película El Topo de Alejandro Jodorowsky, reseña publicada en la edición de noviembre de 1971 de la revista The New Yorker.[2]Entre diciembre de 1970 y junio de 1971, El Topo era proyectada sin publicidad alguna en funciones de medianoche en el Teatro Elgin de la ciudad de Nueva York, para darle a las audiencias un sentido de «autodescubrimiento», audiencias que a menudo estaban bajo la influencia de sustancias psicodélicas en busca del choque de la violencia y el sexo y de las secuencias saturadas de simbolismos y un estilo aberrante.[3]
La idea fue elaborada luego por el crítico Jonathan Rosenbaum en su análisis de la película de Jim Jarmusch, Dead Man, publicada en el Chicago Reader en junio de 1996. Rosenbaum expandió la idea del concepto en una posterior entrevista con Jarmusch para Cineaste y más tarde para el libro Dead Man para la serie BFI Modern Classics.
En el libro, Rosenbaum destaca gran cantidad de aspectos de este Wéstern re-revisionista: desde la cautivadora banda sonora compuesta por Neil Young, pasando por el rol del tabaco, la actuación de Johnny Depp, hasta la localización de la cinta en el género del acid-western en la película. En el capítulo «On the Acid Western», Rosenbaum aborda no sólo la calidad alucinógena del ritmo de la película y su representación de la realidad, sino que también afirma que la película hereda una sensibilidad artística y política derivada de la contracultura de la década de los años 60, la cual critica y trata de reemplazar el capitalismo con modelos alternativos de comercio e intercambio.[4]
Los wésterns clásicos o tradicionales de las décadas de 1930 a 1950 establecieron una serie de elementos estilísticos que se habrían de convertir en elementos básicos del género. Sin embargo, a partir de la década de 1950, varios de estos elementos serían subvertidos, dando como resultado el wéstern revisionista o crepuscular. Además, a partir de la década de 1960 se evidenció un mayor interés entre las audiencias y en la crítica hacia un cine más realista y adulto, llevando a una hibridación en la mayoría de géneros de elementos canónicos y no canónicos que condujo a la creación de nuevos géneros y subgéneros, como el neowéstern o el acid wéstern. En su revisión del género, en la cual comparó varias películas categorizadas como acid wésterns, Bueno Lisboa encontró que son más las diferencias que las similitudes entre ellas,[5]si bien se podía hablar de algunas características comunes, entre las que destaca la colisión entre la contracultura de finales de la década de los 1960 y películas reaccionarias que intentaban apropiarse de y resignificar tanto el Viejo Oeste histórico como el imaginario. Por ejemplo, mientras que en el Wéstern tradicional el camino hacia el oeste es visto como una vía hacia la liberación y el progreso, en los Acid Westerns es al contrario, el camino es hacia la muerte, y la sociedad se convierte en un elemento espeluznante y de pesadilla (como ocurre en Dead Man).